Investigadores y autoridades relevan la mortandad de crías de ballena franca austral en las costas de Chubut. Los primeros datos de la temporada 2026 indican cifras que podrían superar el récord de 2012, cuando se contabilizaron 113 ballenatos muertos. Se analiza la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae y las condiciones ambientales de los golfos Nuevo y San José.
Durante la temporada 2026 en las costas de Chubut se registró una cantidad inusualmente elevada de ballenatos de ballena franca austral muertos. Investigadores y autoridades realizan nuevos relevamientos para establecer cuántos ejemplares murieron y qué factores podrían estar relacionados con el fenómeno.
Los primeros animales fueron encontrados desde junio y durante septiembre aparecieron nuevas crías sin vida. El número definitivo todavía no está cerrado, debido a que los equipos continúan identificando ejemplares para evitar contabilizar dos veces al mismo animal.
La situación tomó especial relevancia por un antecedente registrado en 2012, cuando se contabilizaron 113 ballenatos muertos, la cifra más alta documentada hasta ese momento para esta población. Los registros preliminares de 2026 podrían superar ese número, aunque todavía no fue confirmado.
Cuántos animales fueron registrados
Además de establecer la cantidad de muertes, los investigadores buscan determinar cuántos ballenatos nacieron durante esta temporada. Ese dato resulta necesario para calcular qué proporción de las crías murió y evaluar si se trata de una situación excepcional o de una variación dentro de la dinámica natural de la población.
El 6 de septiembre, investigadores del CESIMAR-CONICET realizaron el primer censo aéreo de la temporada. En ese relevamiento contabilizaron 1.375 ballenas francas australes, de las cuales 409 eran crías.
La cifra fue menor a los 2.110 ejemplares registrados en 2025. Sin embargo, los especialistas advierten que ambos resultados no pueden compararse de manera aislada, debido a que la fecha del censo y la ubicación de las ballenas dentro de los golfos pueden modificar el número observado.
Para el equipo del LAMAMA, el registro de 2026 se encuentra dentro de los valores esperables para una población que presenta fluctuaciones naturales entre temporadas.
Una de las hipótesis bajo la lupa
Entre las líneas de investigación aparece la bacteria Erysipelothrix rhusiopathiae, un microorganismo que puede encontrarse en diferentes animales y ambientes marinos y que puede provocar enfermedades en cetáceos.
La Secretaría de Ambiente de Chubut informó que se analiza si esta bacteria podría estar relacionada con una afección sistémica en los ballenatos encontrados muertos.
Sin embargo, la presencia del microorganismo no permite afirmar que haya sido la causa de las muertes. Los investigadores deben determinar si existe una relación entre esa bacteria y la mortandad registrada durante la actual temporada.
El microorganismo ya había sido detectado en investigaciones anteriores. Un estudio publicado en 2016 encontró Erysipelothrix rhusiopathiae en lesiones relacionadas con ataques de gaviotas en dos ballenatos examinados durante la temporada 2013. Aquella investigación no estableció que la bacteria hubiera provocado la muerte de los animales.
También estudian el ambiente
El análisis incluye además las condiciones ambientales de los golfos Nuevo y San José. El Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) considera necesario estudiar tanto los animales muertos como las características del ambiente en el que se produjo la mortandad.
Los equipos analizan las muestras obtenidas de los ejemplares, su ubicación, las condiciones ambientales y la evolución del fenómeno durante la temporada. El objetivo es determinar si existe algún factor relacionado con la supervivencia o el estado sanitario de las crías.
Hasta el momento, desde el Gobierno provincial informaron que no se identificaron evidencias que permitan atribuir la mortandad a factores vinculados con la actividad humana.
El antecedente de 2022
La investigación también contempla antecedentes ocurridos en la zona. En 2022 murieron 30 ballenas francas australes en el Golfo Nuevo durante un fenómeno de floración algal nociva conocido como “marea roja”.
Los estudios posteriores detectaron toxinas asociadas a microalgas y analizaron su circulación a través de la cadena alimentaria marina. Sin embargo, no existen elementos que permitan afirmar que la situación actual tenga la misma causa.
El ICB lleva adelante actualmente su 56ª temporada de trabajo de campo en Península Valdés y cuenta con información acumulada durante décadas sobre más de 5.500 ballenas individuales. Estos registros permiten analizar su condición corporal, salud e historias de vida y comparar la evolución de la población a lo largo de los años.
Qué hacer si aparece una ballena en la costa
Las autoridades y el ICB solicitaron a la comunidad no acercarse ni tocar a las ballenas que aparezcan varadas, tanto si están vivas como muertas. También recomendaron evitar que las mascotas entren en contacto con los ejemplares.
Para informar sobre una ballena varada se encuentra disponible el 280-4670760, correspondiente a la Dirección de Fauna y Flora Silvestre y la Secretaría de Ambiente de Chubut.
Mientras continúan los relevamientos, los investigadores buscan cerrar el número de ballenatos muertos y reunir evidencia que permita determinar qué factores pueden estar detrás de la situación registrada durante esta temporada.
Con información de Canal 12, redactada y editada por un periodista de ADNSUR
