La próxima etapa de la exploración lunar tiene un acento patagónico. Gabriel Andrés Sanca, un ingeniero electrónico de 36 años nacido en Comodoro Rivadavia, es uno de los profesionales argentinos que colabora con la misión Artemis II de la agencia espacial estadounidense NASA. Este proyecto busca concretar el regreso de astronautas a la superficie lunar después de más de cinco décadas.
De los cerros de Rada Tilly al espacio
La infancia y adolescencia de Sanca transcurrieron entre Comodoro y Rada Tilly, donde recuerda con afecto los paseos por la playa, las partidas de fútbol y las salidas en bicicleta. Su última visita a la ciudad petrolera fue en julio de 2024, y ya planea un nuevo regreso al lugar donde forjó sus primeros sueños, que lo condujeron a un rol en uno de los proyectos espaciales más ambiciosos del presente.
Un aporte argentino a la carrera espacial
El ingeniero forma parte de un grupo de científicos que trabajó en la fabricación de un satélite de carga útil secundaria que será transportado por la misión Artemis. «Es algo lindo, estamos esperando», comentó Sanca en una comunicación virtual, refiriéndose al próximo lanzamiento. Destacó que, si bien el aporte no es crítico para el éxito general de la misión, representa un espaldarazo significativo para la tecnología nacional.
«Que nuestro satélite esté ahí implica que hemos cumplido con los estándares internacionales más exigentes para participar en una misión tripulada», explicó. Este logro posiciona a la ciencia argentina, a través de universidades públicas como la Nacional de La Plata y la Nacional de San Martín, en un momento histórico de la exploración espacial global.
El camino desde la Patagonia
Su vocación por la ingeniería surgió en la adolescencia, influenciada por su padre, también ingeniero, y por la pasión compartida por el automovilismo. Inicialmente se inclinó por la mecánica, pero un giro inesperado lo llevó a la electrónica. «Con unos amigos teníamos una banda y armamos un efecto para la guitarra. Ahí dije: ‘Quiero estudiar electrónica'», relató sobre el momento clave que definió su carrera.
Tras iniciar sus estudios en Comodoro, continuó su formación en Buenos Aires. Fue en la facultad donde, a través de un grupo de estudio y fútbol, se vinculó con el mundo de la investigación que finalmente lo condujo a proyectos de alta complejidad tecnológica.
Un orgullo con raíces locales
Para Sanca, su historia personal y profesional está indisolublemente ligada a sus orígenes. «Para mí es todo lo mismo; me siento perteneciente a algo», afirma al hablar de su identidad. Su trayectoria demuestra cómo el talento formado en la Patagonia puede proyectarse y alcanzar metas de relevancia internacional, contribuyendo al avance científico desde uno de los centros de investigación más prestigiosos del mundo.
