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La reforma laboral no tiene legitimidad: paro activo y plan de lucha para tirarla abajo en Diputados

La reforma laboral esclavista no tiene ninguna legitimidad. Se vio este miércoles en el Congreso, cuando la represión no frenó la importante protesta. Milei y Bullrich mandaron a sus perros guardianes contra los trabajadores, las trabajadoras, los jubilados y jubiladas, y la juventud que reclamaba. Hubo gases, golpes, tiros. Pero la gente solo se retiró. Muy pronto volvió a la Plaza de los Dos Congresos. Y el repudio siguió: horas más tarde, hubo cacerolazos en distintos puntos del AMBA.

El Gobierno de Milei fracasó. Quería que la reforma laboral saliera sin cuestionamientos y sin reclamos. A lo sumo con alguna protesta “ordenada y calma” de la conducción de la CGT. No querían que la bronca social que viene creciendo asomara en el reclamo.

La conducción de la CGT hizo todo lo posible para conformar al Gobierno. Había estado negociando con Bullrich y Milei. Logró que el proyecto de reforma no toque sus intereses corporativos más inmediatos: ni los aportes a las obras sociales ni las cuotas solidarias en los sindicatos. Por eso llamó a movilizar sin paro nacional. Por eso hizo una marcha sin preparación y con columnas reducidas. Pero también fracasó.

La bronca contra esa tibieza se vio en la plaza. En cada canto pidiendo “paro general”. En las ganas de pelear que tenían muchas y muchos compañeros de base, cuando empezó la represión. En la simpatía y la buena onda con el Frente de Izquierda y otros sectores que resistieron gases, balas de goma y disparos de los hidrantes.

Este miércoles, la resistencia a la represión salió de la bronca. De esa que nace por el aumento constante de precios y las mentiras de Caputo. De la caída del salario, que la dirigencia sindical peronista no defiende. De los cientos de miles de puestos de trabajo que se vienen perdiendo desde hace dos años. De la precarización laboral, que cada día se hace más aguda, con gente que tiene dos, tres o hasta cuatro trabajos para intentar llegar a fin de mes.

Es la bronca contra esa dirigencia sindical peronista, más ocupada en sus propios negocios, o en la rosca política de un partido en crisis, que en pelear mínimamente contra los ataques del Gobierno y los empresarios. Un partido que, además, tiene muchísimos “traidores”, entre gobernadores, senadores, diputados y quienes se van vendiendo para que Milei tenga garantizada su política de ajuste.

La reforma laboral no tiene legitimidad. Por más que tenga media sanción en el Senado. Por más que todas las empresas periodísticas la defiendan. Por más que Milei y Bullrich tuiteen 100.000 veces a favor. Está herida y ahora hay que tirarla abajo.

Y para eso hay que preparar el camino de una gran rebelión nacional. De una huelga general que paralice la actividad económica del país, al mismo tiempo que las rutas y las avenidas de todo el territorio nacional se llenan de cortes de y piquetes. Una protesta enorme, masiva, con cientos de miles o millones marchando en cada ciudad, luchando hasta tirar abajo esta ley esclavista.

Esa pelea hay que prepararla. El PTS-Frente de Izquierda lo viene haciendo desde hace meses. Con una campaña intensa de su militancia en todo el país a lo largo de enero; con afiches, pintadas, agitaciones y marchas; con la denuncia permanente que hacen sus referentes como Myriam Bregman y Nicolás del Caño. Esa pelea también tuvo lugar este miércoles, cuando la resistencia enfrentó la represión.

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Ahora, hay que preparar una jornada de lucha capaz de tirar abajo la reforma. El Gobierno quiere hacer que la ley se trate en Diputados el 25 de febrero. Quedan dos semanas para organizar una gran lucha. Empezando en cada lugar de laburo, con asambleas o reuniones de agrupaciones, que discutan como imponer un paro activo a las conducciones sindicales. Con reuniones, asambleas o encuentros en cada facultad, terciario o secundario de todo el país. Porque el movimiento estudiantil tiene que ponerse de pie para esta pelea. Con encuentros del movimiento de mujeres. De las y los artistas. Del movimiento ambientalista. De todos y todas quienes quieran pelear.

Cuenta regresiva. La pelea para enterrar la reforma laboral de Milei, el FMI y las grandes patronales empezó.

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