La actriz adquirió tierras en 2002 y creó una fundación para preservar el área de Samlaut, que alberga 30 especies de mamíferos y 140 de aves. La iniciativa emplea a camboyanos y ex cazadores furtivos.
En el año 2002, Angelina Jolie adoptó en Camboya a su hijo mayor, Maddox. Desde entonces, la actriz decidió estudiar y conocer más el lugar donde había nacido el pequeño. Así fue como descubrió que una de las grandes problemáticas era el avance de diferentes empresas sobre el bosque de Samlaut.
A principios de siglo, la zona sufría caza furtiva, tala ilegal y una profunda degradación ambiental. Para frenar este accionar, la actriz creó la fundación Maddox Jolie-Pitt Foundation (MJP). Su primera medida fue comprar 39 hectáreas de terreno, junto al bosque de Samlaut. Desde allí asumió la responsabilidad de proteger el Samlaut Multiple Use Area, un territorio forestal de 60.994 hectáreas que se extiende entre las provincias de Battambang y Pailin.
Este bosque es importante no solamente para la comunidad local, sino para toda la humanidad, ya que es uno de los pulmones más importantes del Sudeste Asiático. El lugar alberga 30 especies de mamíferos, 140 especies de aves y decenas de variedades de plantas únicas.
El gran atractivo de la zona es el elefante asiático. Samlaut representa uno de sus últimos refugios en el noroeste de Camboya. Históricamente, se conocía a la región como el “Bosque de los Cien Elefantes” y en él vivían miles de estos mamíferos. Ante la caza indiscriminada, en la actualidad fueron catalogados por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) como una de las especies en peligro de extinción.
Para lograr que los animales y el entorno sean cuidados, Angelina entendió que era importante hacer parte a las comunidades locales y brindarles trabajos en el proyecto. En la actualidad, el equipo completo se encuentra conformado por camboyanos, muchos de ellos con un profundo conocimiento de la selva.
Otra de las iniciativas de la intérprete fue convocar como guardabosques a antiguos cazadores furtivos, ofreciéndoles salarios formales y bonos adicionales de entre 150 y 200 dólares mensuales para impedir que sigan terminando con la vida de decenas de animales ante la falta de oportunidades.
Por último, las siembras descontroladas estaban generando que el suelo perdiera todos sus minerales, quedando completamente en desuso. Pero una vez más, el apoyo comunitario fue lo que lo salvó.
“A partir de la formación impartida por la Fundación, los agricultores adquieren habilidades y conocimientos para implementar prácticas agrícolas sostenibles, lo que les permite aumentar el rendimiento de los cultivos, mejorar la seguridad alimentaria en las comunidades locales y garantizar que los agricultores puedan aprovechar al máximo sus tierras y su ganado”, explicaron desde la fundación en su portal oficial, sobre estos avances en materia ecológica.
“También facilitamos la formación de miembros de la comunidad local para que se conviertan en apicultores, quienes ahora producen colectivamente entre 800 y 1500 litros de miel al año, ganando 15 dólares por litro”, indicaron, sobre otras propuestas que incorporan año a año a más personas al empleo formal.
