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Alerta por hantavirus en un crucero: un infectólogo explicó cómo pudo propagarse la cepa Andes

El infectólogo Eduardo López analizó el brote de hantavirus en el crucero Ondus y señaló que el primer infectado pudo haber actuado como un ‘superpropagador’ de la cepa Andes, una variante con capacidad de transmisión entre personas en espacios cerrados.

El infectólogo Eduardo López se refirió al brote de hantavirus registrado en el crucero Ondus y aseguró que la situación podría estar vinculada a un caso de “superpropagación” de la cepa Andes, una variante conocida en la Patagonia por su capacidad excepcional de transmisión entre personas en determinadas condiciones. En diálogo con ADNSUR, el especialista remarcó que los médicos y equipos de salud patagónicos cuentan hoy con mayor experiencia frente a esta enfermedad, ya que en las grandes ciudades argentinas prácticamente ya no se registran casos.

Según detalló, todo comenzó con una pareja aficionada al avistaje de aves que recorrió distintas zonas de Argentina y Chile durante unos 30 o 40 días. El último punto de ese viaje fue Ushuaia, donde ambos abordaron el crucero expedicionario que tenía previsto navegar por la Antártida, las Islas Shetland y Georgia del Sur, para luego continuar rumbo a Países Bajos. Durante la travesía, uno de los pasajeros comenzó con síntomas compatibles con la etapa inicial del hantavirus: fiebre, dolores musculares y malestar general. Sin embargo, pocos días después evolucionó hacia un cuadro cardiopulmonar severo y falleció. La mujer que lo acompañaba también murió y, de acuerdo con la información preliminar, ya son al menos tres las víctimas fatales, mientras continúan bajo observación otros pasajeros con cuadros de distinta gravedad.

López sostuvo que la principal hipótesis es que el primer infectado haya actuado como un “superpropagador”, es decir, una persona que elimina una carga viral mayor que la habitual y que además puede expulsar partículas virales en forma de aerosol. Esa condición, explicó, incrementa las posibilidades de contagio en espacios cerrados o semicerrados, como camarotes, restaurantes, salones de recreación y áreas comunes de un barco.

El infectólogo recordó que Argentina ya registró antecedentes de este tipo. Mencionó especialmente el brote ocurrido en Epuyén en 2018, cuando una persona infectada asistió a un cumpleaños con unas cien personas y contagió a 34. A partir de ese episodio, señaló, comenzaron a consolidarse estudios que describen la figura del superpropagador en casos de hantavirus de la variante Andes. De todos modos, aclaró que la transmisión persona a persona continúa siendo poco frecuente y generalmente requiere contacto estrecho y ambientes con escasa ventilación. Justamente por eso consideró que el crucero ofrecía condiciones casi ideales para una propagación inusual del virus, ya que el contagio se habría producido dentro de un entorno cerrado, con convivencia prolongada y circulación compartida de aire.

El barco tiene previsto arribar a las Islas Canarias, donde no atracará en puerto sino que quedará fondeado. Desde allí, los pasajeros serán trasladados en lanchas para luego regresar en avión a sus países de origen. En el caso de España, catorce ciudadanos serán derivados a Madrid y permanecerán en observación en un hospital de alta complejidad. López advirtió que el período de incubación del hantavirus puede extenderse entre 7 y 25 días, aunque algunos autores lo llevan hasta 45 días. Por eso explicó que dentro del crucero puede haber personas asintomáticas que aún no contagian, otras con síntomas leves y algunas que podrían evolucionar a cuadros más complejos en los próximos días.

El especialista indicó además que en Argentina se observa un leve incremento de casos en 2026. Precisó que en los primeros cuatro meses del año ya se registraron 46 contagios, un número superior al de años recientes, aunque lejos todavía de un pico epidemiológico. Entre las posibles causas mencionó un otoño más cálido, que prolonga la actividad de los roedores silvestres, principales reservorios del virus.

Finalmente, al referirse a la situación en la Patagonia, recordó que se trata de una zona endémica y recomendó extremar precauciones en viviendas, galpones y áreas rurales. Aconsejó evitar el ingreso de roedores a las casas, ventilar por al menos media hora los espacios cerrados antes de ingresar, desinfectar con agua lavandina, utilizar guantes al manipular leña o cajas y no acampar directamente sobre pastizales o pajonales. En cuanto a los síntomas, explicó que la enfermedad suele comenzar con un cuadro similar al de una gripe, con fiebre alta, dolor de cabeza, molestias musculares y, en algunos casos, dolor abdominal o diarrea. Entre dos y cuatro días después puede aparecer dificultad respiratoria, acumulación de líquido en los pulmones y compromiso cardíaco, cuadro que constituye la fase más grave de la infección.

Pese a la alarma generada por lo ocurrido en el crucero, López buscó llevar tranquilidad y descartó cualquier comparación con la pandemia de COVID-19. Señaló que el hantavirus requiere siempre la presencia del roedor como reservorio natural, que la transmisión entre personas es mucho más infrecuente y que su capacidad de propagación es significativamente menor. Aun así, insistió en que el aislamiento estricto y el seguimiento de los contactos serán determinantes para controlar el brote.

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