Nelly Zonemberg, referente y organizadora de la Feria Itinerante Gatti, contó cómo cambió la actividad durante los últimos 16 años y advirtió que la situación económica incrementó la cantidad de personas que buscan un lugar para vender.
Las ferias se transformaron en una alternativa de ingresos cada vez más importante para numerosas familias de Comodoro Rivadavia.
Así lo explicó Nelly Zonemberg, referente y organizadora de la Feria Itinerante Gatti, quien en comunicación con ADNSUR repasó los cambios que atravesó la actividad desde que comenzó a organizar encuentros hace aproximadamente 16 años.
Actualmente trabaja en espacios como el gimnasio Gatti, la Escuela 711 y, en determinadas ocasiones, la Sociedad Rural, donde reúne a una gran cantidad de vendedores y compradores.
Desde su experiencia, Zonemberg sostuvo que uno de los principales cambios de los últimos años fue el crecimiento de la cantidad de personas que necesitan acceder a un puesto para poder generar ingresos. La situación económica hizo que cada vez más familias busquen alternativas para sostener sus gastos y eso se refleja directamente en la cantidad de interesados que quedan fuera de las ferias por falta de espacio. Como ejemplo, explicó que en la Escuela 711 cuentan con 84 puestos habilitados, pero habitualmente existe una lista de espera integrada por personas que quieren trabajar y no consiguen un lugar.
La situación se vuelve todavía más evidente cuando se organizan dos ferias durante un mismo fin de semana. Según detalló la referente durante el diálogo con ADNSUR, en esos casos pueden llegar a trabajar más de 145 familias entre ambos encuentros, aunque incluso esa cantidad no alcanza para cubrir toda la demanda. “La demanda es más grande”, resumió Zonemberg, quien remarcó que detrás de cada puesto hay personas que esperan esa oportunidad para obtener ingresos. Para algunas de ellas, la feria dejó de ser simplemente una actividad complementaria y pasó a representar una de las principales fuentes de dinero del hogar.
“Yo tengo muchas familias que esperan el fin de semana para poder trabajar porque no tienen otra entrada”, afirmó. La organizadora explicó que esos ingresos son utilizados para afrontar gastos cotidianos como impuestos, ropa para los hijos y cuestiones relacionadas con la escuela. En un contexto donde los precios aumentaron considerablemente, sostuvo que conseguir un puesto durante un fin de semana puede marcar una diferencia importante para quienes no cuentan con un empleo estable o necesitan complementar otros ingresos.
Zonemberg también recordó que el escenario de las ferias era muy diferente cuando comenzó con la actividad, alrededor de 2010. En aquel entonces predominaban las denominadas ferias americanas, donde se ofrecían principalmente productos usados y nuevos, especialmente indumentaria, y existían muchos menos espacios y organizadores. Con el paso de los años comenzaron a multiplicarse las propuestas en escuelas, gimnasios y distintos establecimientos de Comodoro Rivadavia, hasta alcanzar una presencia mucho mayor en diferentes barrios de la ciudad.
Actualmente, la organizadora aseguró que resulta difícil establecer una cifra exacta sobre la cantidad de ferias que funcionan en Comodoro. La actividad se distribuye por distintos sectores y cada fin de semana aparecen encuentros en diferentes espacios. “Hay muchísimas”, sostuvo al describir un fenómeno que, según su experiencia, continúa creciendo, tanto en zona norte como en otros puntos de la ciudad.
El aumento de la cantidad de ferias, sin embargo, no significó que los vendedores mantuvieran los niveles de ventas de años anteriores. Zonemberg reconoció que el consumo cayó y que los feriantes tuvieron que atravesar un período complicado, aunque detectó una mejora en los últimos meses. “A partir de mayo de este año yo veo que ha remontado en ese sentido”, señaló. Si bien aclaró que no puede establecer un porcentaje concreto de recuperación, explicó que comenzó a notar una mayor presencia de público y un movimiento más favorable en los puestos.
La respuesta de los compradores también varía de acuerdo con el lugar donde se realiza cada feria. Zonemberg puso como ejemplo el último encuentro desarrollado en la Sociedad Rural, al que calificó como “un éxito total” y aseguró que estuvo “llenísimo” de personas. Según explicó, los feriantes pudieron trabajar muy bien durante esa jornada y el comportamiento del público es diferente dependiendo del espacio. “Vos vas a la Rural, por ejemplo, es un público, vas a la Escuela 711 es otro, vas al Gatti es otro. O sea, hay público para todas las ferias”, sostuvo.
Otro de los factores que, según la organizadora, explica la permanencia de las ferias es la diferencia de precios respecto de otros canales de venta. Los feriantes trabajan solamente durante determinados días y tienen una estructura de costos diferente a la de un comercio que permanece abierto durante toda la semana. De todos modos, Zonemberg aclaró que quienes participan de sus ferias también deben afrontar obligaciones impositivas y otros gastos. “Los feriantes que trabajan con nosotros no es que ellos no pagan sus impuestos, ellos también pagan sus impuestos, sus ingresos brutos, sus monotributos”, remarcó.
A esos gastos se suman la compra de mercadería, los envíos y, en algunos casos, los viajes que deben realizar para abastecerse. La diferencia, explicó, está en la estructura general que tiene cada actividad, ya que los comercios tradicionales deben afrontar alquileres, salarios y otros costos permanentes, mientras que los vendedores de las ferias concentran su actividad principalmente durante el fin de semana. Por eso, evitó plantear una competencia directa entre ambos sectores y señaló que la caída del consumo terminó afectando a la actividad comercial en general.
La organizadora tampoco pudo establecer cuánto dinero puede recaudar en promedio un feriante durante un fin de semana. Explicó que ese dato depende de cada vendedor, del tipo de productos que ofrece y del movimiento que tenga el lugar donde se instala. Como referencia, recordó que cuando comenzó a trabajar con las ferias algunos vendedores le contaban que con las ganancias obtenidas durante dos encuentros podían afrontar obras en sus viviendas. “Eran otros tiempos, obviamente, todo estaba mucho más económico también”, recordó.
Además del trabajo de los propios feriantes, cada encuentro genera actividad para otras personas. Zonemberg detalló que la organización requiere personal para diferentes tareas y que en sus ferias suelen trabajar tres personas de limpieza, tres de armado, un fletero y tres personas encargadas de la seguridad. De esta manera, el movimiento económico generado durante el fin de semana no se limita a quienes tienen un puesto, sino que también alcanza a quienes realizan las tareas necesarias para montar, mantener y desmontar cada feria.
El costo de participar también cambia según el lugar donde se realiza el encuentro. Zonemberg explicó que la Sociedad Rural tiene un alquiler elevado, por lo que ese gasto termina repercutiendo en el valor que deben afrontar los vendedores. En la Escuela 711, en cambio, el costo es menor y actualmente un puesto de 1,85 por 90 centímetros, con mesa, silla y mantel, tiene un valor de 42.000 pesos por los dos días. Ese importe incluye además los servicios generales de la feria y permite cubrir gastos como limpieza, seguridad, armado y desarme.
