El psicólogo Sebastián Núñez explicó en diálogo con ADNSUR por qué el encuentro entre la Selección Argentina e Inglaterra trasciende lo deportivo, abordando el peso de Malvinas, el valor simbólico del juego y el impacto emocional en los hinchas.
Cada vez que Argentina e Inglaterra vuelven a enfrentarse en una cancha de fútbol, el partido trasciende el resultado deportivo y despierta emociones que parecen difíciles de explicar únicamente desde el juego.
Para comprender ese fenómeno, ADNSUR dialogó con el psicólogo Sebastián Núñez, quien analizó cómo el deporte funciona como un espacio de identificación colectiva, donde se ponen en juego aspectos históricos, culturales y emocionales profundamente arraigados en la sociedad argentina.
Para el especialista, una de las claves está en la propia naturaleza del juego. «En Argentina decimos ‘vamos a jugar al fútbol’, pero pocas veces nos detenemos a pensar qué significa realmente jugar. El juego tiene una característica muy particular: quien juega, juega en serio», explicó. En ese sentido, sostuvo que esa lógica se observa desde la infancia y continúa presente durante toda la vida.
Núñez señaló que, en los niños, el juego cumple una función fundamental porque permite elaborar experiencias que muchas veces resultan difíciles de comprender. «Cuando un chico atraviesa una situación que lo impacta, muchas veces después la representa jugando. Es una forma de transformar una realidad que vivió pasivamente en una experiencia donde puede participar activamente», indicó. Según explicó, esa misma dinámica permanece en la adultez a través del arte, los deportes y otras actividades que despiertan una fuerte implicación emocional.
Desde esa perspectiva, el psicólogo consideró que un partido como Argentina-Inglaterra adquiere una carga simbólica especial porque no se limita a un encuentro deportivo. «Sabemos racionalmente que mañana no se juegan las Islas Malvinas, pero simbólicamente algo de eso aparece. El deporte tiene muchas metáforas vinculadas al enfrentamiento, a la competencia y a la superación del rival, y todo eso hace que las personas depositen allí emociones que exceden el resultado», explicó.
Durante la entrevista también se refirió al peso que la Guerra de Malvinas mantiene en la memoria colectiva, especialmente en ciudades como Comodoro Rivadavia. «Hay personas que vivieron simulacros de bombardeo, apagones obligatorios o crecieron con ese miedo. Son experiencias que dejan marcas muy profundas y que permanecen abiertas con el paso del tiempo. Por eso, cada vez que aparece un partido contra Inglaterra, inevitablemente esa historia vuelve a hacerse presente», sostuvo.
No obstante, Núñez remarcó que el fútbol no modifica la realidad histórica, aunque sí puede convertirse en un espacio donde muchas personas canalizan emociones compartidas. «Si el resultado acompaña habrá alegría, si no habrá frustración, pero la realidad se transforma en otros ámbitos. El juego ofrece un momento para expresar y elaborar parte de todo eso, aunque no resuelva aquello que permanece abierto», afirmó.
Consultado sobre el enorme operativo de seguridad que suele desplegarse en este tipo de encuentros, el psicólogo explicó que esa intensidad responde justamente al enorme contenido simbólico que tiene el partido. «Cuando alguien participa emocionalmente de un juego, por un momento suspende esa mirada racional y vive ese espacio como si allí se pusiera algo muy importante en juego. El problema aparece cuando esa dimensión simbólica deja de funcionar y la violencia reemplaza al juego», advirtió.
También hizo referencia a la carga emocional que atraviesan los propios futbolistas. En ese sentido, interpretó que las declaraciones de Lionel Scaloni al insistir en que «esto no es una guerra» forman parte de una estrategia para reducir la presión que rodea al plantel. «La necesidad de aclarar que no tiene relación con Malvinas demuestra justamente que ese tema está presente. Es imposible que un jugador argentino no conozca esa historia o no esté atravesado por ella. Después cada uno gestionará esas emociones de distinta manera dentro de la cancha», analizó.
Finalmente, Núñez sostuvo que el fútbol continúa siendo uno de los espacios donde una sociedad proyecta sus alegrías, frustraciones y deseos colectivos. «En momentos difíciles, muchas personas encuentran en un partido una oportunidad para sentirse parte de algo común. Esa identificación explica, en gran medida, por qué un encuentro como Argentina-Inglaterra moviliza mucho más que noventa minutos de fútbol», concluyó.
