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Créditos en retroceso: cae la demanda y los bancos endurecen el acceso pese a la baja de tasas

Pese a la baja de tasas impulsada por el Gobierno, los bancos endurecieron condiciones y la demanda de préstamos cayó durante el primer trimestre de 2026, según la Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central.

Durante el primer trimestre de 2026, los bancos adoptaron una postura más cauta: endurecieron las condiciones de financiamiento y, en paralelo, registraron una caída significativa en la demanda de préstamos por parte de empresas y hogares. Los datos surgen de la última Encuesta de Condiciones Crediticias elaborada por el Banco Central de la República Argentina, que releva el comportamiento de entidades que concentran cerca del 90% del crédito al sector privado.

El informe muestra un escenario atravesado por la incertidumbre, el deterioro de ingresos y el aumento de la morosidad. En el segmento corporativo, las entidades financieras reportaron un endurecimiento marcado en los estándares crediticios. La restricción alcanzó tanto a pymes como a grandes empresas, con menores montos aprobados, plazos más cortos y mayores exigencias de garantías. A esto se sumó una fuerte caída en la demanda, asociada a un freno en la inversión, proyectos postergados y menor necesidad de capital de trabajo. Para el segundo trimestre, los bancos proyectan un repunte moderado, especialmente en grandes compañías, aunque con expectativas más acotadas en el caso de las pymes.

El panorama no es más alentador en el segmento de personas. Según el relevamiento, se endurecieron las condiciones para el financiamiento con tarjetas de crédito y préstamos al consumo, mientras que los créditos hipotecarios y prendarios se mantuvieron sin grandes cambios. Aun así, la demanda cayó en todas las líneas, con mayor intensidad en tarjetas e hipotecas.

Uno de los factores clave detrás de esta dinámica es el fuerte aumento de la mora. En febrero, la irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 6,7%, casi cuatro veces más que un año atrás. El deterioro es especialmente marcado en los hogares, donde la mora trepó al 11,2%, el nivel más alto desde 2008. En empresas, el indicador se ubicó en 2,9%. Este contexto llevó a las entidades a recalibrar sus políticas de riesgo: mayores controles, scoring más exigente y foco en clientes con mejor perfil crediticio. La prioridad, hoy, es preservar la calidad de cartera más que expandir el volumen de préstamos.

El endurecimiento del crédito se produce, además, en paralelo a una baja en las tasas de interés que todavía no logra trasladarse plenamente a la economía real. Si bien la tasa mayorista (TAMAR) descendió desde niveles cercanos al 30% anual a alrededor del 22,5% en abril, los préstamos para familias continúan en niveles elevados: cerca del 70% anual en créditos personales y alrededor del 78% en financiamiento con tarjeta. Desde el sistema financiero advierten que la combinación de mora alta, volatilidad reciente y caída del ingreso real limita el impacto de la política monetaria expansiva. Incluso entidades como Banco Provincia señalaron que el crédito crece por debajo de la inflación, lo que reduce su capacidad de traccionar la demanda interna.

El freno del financiamiento se da en un contexto de enfriamiento económico. El Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) registró en febrero una caída del 2,6% mensual y del 2,1% interanual, con retrocesos liderados por la industria y el comercio. A esto se suma la pérdida de poder adquisitivo: el salario real del sector privado volvió a deteriorarse y se ubica en niveles mínimos desde principios de 2024. Consultoras como Econviews advierten que la economía muestra señales de contracción, impulsada por menores ingresos disponibles y un crédito privado estancado. En la misma línea, GMA Capital describe un escenario de “dos velocidades”: sectores exportadores con mejor desempeño frente a rubros más vinculados al consumo interno que aún no logran recuperarse.

En este contexto, el crédito aparece como una herramienta clave pero todavía limitada. Con escaso margen fiscal y una demanda interna debilitada, la posibilidad de una recuperación más dinámica depende, en gran medida, de que el sistema financiero vuelva a prestar con mayor fluidez. Por ahora, ese escenario parece lejano. La prudencia de los bancos y el deterioro del contexto macroeconómico configuran un panorama donde el crédito, lejos de ser motor, sigue funcionando con freno de mano.

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