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Malabia diversifica su negocio ante una crisis que supera a la pandemia

En medio de un escenario económico nacional complejo, la empresa textil Malabia implementa una transformación estratégica para mantener su operación. Su fundador, Francisco Lostalo, asegura que la situación actual del consumo es incluso más adversa que la vivida durante la emergencia sanitaria por Covid-19, lo que obliga a una reestructuración profunda del modelo de negocio.

Uniforme corporativo como pilar estratégico

Una de las apuestas centrales para diversificar ingresos es la unidad de uniformes para empresas. Este segmento, desarrollado desde hace más de tres años, ha ganado un rol protagónico. La propuesta se distingue por utilizar telas y diseños similares a los de la ropa de moda que comercializan en sus locales, buscando que la prenda laboral sea percibida como un beneficio y no como una obligación por parte del empleado.

El servicio incluye una amplia variedad de talles, asesoramiento según la actividad y servicio postventa. En la actualidad, Malabia provee a más de cincuenta clientes, entre los que se encuentran concesionarias de autos, instituciones profesionales y centros de salud, y planea incursionar en líneas específicas como indumentaria masculina corporativa y ropa de trabajo industrial.

Reconfiguración comercial y producción internacional

La compañía ha ajustado su red de ventas al contexto. Opera con cuatro locales en la ciudad de Córdoba –uno de ellos reconvertido en outlet– y no proyecta aperturas nuevas en el corto plazo. El foco está puesto en la rentabilidad de los puntos existentes y en mejorar la experiencia en ellos. El canal mayorista y el comercio electrónico complementan esta estructura, reduciendo la dependencia del retail tradicional.

Prueba piloto en China

En busca de mayor competitividad, Malabia inició una prueba de producción en China, concentrada en prendas de alta complejidad técnica como abrigos y artículos de sastrería. Lostalo aclara que el objetivo principal no es el abaratamiento de costos, sino ganar velocidad y escala de fabricación. «Podemos producir miles de unidades en un mes, un proceso que a nivel local podría demandar hasta cuatro veces más tiempo», explicó. No obstante, el ahorro final neto, tras considerar impuestos y logística, sería limitado.

Diagnóstico de un sector en dificultades

El análisis del empresario sobre el mercado es claro: el núcleo del problema es la fuerte contracción del consumo. «La frecuencia de compra del cliente se redujo a la mitad», afirmó, destacando que a diferencia de la pandemia, hoy no hay un deseo de compra postergado, sino una restricción directa en el poder adquisitivo.

A este factor se suman, según Lostalo, los elevados costos financieros –con comisiones de medios de pago que pueden alcanzar el 20%–, una alta presión impositiva y la consecuente dificultad para preservar márgenes de rentabilidad. El fundador de Malabia cuestionó la ausencia de políticas que estimulen el consumo y alertó sobre el impacto social que la crisis tiene en toda la cadena productiva, especialmente en los talleres textiles.

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