Un informe de Invecq Consulting presentado en el 62.º Coloquio de IDEA en Mar del Plata indica que la informalidad total pasó del 41,4% al 45% y entre los asalariados del 33,3% al 37,9%. Entre trabajadores de hasta 29 años llega al 58,4%.
La informalidad laboral en Argentina alcanza al 45% de los trabajadores y al 58,4% entre los ocupados de hasta 29 años, según el informe «De promesa a potencia: las claves para el empleo», elaborado por el economista Santiago Bulat, socio y director de Invecq Consulting. El documento fue presentado el viernes 2 de octubre en la última jornada del 62.º Coloquio de IDEA, en el hotel Sheraton de Mar del Plata.
De acuerdo con los cálculos de Invecq sobre información del INDEC, la informalidad total pasó del 41,4% al 45%, y entre los asalariados avanzó del 33,3% al 37,9%. La brecha por edad es significativa: entre los trabajadores de 30 a 64 años la proporción es del 37,6%, mientras que entre los menores de 30 asciende al 58,4%.
Qué implica ser un trabajador informal
Un trabajador informal no tiene aportes jubilatorios, no accede a una obra social, no cobra licencias ni aguinaldo y no cuenta con protección en caso de despido. En los hechos, percibe menos remuneración por la misma tarea y llega a la vejez sin los años de aportes necesarios para jubilarse, lo que deriva en moratoria o pensión mínima.
El informe ubica a Argentina con 45% de informalidad sobre la población económicamente activa, por encima de Uruguay, Chile, Costa Rica y Brasil, aunque por debajo de otras economías de la región. El documento señala que, mientras varios países vecinos lograron reducir el indicador, Argentina está dentro del grupo en el que viene subiendo.
Impacto previsional y causas
El documento sostiene que el deterioro laboral responde a dos movimientos simultáneos: cambia la estructura productiva —con más peso de sectores traccionados por el comercio exterior— y crece la proporción de trabajadores que queda fuera de la formalidad. El desafío, plantea el economista, es que esa transformación productiva genere empleo privado formal y que los trabajadores tengan herramientas para moverse hacia las actividades que ganan participación.
El informe advierte además sobre la composición de los aportantes al sistema previsional: mientras la cantidad de trabajadores registrados bajo relación de dependencia tuvo una evolución más moderada, el número de monotributistas aumentó con fuerza durante el período analizado. Ese cambio presiona la financiación de la seguridad social y, según el trabajo, obliga a que la reforma previsional pendiente incluya incentivos claros para aportar y para formalizar.
Entre los mecanismos ya aplicados en el país, el informe menciona al Régimen de Incentivo para la Formalización Laboral (RIFL) y señala que, si bien hubo esquemas de estímulo a la contratación, el alcance de la población objetivo limitó su impacto. También ubica a la fiscalización del organismo regulador como parte del esquema, porque los controles funcionan como atenuante frente a la evasión y la competencia desleal.
Experiencias internacionales
El trabajo ordena las experiencias internacionales en cuatro ejes: productividad, regulaciones, incentivos y fiscalización. Colombia aplicó reducciones de impuestos sobre la nómina, subsidios a nuevas contrataciones formales y mecanismos simplificados para empresas; Uruguay combinó políticas para conglomerados y cadenas productivas con registros unificados y simplificación para trabajadores independientes; Chile sumó incentivos fiscales para la contratación formal de jóvenes y mayores controles laborales y previsionales.
La conclusión del documento es que la informalidad no se reduce con una sola herramienta. «Las mejoras no ocurren con una única reforma, sino con cambios sucesivos», afirma el texto presentado por Bulat, que también pone el foco en la capacitación: si algunos sectores ganan participación y otros la pierden, cambian las capacidades que demandan las empresas y la formación pasa a ser decisiva para que el cambio no se pague con más trabajo sin derechos.
Para el mercado laboral argentino, el dato de fondo es que la informalidad dejó de ser un fenómeno de los márgenes: casi la mitad de quienes trabajan hoy lo hace sin los derechos básicos del empleo registrado, y entre los menores de 30 la proporción se acerca a seis de cada diez.
Nota en base a iProfesional, con asistencia de IA y editada por un redactor de ADNSUR.
