Los expertos advierten que la humedad, las superficies heladas y la menor actividad física son los principales factores que afectan la salud de los animales.
Con las heladas y las temperaturas bajo cero en gran parte del país, el paseo diario de los perros puede transformarse en un desafío para su salud. Aunque las caminatas al aire libre son fundamentales para el equilibrio físico y emocional de los caninos, la falta de sol durante las primeras mañanas y noches incrementa el riesgo de hipotermia, daños en las almohadillas y afecciones respiratorias.
De acuerdo con un informe publicado por Infobae, la tolerancia al frío no es uniforme y varía según el tamaño, la edad, la raza y el tipo de pelaje. Sin embargo, entidades especializadas como el Ann Arbor Animal Hospital señalan que a partir de los 10 a 15 °C ya se deben tomar precauciones en razas vulnerables, mientras que por debajo de los 0 °C el riesgo aumenta de forma considerable para perros miniatura, de pelaje corto, cachorros o animales gerontes.
Cómo saber si a tu perro le afecta el frío
Dado que los animales no siempre detienen su marcha por entusiasmo, los dueños deben estar atentos a los cambios corporales durante la caminata. Entre los principales indicadores de incomodidad o hipotermia incipiente se destacan:
- Temblores corporales y llanto.
- Levantamiento alternado de las patas para evitar el contacto prolongado con el suelo congelado.
- Caminata encorvada, lentitud o negativa a avanzar.
- Búsqueda constante de refugio o de calor en las piernas del tutor.
Ante cualquiera de estos comportamientos, los expertos aconsejan interrumpir de inmediato el paseo, regresar al hogar y abrigar al animal. En días de lluvias intensas o granizo, lo recomendable es suspender la salida y reemplazarla por juegos en el interior.
Cuidado de almohadillas, ropa y nutrición
Las extremidades son las zonas más expuestas a las congelaciones. Al regresar de la calle, es fundamental secar minuciosamente el vientre, las patas y las almohadillas, ya que la humedad acumulada irrita la piel y puede generar grietas o infecciones. Si el animal camina sobre superficies heladas, se aconseja aplicar bálsamos hidratantes específicos o evaluar el uso de botas de protección.
Respecto al abrigo, el uso de capas o camperas es sumamente útil para razas pequeñas o de piel delicada. Las prendas deben permitir la libre movilidad y respiración, y mantenerse siempre limpias y secas.
Un error habitual durante la temporada invernal es sobrealimentar a los animales bajo la premisa de que «gastan más energía para mantener el calor». Salvo que se trate de perros de trabajo al aire libre, la reducción del tiempo de paseo suele derivar en un menor gasto calórico general, por lo que se debe ajustar la ración diaria para evitar el sobrepeso.
Para compensar los paseos más breves, los veterinarios sugieren fomentar la actividad cognitiva y física dentro del hogar mediante juguetes interactivos, juegos de olfato con premios escondidos o pequeñas pistas de obstáculos caseras, garantizando así que el perro se mantenga estimulado sin exponerse a los rigores del clima exterior.
