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El postre de ananá y vainillas que se arma sin horno y se come bien frío

Rodajas de ananá, una crema con leche evaporada y gelatina, y vainillas en la base. Se deja en la heladera unas horas y se desmolda como si fuera una torta.

Hay postres que parecen mucho más elaborados de lo que son, y este es uno de ellos. Lleva pocos ingredientes, no necesita horno y tiene tres protagonistas claros: el ananá, la gelatina y una mezcla cremosa que se arma en una olla. La receta es de la cocinera Loli Domínguez y tiene una ventaja para los días en que no se quiere pasar calor en la cocina: se deja lista el día anterior.

Es fácil y muy agradecido, porque el molde hace casi todo el trabajo. Lo importante no pasa por la preparación, que se resuelve en veinte minutos, sino por el frío: necesita al menos cuatro horas de heladera, aunque si se deja toda la noche queda perfecto. Rinde entre ocho y diez porciones generosas y sale con un contraste de texturas entre la fruta, la crema y las vainillas de la base. La cantidad de fruta se ajusta según el tamaño del molde que se use.

Ingredientes

  • 400 ml de leche evaporada
  • 400 ml de crema de leche
  • 200 ml del jugo del ananá en lata
  • 170 g de gelatina de ananá
  • Rodajas de ananá en almíbar, cantidad necesaria
  • Caramelo líquido para el fondo del molde
  • Vainillas, las necesarias para cubrir la superficie

Elaboración

  • Poner en una olla la leche evaporada, la crema de leche y el jugo de ananá. Mezclar con una cuchara de madera para integrar todo.
  • Llevar a fuego medio y calentar hasta que empiece a hervir. En ese momento retirar la olla del fuego: no debe hervir fuerte ni por mucho tiempo, porque la crema se puede cortar.
  • Agregar los 170 gramos de gelatina y revolver enérgicamente hasta que quede completamente disuelta. Es el paso clave: si se ven grumos, volver al fuego un minuto más, siempre revolviendo.
  • En un molde (o en una fuente honda de vidrio), distribuir una capa de caramelo líquido y cubrir el fondo con las rodajas de ananá, bien acomodadas.
  • Volcar la preparación cremosa y caliente sobre la fruta, con cuidado, sin mover el molde para que las rodajas queden en su lugar.
  • Cubrir la superficie con vainillas, acomodándolas una al lado de la otra hasta tapar todo. Se van a hidratar con la crema y van a funcionar como base del postre.
  • Tapar con film y llevar a la heladera al menos cuatro horas, o toda la noche si se puede. Cuanto más frío, mejor se va a desmoldar.
  • Para desmoldar, retirar el film y despegar con cuidado los bordes del postre del molde, pasando un cuchillo fino por el borde.
  • Colocar un plato sobre la parte superior y dar vuelta de una sola vez, decidido. El caramelo y el ananá quedan arriba, brillantes, como una torta invertida.
  • Servir directamente, en porciones generosas, sin nada extra: así está perfecto.

Para guardar

  • Aguanta hasta tres días en la heladera, tapado. Los primeros dos días está en su mejor momento.
  • Si se hace en porciones individuales, usar aros chicos de emplatar: se desmoldan solos y quedan vistosos.
  • Se puede cambiar el ananá por duraznos en almíbar y la gelatina por la del sabor que combine. La estructura de la receta funciona igual.
  • No dejarlo fuera de la heladera mucho tiempo antes de servir: la gelatina empieza a perder firmeza con el calor.

Artículo elaborado con información de TN, con asistencia de IA y bajo supervisión de un editor de ADNSUR.

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