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Trasladarán a un santuario de Europa a Toti, el último chimpancé en cautiverio de Argentina

La historia de Toti marca un hito en la discusión sobre derechos animales en Argentina. Tras un largo proceso judicial, será trasladado desde Río Negro hacia un santuario internacional en Inglaterra.

La historia de Toti, conocido como “el chimpancé de mirada triste”, se convirtió en un punto de inflexión en la discusión sobre los derechos animales en Argentina. Tras años de reclamos judiciales, informes científicos y presión de organizaciones proteccionistas, una sentencia firme ordenó su traslado desde el zoológico de Bubalcó, en Río Negro, hacia el Monkey World Ape Rescue Centre, un santuario internacional especializado en la rehabilitación de grandes simios.

El caso no solo representa una mejora concreta en la calidad de vida del animal, sino que también consolida un precedente jurídico relevante: Toti fue reconocido como “sujeto de derecho no humano en condición de vulnerabilidad”, una figura que gana terreno en la jurisprudencia argentina.

Nacido en cautiverio a comienzos de los años 90, Toti pasó por distintas instituciones hasta quedar alojado en Bubalcó, donde vivió más de una década en condiciones de aislamiento. Su situación se agravó tras la muerte de otros ejemplares, convirtiéndolo en uno de los últimos chimpancés en cautiverio en el país. El fallecimiento de Tomy en el zoológico de La Plata terminó de exponer un escenario crítico: Toti quedó como el único chimpancé bajo estas condiciones en Argentina.

Especialistas en comportamiento animal advierten que el aislamiento prolongado en esta especie —altamente social— genera estrés, deterioro cognitivo y alteraciones conductuales severas. En ese contexto, la voz de la primatóloga Jane Goodall fue clave para visibilizar el caso. La experta había señalado que mantener a un chimpancé solo equivale a una forma de sufrimiento extremo, al privarlo de interacciones básicas como el juego, el acicalamiento o la convivencia grupal.

El traslado de Toti es el resultado de un proceso judicial complejo impulsado por el Ministerio Público de la Defensa de Río Negro junto a organizaciones como la Asociación de Funcionarios y Abogados por los Derechos de los Animales (AFADA). A través de un habeas corpus se solicitó el cese de su cautiverio y su reubicación en un santuario. La demanda incluyó pericias, inspecciones y evaluaciones interdisciplinarias que analizaron su estado físico y psicológico.

En 2023, un fallo de primera instancia ordenó su traslado. La decisión fue ratificada por el Superior Tribunal de Justicia provincial y finalmente quedó firme tras la intervención de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, habilitando así la ejecución del operativo. Durante más de un año, equipos técnicos de la Fundación Franz Weber y del Instituto Jane Goodall Argentina trabajaron en la preparación del chimpancé.

Los estudios concluyeron que Toti está en condiciones de afrontar un traslado aéreo internacional, siempre que se realice bajo estrictos protocolos veterinarios y logísticos. El operativo contempla controles sanitarios, entrenamiento previo y una coordinación internacional que permita minimizar los riesgos asociados al estrés, la presión y el ruido durante el viaje.

El destino elegido, el Monkey World en Inglaterra, ya alberga a otros chimpancés provenientes de Argentina, lo que aumenta las posibilidades de adaptación progresiva. En ese entorno, Toti podrá acceder a espacios amplios, estimulación ambiental y, fundamentalmente, la posibilidad de integrarse a un grupo.

Más allá del caso individual, la historia de Toti vuelve a poner en discusión el modelo de cautiverio de grandes simios en zoológicos. Diversas organizaciones sostienen que estos espacios no pueden replicar las condiciones necesarias para especies con alta complejidad cognitiva y social. Además, el contexto global agrava la situación: la deforestación, el tráfico ilegal y la pérdida de hábitat natural colocan a los grandes simios en riesgo crítico de extinción.

El traslado de Toti no implica un regreso a la vida salvaje, pero sí una oportunidad concreta de vivir en condiciones más cercanas a su naturaleza. Su historia sintetiza años de tensiones entre ciencia y ética, y se proyecta como un antecedente que podría influir en futuros casos. Con este fallo, la Justicia argentina no solo resolvió la situación de un animal en particular, sino que también dio un paso más hacia el reconocimiento de nuevas formas de entender la relación entre humanos y otras especies.

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