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Firma colombiana y remolcador patagónico ejecutarán la obra submarina del primer GNL flotante en el Golfo San Matías

La empresa BUZCA Soluciones de Ingeniería, con sede en Cartagena de Indias, fue adjudicada para tender un ducto submarino de 30 pulgadas que conectará el buque licuefactor Hilli Episeyo con la costa de Río Negro. Para el apoyo marino, incorporó al operador local Bahía Grande y su buque BG Warrior.

Una firma colombiana y un remolcador patagónico ejecutarán la obra submarina del primer GNL flotante de Argentina en el Golfo San Matías. La empresa BUZCA Soluciones de Ingeniería, fundada en 1969 en Cartagena de Indias, fue adjudicada para tender el ducto submarino de 30 pulgadas que conectará el buque licuefactor Hilli Episeyo con la costa de Río Negro. La empresa incorporó al operador local Bahía Grande y su buque BG Warrior para el apoyo marino.

El contrato implica el tendido de un ducto de acero de 30 pulgadas enterrado en el lecho marino, más la instalación de bloques de anclaje y mantas de protección para garantizar la estabilidad de la cañería. Para las operaciones en el agua, BUZCA incorporó al operador argentino Bahía Grande, que aportará su buque BG Warrior, un remolcador del tipo Anchor Handling Tug Supply con una capacidad de arrastre de 136 toneladas y más de 10.600 caballos de fuerza, equipado con posicionamiento dinámico DP2.

Toda esa infraestructura debe estar en condiciones antes de que arribe el primer buque licuefactor, el Hilli Episeyo de Golar LNG, previsto para 2027.

El tramo que nadie ve: mientras el mercado energético sigue de cerca el avance del gasoducto terrestre de 470 kilómetros que conectará Tratayén con la costa de Río Negro, la conexión submarina había permanecido casi sin cobertura. Sin embargo, es una de las obras que condiciona directamente la fecha del primer gas licuado: sin el ducto submarino instalado y operativo, el buque no tiene a qué conectarse.

Golar LNG ya había advertido públicamente que el valor del emprendimiento depende de que el gasoducto terrestre y el buque estén listos en paralelo. El tendido submarino, el sistema de amarre y los anclajes son, en ese esquema, el puente físico entre ambas partes.

La adjudicación a BUZCA repite un patrón que ya se había visto en la etapa terrestre del proyecto, cuando la fabricación de los caños del gasoducto recayó en la firma india Welspun. En ambos casos, el contratista elegido viene de afuera, con credenciales específicas en el tipo de obra que el proyecto requiere.

Del Caribe al Golfo San Matías: el historial de BUZCA explica su presencia en el Atlántico Sur. La empresa construyó y mantuvo terminales multiboyas para ExxonMobil en Belice y las Bahamas, instaló y dio servicio a monoboyas para Ecopetrol en la costa colombiana, atendió las plataformas offshore Chuchupa de Chevron en La Guajira y ejecutó obras para Puma Energy y Alba Petróleos en El Salvador. Ese currículum en amarre offshore y conducción submarina es exactamente el tipo de trabajo que demanda una terminal flotante en alta mar.

Por su parte, Bahía Grande llegó al sector energético desde la pesca de calamar en el Atlántico Sur, reconvirtiendo su flota hacia los servicios marinos para la industria de hidrocarburos. «Es un orgullo para todo el equipo formar parte del proyecto de construcción de la terminal de licuefacción en el Golfo San Matías», declaró Andrés Jacob, presidente de la compañía.

El consorcio detrás de Southern Energy está integrado por Pan American Energy, YPF, Pampa Energía, Harbour Energy y Golar LNG. El proyecto prevé dos buques licuefactores frente a la costa de Río Negro con una capacidad conjunta cercana a los seis millones de toneladas anuales de GNL.

El segundo buque, el MKII que se construye actualmente en China, tendrá su propia conexión submarina, hoy en proceso de evaluación ambiental en la provincia de Río Negro.

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