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Chubut recuerda a los héroes del Crucero Belgrano: la memoria une a El Maitén, Rawson y Comodoro

El hundimiento del ARA General Belgrano, ocurrido el 2 de mayo de 1982 durante la Guerra de Malvinas, dejó 323 tripulantes fallecidos. En Chubut, las historias de Pedro Torres, Fabián Pintos y Carlos Valdéz mantienen viva la memoria en distintas localidades.

El domingo 2 de mayo de 1982 a las 16:01 horas, el submarino nuclear británico HMS Conqueror lanzó tres torpedos Mark VIII contra el crucero ARA General Belgrano. Dos de ellos impactaron con precisión letal. En menos de una hora, el buque insignia de la Armada Argentina comenzó a hundirse en el frío Atlántico Sur, en una decisión del gobierno británico que gatilló el conflicto de Malvinas. Llevaba 1.093 tripulantes; de ellos, 323 perdieron la vida. Fue la mayor tragedia naval de la historia argentina y casi la mitad de los 632 caídos que dejó la Guerra de Malvinas.

El ataque ocurrió a 210 millas al sur de las islas, fuera de la llamada «zona de exclusión total» que el Reino Unido había impuesto de manera unilateral y arbitraria. Por eso, juristas, historiadores y organismos de derechos humanos califican el hundimiento como un crimen de guerra. El Belgrano no era un buque cualquiera: había sido botado en 1938 en los Estados Unidos con el nombre USS Phoenix, sobrevivió al ataque a Pearl Harbor en 1941, fue adquirido por Argentina en 1951 y rebautizado como ARA General Belgrano tras el golpe militar de 1955.

Antes de la guerra, el ARA General Belgrano solía visitar Puerto Madryn y Camarones. En esas ocasiones, los estudiantes de las escuelas locales tenían el privilegio de abordarlo, recorrer sus cubiertas, conocer a sus marinos y soñar con el mar. Esa tradición fue truncada por la guerra y por el torpedo británico. Lo que fue un espacio de encuentro educativo se transformó en una tumba de acero en el fondo del océano. El hundimiento continúa como una herida cultural y emocional que aún no cicatriza en pueblos como El Maitén, Rawson y Comodoro Rivadavia.

Entre los 323 caídos hay historias que merecen ser contadas una por una. Una de ellas es la de Pedro Ángel Torres, nacido en Esquel en 1957 pero criado en El Maitén. Pedro trabajaba desde niño en una estación de servicio para ayudar a su familia. A los 17 años, en 1974, ingresó a la Armada en la ESMA. Su especialidad era mecánico electricista y su capacidad lo llevó a formar parte de la tripulación de la Fragata Libertad. Sus hermanos Patricia y Víctor Torres recuerdan que en cada regreso a casa Pedro llegaba cargado de regalos. Era el hermano mayor, el sostén afectivo y económico de la familia. Su plan, una vez que dejara la Armada, era radicarse en Trelew y trabajar como mecánico electricista en la Cooperativa Eléctrica. El destino quiso que nunca pudiera cumplir ese sueño. Hoy, su sobrino nieto Facundo Sepúlveda, de 18 años, lleva su memoria a la escuela. «Mis compañeros se ponen atentos cuando hablo de él», dice con orgullo. Participa en vigilias y actos. Para él, tener un tío abuelo héroe de Malvinas es un honor.

Otra historia que cruza fronteras es la de Fabián Pintos, oriundo de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires, pero cuya familia tiene profundas raíces en Chubut: su hermano Gabriel Pintos vive en Rawson desde hace 37 años. Fabián era radarista. Amaba el mar con una pasión que, según Gabriel, lo definía por completo. «Él estaba haciendo lo que amaba», aseguró. En su último diálogo entre hermanos en una confitería en febrero de 1982, Fabián le contó que estaban participando en un Operativo Unitas con la Armada de Estados Unidos y que luego irían al sur. Gabriel nunca imaginó que sería su despedida. Cuando ocurrió el hundimiento, tuvo que convertirse en el pilar de su familia. «Nunca pude llorarlo. Estaba ocupado siendo el sostén de mis padres», evocó. En 2009, pudo viajar a las Islas Malvinas y visitar el cementerio de Darwin. Allí entendió que su dolor no era solo íntimo: era colectivo. «Fabián ya no es solo mío, es de todos los argentinos», afirmó. Hoy, Gabriel es docente retirado de Educación Física y habla de su hermano con orgullo delante de la comunidad. «Los verdaderos héroes no se van, se multiplican», sentencia.

La tercera historia que entrelaza esta nota es la de Carlos Alberto Valdéz, nacido el 14 de diciembre de 1951 en Tinogasta, Catamarca. Su familia se radicó luego en Comodoro Rivadavia. Carlos ingresó a la Armada el 1 de agosto de 1968. Tuvo una larga trayectoria en distintos destinos, incluyendo la Base Naval Almirante Zar y el Crucero General Belgrano, al que volvió en sus últimos años. Su hermano Mariano Valdéz participó en un acto en el Destacamento Naval de Comodoro Rivadavia donde se descubrió una placa en su honor. Allí, el capitán de fragata Eduardo Gudiño destacó que Carlos era uno de los «323 valientes que se convirtieron en guardia de honor del Belgrano». La Municipalidad de Comodoro Rivadavia, por ordenanza 4.148/92, impuso su nombre a la calle Nº 5 del barrio Isidro Quiroga. El suboficial segundo post mortem Carlos Valdés es recordado cada 2 de mayo en la ciudad. Su historia, como la de Pedro y Fabián, demuestra que el hundimiento del Belgrano fue una tragedia que atravesó provincias, pueblos y familias enteras.

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