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Quien compró dólar blue en enero hoy pierde frente al peso

Quien compró dólar blue el 2 de enero a $1.530 y lo mantiene hasta hoy, cuando el precio para la venta ronda los $1.440, registra una pérdida nominal cercana al 6%. Pero el dato relevante no es sólo la baja en pesos, sino su comparación con la inflación.
 

Según el último dato oficial del INDEC, el Índice de Precios al Consumidor subió 2,9% en enero. Para febrero, las consultoras privadas estiman un registro adicional de entre 2,3% y 2,9%. Con ese escenario, la inflación acumulada en el primer bimestre se ubicaría entre 5,4% y 5,9%.
 

En ese contexto, el dólar informal no logró ganarle a la suba general de precios. En el escenario más probable, incluso perdió poder adquisitivo frente al peso en lo que va de 2026.
 

Si se lo mira en términos concretos de consumo, la diferencia es aún más clara. El cálculo supone que las variables se mantengan relativamente estables hasta el cierre de febrero, ya que el mes todavía no concluyó. 

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Con $1.530 -el valor de un dólar blue a comienzos de enero- se podía adquirir una determinada cantidad de bienes que hoy, tras la inflación acumulada, costarían en torno a $1.610. Sin embargo, quien conservó esos dólares y decide venderlos ahora recibe alrededor de $1.440. Es decir, necesitaría unos $170 adicionales por cada dólar para sostener el mismo poder de compra que tenía a principios de año.
 

Comparación con plazo fijo: cuánto rindió quedarse en pesos
 

Si se compara con una alternativa simple en moneda local, la ventaja del peso también queda en evidencia. Un depósito a plazo fijo a 30 días realizado a comienzos de enero, con una tasa efectiva mensual promedio cercana al 2,2%, habría generado una ganancia aproximada de $22.000 por cada millón de pesos invertido.
 

En el mismo período, el dólar blue pasó de $1.530 el 2 de enero a $1.465 (precio comprador al 29 de enero), lo que implicó una pérdida nominal cercana al 4% para quien había comprado a principios de mes. Mientras el plazo fijo incrementó el capital en pesos, la posición en dólares informales se redujo en términos nominales.
 

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La diferencia puede verse más clara en un ejemplo concreto. Un pequeño ahorrista que el 2 de enero destinó $1 millón a comprar dólar blue a $1.530, pensando en financiar unas vacaciones en febrero, obtuvo unos 654 dólares. Si los vendía el 29 de enero, cuando el precio comprador era de $1.465, habría recuperado alrededor de $957.500, casi $42.500 menos que su inversión inicial. Y si liquidó el viernes 13 de febrero a $1.440, recibe cerca de $941.000.
 

En cambio, si hubiera colocado ese millón en un plazo fijo a una tasa promedio mensual cercana al 2,2% y renovado en febrero en condiciones similares, hoy tendría aproximadamente $1.044.000. La diferencia entre ambas decisiones supera los $100.000 en apenas seis semanas.
 

¿Qué es el “carry trade” y por qué hoy vuelve a mencionarse?
 

Detrás de esta diferencia entre el rendimiento en pesos y el dólar aparece una estrategia conocida en el mundo financiero como “carry trade”. No es un instrumento en sí mismo, sino una maniobra: consiste en vender dólares -o no comprarlos- y colocar los pesos en activos que paguen tasa, apostando a que el tipo de cambio se mantenga estable.
 

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Mientras el dólar no suba más que el rendimiento de esos instrumentos, el inversor gana por la tasa en pesos. 

En el actual esquema económico, varios analistas sostienen que el gobierno de Javier Milei incentiva indirectamente este comportamiento. Con tasas reales positivas en moneda local y un esquema cambiario que busca ajustar el tipo de cambio de manera previsible, acompañando la inflación y evitando saltos bruscos, se genera un estímulo para permanecer en activos en pesos. Esa dinámica contribuye a sostener la oferta de dólares financieros y ayuda a contener la presión cambiaria, una variable clave en una economía altamente dolarizada.
 

Sin embargo, el carry trade no es una estrategia libre de riesgos. Su rentabilidad depende de que el tipo de cambio permanezca relativamente estable. Si se produce un salto abrupto del dólar, la ganancia acumulada por tasa puede evaporarse en pocos días. Por eso suele describirse como una estrategia de corto plazo y recomendable sólo para inversores habituados al riesgo.
 

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Los instrumentos en pesos más mencionados por especialistas
 

Dentro de esta lógica, el plazo fijo es la versión más simple del carry trade. Pero en las mesas de renta fija y entre analistas financieros suelen mencionarse alternativas más sofisticadas que, en determinados períodos, ofrecieron rendimientos superiores en pesos frente a la evolución del dólar informal.
 

Entre los instrumentos más nombrados en las últimas semanas aparecen las Lecap (letras del Tesoro a tasa fija y corto plazo), los Boncap (bonos del Tesoro también a tasa fija, pero con vencimientos algo más largos), los bonos ajustados por inflación (CER o Boncer) -que actualizan capital según el IPC oficial- y los títulos dollar-linked, que ajustan según la evolución del tipo de cambio oficial.
 

En distintas licitaciones recientes, varios de estos papeles se adjudicaron con tasas efectivas mensuales que, bajo un escenario de estabilidad cambiaria, resultaron competitivas frente a la simple tenencia de dólares. 
 

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Se trata de instrumentos que se operan a través de una cuenta comitente en una sociedad de bolsa y que implican distintos niveles de riesgo, plazo y sensibilidad a la inflación o al dólar. Como siempre en mercados financieros, rendimientos pasados no garantizan resultados futuros. Como siempre aclaramos en este espacio, no buscamos hacer recomendaciones ni dar garantías de resultados, sino simplemente aportar información para que cada potencial inversor se asesore y busque las mejores opciones de acuerdo con el riesgo que esté dispuesto a asumir.
 

En definitiva, el arranque de 2026 mostró un escenario poco habitual para la economía argentina: el dólar informal no fue refugio frente a la inflación y las tasas en pesos resultaron más rentables en el corto plazo. Sin embargo, toda estrategia financiera implica riesgo. Para el pequeño ahorrista, la clave no es simplemente “ganarle al dólar”, sino entender cuándo la tasa compensa el riesgo cambiario y cuándo ese equilibrio puede cambiar.

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