Santiago Enríquez, especialista de la Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana, visitó Comodoro Rivadavia y brindó detalles sobre los desafíos de la provincia para avanzar en la transición energética. El jueves participará de un evento sobre Economía del Carbono en Rawson.
Santiago Enríquez, Skills Expert del Departamento de Energía y Medio Ambiente de AHK (Cámara de Industria y Comercio Argentino Alemana), visitó Comodoro Rivadavia para mantener reuniones con empresas y actores de la región. En diálogo con ADNSUR, planteó que Chubut tiene recursos naturales, experiencia industrial y capacidades humanas para avanzar en una nueva etapa energética, pero advirtió que todavía falta resolver una cuestión central: cómo pasar del potencial a una actividad económica concreta.
El especialista puso el foco particularmente en el hidrógeno verde, una actividad en la que la región tiene antecedentes y proyectos experimentales, pero que todavía no consiguió dar el salto hacia una escala industrial. Para Enríquez, el problema no pasa solamente por producir energía renovable: también hay que encontrar quién la consuma, transformar esa energía en productos y construir una cadena de valor que hoy todavía está incompleta.
Durante su visita a Chubut, Enríquez mantuvo reuniones con empresas vinculadas a la Cámara y con actores de distintos sectores productivos. En Comodoro tomó contacto con la administración del Puerto y con referentes de empresas de la región, mientras que la agenda también incluye encuentros con firmas como Tecnovex y GENNEIA, en Puerto Madryn.
El objetivo, explicó, es conocer qué están haciendo las empresas en la provincia y “ver desde la Cámara también en qué estado se encuentra la región” para identificar de qué manera puede aportar la cooperación argentino-alemana.
El viento está, pero no alcanza con producir energía
Comodoro Rivadavia tiene una ventaja que, según Enríquez, está fuera de discusión: la calidad de su recurso eólico y la experiencia acumulada en materia energética. A eso se suma una trayectoria vinculada al hidrógeno, con la planta experimental de Hychico, controlada por la petrolera Capsa, que permite pensar que la región no parte de cero.
Pero ese es apenas uno de los extremos del problema.
“Tenemos que llegar a cubrir todo lo que es la cadena de valor para llegar al consumo, también al producto”, explicó. Y ubicó allí una de las principales dificultades: quién está dispuesto a asumir el riesgo para consumir esa energía y dónde puede insertarse.
La diferencia es importante. Una región puede tener viento, electricidad renovable y capacidad para producir hidrógeno, pero eso no significa automáticamente que exista una industria alrededor de esos recursos.
“Si nos quedamos siempre con la narrativa de las bondades de las energías verdes y del potencial del viento, no le ponemos foco también a otras instancias necesarias donde se requiere una visión de riesgo, una creación de una cadena de valor”, sostuvo.
Para Enríquez, esa construcción no depende de un único actor. Empresas, gobiernos y cooperación internacional tienen que intervenir para que la energía pueda convertirse en un producto y, finalmente, en un negocio.
En ese punto introdujo un concepto que atravesó buena parte de la entrevista: la necesidad de una “visión ecosistémica”. La idea, traducida a la realidad regional, es que no alcanza con que cada sector avance por separado.
“No podemos pensar que un solo sector es el más inteligente de todos. Tenemos que crear una inteligencia colectiva entre todos los actores de la región”, planteó.
El hidrógeno tiene un problema antes de empezar: falta la línea de largada
Enríquez fue particularmente crítico respecto de la ausencia de un marco regulatorio argentino para el hidrógeno.
Recordó que Argentina fue pionera en legislación sobre el tema, aunque aquella normativa finalmente no llegó a reglamentarse, y señaló que el país lleva años sin completar un esquema que permita a las empresas pasar de los estudios a proyectos concretos.
“La línea de largada y cómo de alguna manera el marco para el cual las empresas puedan empezar a impulsar proyectos de manera más concreta, superando la instancia de estudios, no la tenemos”, afirmó.
Su planteo no se limita a pedir una ley por una cuestión burocrática. Para el especialista, la ausencia de reglas claras también dificulta que alguien tome las decisiones de inversión necesarias para desarrollar una actividad nueva.
En ese sentido, reclamó “un compromiso real desde diferentes sectores” para alcanzar consensos y evitar que intereses particulares o sectoriales terminen postergando una legislación que permita posicionar a la Argentina en un mercado que todavía está en desarrollo.
“Las inversiones a nivel internacional ya se hundieron. Tanto en el despliegue de infraestructura como en el desarrollo de tecnología”, señaló.
Por eso, aunque reconoce que el mercado del hidrógeno atraviesa “idas y vueltas”, considera que la discusión no debería quedar atada exclusivamente a la demanda actual.
“Tarde o temprano el mercado de hidrógeno va a seguir, va a tener un despegue y tenemos que estar preparados”, sostuvo.
El otro problema: ¿quién compra el hidrógeno?
La falta de una regulación específica no es, sin embargo, el único obstáculo. Hay otro problema mucho más concreto: la demanda.
Enríquez reconoció que actualmente no existe suficiente demanda para todos los proyectos de hidrógeno que se están planteando en el mundo. Y allí aparece una paradoja: para que exista una industria se necesitan consumidores, pero para que aparezcan consumidores muchas veces primero hay que construir la oferta y desarrollar la tecnología.
“Es importante crear demanda a través de diferentes incentivos”, explicó.
Una de las herramientas que mencionó son los proyectos piloto y los mecanismos que permitan que el hidrógeno comience a utilizarse como una alternativa de abastecimiento energético dentro de los propios países.
Puso como ejemplos a Chile y Brasil, donde los gobiernos están impulsando demanda interna para comenzar a movilizar el mercado.
Mientras tanto, advirtió, todavía no están plenamente disponibles los grandes consumidores internacionales que podrían garantizar la compra de grandes volúmenes de hidrógeno o sus derivados.
Por eso, su propuesta para esta etapa no es esperar pasivamente a que aparezca ese mercado: avanzar con proyectos piloto, generar demanda específica, probar tecnología y, a partir de allí, “movilizar la cadena de valor”.
La oportunidad de Chubut: no empezar de cero
Cuando se le pidió que traduzca todo ese planteo a una hoja de ruta concreta para la región, Enríquez puso el acento en algo que excede a la energía.
“Creo que la región tiene mucho por hacer, es un lindo desafío”, sostuvo, y destacó no solamente la biodiversidad sino también “la calidad humana, la calidez y la inteligencia colectiva que hay”.
Su mirada parte de una constatación bastante concreta: Chubut tiene una tradición industrial y energética que puede servir como plataforma para nuevas actividades.
Durante su visita a Comodoro, dijo haber recorrido lugares que le permitieron dimensionar esa historia.
“A mí sí me parece súper increíble venir y ver los murales de YPF, mirar la tradición que hay en oil and gas, ver todo lo que es el sector petrolero”, señaló.
Pero inmediatamente vinculó esa historia con otra capacidad menos visible, en referencia “al conocimiento acumulado en escuelas técnicas, universidades” y empresas.
En ese sentido, para Enríquez la transición no implica simplemente reemplazar una actividad por otra. La experiencia industrial existente puede ser parte del punto de partida para construir nuevos sectores.
Por eso, ante la posibilidad de armar una lista de tareas inmediatas para la región, evitó enumerar solamente proyectos o medidas.
“Creo que lo más importante es seguir apostando a la inteligencia colectiva, dejar inspirarse mutuamente entre los diferentes sectores”, sostuvo.
Carbono: ponerle un valor económico a las emisiones no emitidas
El otro eje de su visita a Chubut está relacionado con una actividad todavía menos visible para el público general, ya que en Rawson se desarrollará el próximo 24 de septiembre un encuentro para hablar sobre la economía y los mercados de carbono.
Enríquez explicó que allí aparece una posibilidad de generar nuevos negocios a partir de algo que hasta ahora suele ser considerado solamente un costo ambiental, como son las emisiones de dióxido de carbono, versus la generación eólica que caracteriza a Chubut.
“Entiendo que hay una especie de balance sobre el impacto de emisiones que están evitando los parques eólicos que tiene la región, que pueden hacer contratos para compensar la emisión en otras partes del mundo, a través de un valor específico para esos bonos. Parte de esto es lo que se tratará en el evento del jueves”, anticipó.
La idea es avanzar hacia una economía en la que las empresas y regiones puedan medir cuánto emiten, identificar dónde pueden reducir esas emisiones y cuantificar el impacto de sus actividades.
Para el especialista, esto no es solamente una cuestión ambiental, sino que “es un factor de competitividad fundamental”, afirmó.
Y vinculó esa necesidad con los compromisos internacionales de reducción de emisiones y con las exigencias que comienzan a aparecer en los mercados internacionales.
El desafío de pasar del potencial a la concreción
Desde esa perspectiva, medir las emisiones y demostrar una menor huella ambiental puede convertirse en una condición para competir y vender productos en determinados mercados.
El concepto abre una discusión que para Chubut puede ser relevante: el recurso renovable no necesariamente termina en la electricidad que produce un parque eólico. También puede tener valor en términos de las emisiones que evita y de los servicios ambientales que una región puede ofrecer.
Enríquez incluso planteó una perspectiva más amplia: una región del sur del mundo que logre medir sus emisiones, valorizar su biodiversidad y desarrollar servicios ecosistémicos podría posicionarse internacionalmente como potencial exportadora de esos servicios.
Y allí vuelve a aparecer la misma condición que el especialista marcó para el hidrógeno: pasar de hablar del potencial a construir las condiciones concretas para que ese potencial pueda convertirse en actividad económica.
