El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, se refirió al escenario social y productivo de la región, el daño a las pymes locales, el declive de la cuenca madura y la necesidad de reconversión tecnológica. Cuestionó a sectores políticos que avalaron el desfinanciamiento histórico de la provincia.
El gobernador de Chubut, Ignacio Torres, analizó en ADNSUR el complejo escenario social de la región y reconoció que «es frustrante a veces ver que una provincia no tiene injerencia en cuestiones que son macroeconómicas o que generan destrucción de empleo».
En ese marco, el mandatario se refirió al daño que las nuevas dinámicas del mercado nacional provocan sobre las pymes locales. Advirtió que «yo no quiero que en mi país el único empleo que crezca sea el de los despachantes de aduana», alertando sobre los riesgos de reemplazar la industrialización por un modelo basado en la importación.
El gobernador sumó al debate los cambios en las relaciones comerciales urbanas donde las compras por internet afectan al comercio tradicional. Además, abordó el desafío de la tecnología y recordó una recorrida reciente junto a los gremios petroleros donde observaron equipos automatizados realizando tareas de campo. «No podés ir contra cómo avanza la inteligencia artificial con trabajos que antes era impensado que podía una máquina hacerlos», planteó el mandatario para luego exigir que esa reconversión se encare «con inteligencia, no gritando y haciendo catarsis nada más».
El declive de la cuenca y la estafa histórica
El abordaje sobre el escenario productivo local incluyó una revisión del pasado reciente. Torres recordó que «hace años se aplaudía con bombos y platillos el precio sostén del crudo» y calificó aquellos festejos como «la mayor estafa a la provincia de Chubut de nuestra historia», donde la jurisdicción perdió miles de millones de dólares subsidiando el combustible de toda la Argentina. Apuntó contra la oposición al remarcar que «muchos de los que estaban aplaudiendo como focas en ese momento, hoy lloran la salida de YPF».
Lejos de evadir el actual contexto adverso, el mandatario asumió la responsabilidad de administrar la provincia durante la etapa de declive de la cuenca madura. Para defender los incentivos fiscales que impulsa su gestión aseguró que «bajar regalías es priorizar la ralentización de ese declive y el trabajo a la recaudación», definiendo esa postura como una decisión política para salvaguardar la paz social.
Infraestructura y responsabilidad dirigencial
La falta de planificación estructural en tiempos de bonanza económica fue otro de los ejes centrales de su lectura. El titular del Ejecutivo cuestionó que «en época donde llovía plata en esta provincia, nunca se pensó en hacer un acueducto para que no haya problemas de agua». Según su visión, toda la reparación histórica que necesita la ciudad exige «despojarse de la hipocresía, de llorar la salida de YPF, cuando en su momento hicieron todo para que esa riqueza se vaya a la zona centro del país».
En el tramo final de su exposición exigió madurez dirigencial para lograr que la explotación de los recursos se vea reflejada en el metro cuadrado de los chubutenses. El gobernador concluyó su análisis alertando que «hay un nivel de demagogia en el discurso desde un sector de la política que apela a lo emocional sin hacerse cargo de absolutamente nada», una práctica que consideró peligrosa frente a la obligación de gobernar y dar respuestas claras a la sociedad.
