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3 de Enero: Una fecha maldita para la soberanía de América Latina

El 3 de enero se inscribe en el calendario latinoamericano como una fecha de luto soberano. Mientras Argentina conmemora los 193 años de la usurpación británica de las Islas Malvinas, el continente despierta con la noticia de una invasión estadounidense a Venezuela. Dos agresiones separadas por casi dos siglos pero unidas por un mismo patrón imperial.

Este sábado, fuerzas especiales de los Estados Unidos iniciaron una operación militar de gran escala que terminó con la detención del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.

Según confirmó el presidente de EEUU, Donald Trump y sus generales en una conferencia de prensa; la unidad interviniente – Delta Force- recibió entrenamiento especializado del Special Air Service (SAS) británico.

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Red social Truth @realdonaldtrump

A 193 AÑOS DE LA USURPACIÓN DE MALVINAS

El 3 de enero de 1833, el Comandante británico James Onslow, al mando de la corbeta HMS Clío, intimó al comandante argentino a arriar la bandera argentina y retirarse en un lapso de 24 horas, caso contrario procedería a hacerlo por su cuenta. Aquel acto de fuerza, contrario al derecho internacional de la época, marcaría un punto de quiebre fundamental en la historia de las Islas Malvinas y el vicio de origen de la posesión ilegal británica hasta la fecha.

Tras el ataque de la fragata estadounidense USS Lexington a Puerto Soledad en diciembre de 1831, las autoridades de Buenos Aires tomaron varias medidas para reconstruir y repoblar la colonia.

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Este accionar de EEUU en el Atlántico sur llamó la atención del almirantazgo en Londres, al igual que el progreso del establecimiento de Puerto Soledad. Frente a ello, el gobierno británico decidió el envío de un buque de guerra, la corbeta británica HMS Clío, con 18 cañones y al mando del comandante John Onslow a Puerto Egmont. Luego de haber tomado posesión de Puerto Egmont el 23 de diciembre de 1832, Onslow se dirigió a Puerto Soledad y procedió a la expulsión de las fuerzas argentinas existentes el 3 de enero de 1833. Cabe destacar que esta acción fue realizada de manera autónoma ya que en sus instrucciones nada se decía sobre dirigirse a la isla Soledad: sus instrucciones se limitaban a Puerto Egmont.

Onslow le informó entonces a Pinedo que tenía orden de tomar las Islas, izar el pabellón británico y que Pinedo debía arriar su pabellón en 24 horas y retirarse de las Islas bajo apercibimiento de hacerlo él mismo.

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Pinedo no aceptó arriar la bandera argentina, aunque sí estuvo dispuesto a retirar sus fuerzas dada la evidente superioridad militar de las fuerzas británicas. Gran Bretaña expulsó a la Argentina de las Islas en 1833: a sus autoridades y a una parte de la población (hombres, mujeres, niños y niñas). El hecho fundamental es que con ese acto de fuerza se impidió que la Argentina pudiera restablecer el asentamiento que con tanto esfuerzo había establecido en los años veinte.

El acto de fuerza británico fue una flagrante violación del derecho internacional de la época. Desde el punto de vista jurídico, cabía al Reino Unido respetar la integridad territorial de un Estado con el cual mantenía relaciones pacíficas. La obligación de respetar la integridad territorial de los Estados en tiempo de paz es inherente a la existencia de relaciones fundadas en el Derecho Internacional, cualquiera sea la época considerada. Al momento de la usurpación, no solo no había estado de guerra entre las partes sino relaciones de paz y amistad concretadas en un tratado.

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Las autoridades argentinas reaccionaron apenas conocida la noticia del acto de fuerza y expresaron su rechazo en una serie de sucesivas protestas a lo largo del S. XIX e incluso en el S. XX en el que Argentina logró su triunfo diplomático más importante.

La Resolución 2065 de la ONU de 1965 reconoció la existencia de una controversia y convocó a los Gobiernos de la República Argentina y Gran Bretaña a encontrar una solución pacífica teniendo en cuenta los intereses de los isleños.

Esto demuestra que no se atendían los deseos de los isleños y se excluyó la aplicación de la libre determinación para este caso en particular.

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Hoy, casi dos siglos después, la escena se repite con diferentes actores pero idéntica lógica. El ex secretario de Malvinas de la Cancillería Nacional, Guillermo Carmona, fue contundente: «La acción perpetrada en Venezuela por el gobierno de EEUU es una brutal agresión militar que implica la violación de la integridad territorial y la soberanía de un Estado hermano».

Carmona, – a través de su cuenta de X – estableció el paralelismo histórico: «El hecho ocurre un 3 de enero, día en que en la Argentina y en el mundo recordamos con dolor e indignación la invasión militar británica a las Islas Malvinas ocurrida en 1833. Los argentinos sabemos de las secuelas que dejan este tipo de agresiones«.

El ex funcionario añadió: “Se trata del mismo imperialismo de las grandes potencias que se manifiesta con la misma prepotencia y brutalidad contra la independencia, la soberanía y la integridad territorial de otros Estados».

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«Como argentino y como latinoamericano me sumo al repudio de todos los que en el mundo levantan su voz contra esta acción militar deleznable, ilegal y brutal de EEUU contra un Estado integrante de nuestra Patria Grande», denunció Carmona.

Por su parte, el ex ministro de Defensa, Jorge Taiana, recordó en Infobae “en vísperas de un nuevo aniversario de aquella ocupación, el presidente Milei concedió una entrevista al diario británico The Telegraph, en la que manifestó su intención de visitar el Reino Unido con el objetivo principal de negociar el levantamiento del bloqueo a la compra de armamento impuesto a la Argentina tras el conflicto del Atlántico Sur. Además, en la misma nota, Milei sostiene que el territorio debería ser devuelto mediante una negociación y cuando los habitantes de las islas así lo deseen”.

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“Estas declaraciones implican una ruptura significativa respecto de la posición histórica sostenida por nuestro país en materia de soberanía, al tiempo que desconocen el marco jurídico que la sustenta”, reprochó.

“Afirmar, como lo hace el Presidente de la Nación, que la integridad territorial argentina debe subordinarse al deseo de los isleños desconoce el carácter territorial de la disputa, a la vez que implica una posición violatoria de la Constitución Nacional que establece como un objetivo permanente e irrenunciable la recuperación y el ejercicio pleno de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sándwich del Sur y sus espacios marítimos correspondientes respetando el modo de vida de sus habitantes y el derecho internacional”, alertó.

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VENEZUELA EN 1982: “USTEDES PIDAN, NOSOSOTROS RESPONDEREMOS”

La solidaridad histórica entre Argentina y Venezuela adquiere hoy renovada vigencia. En 1982, durante la guerra de Malvinas, Venezuela -bajo el gobierno del presidente Luis Herrera Campins- mantuvo un firme apoyo a la posición argentina.

Ese respaldo se mantuvo vigente a lo largo de los años y constituye un testimonio importante porque se trató de un país latinoamericano al que gobernaba un presidente democrático.

La invasión a Venezuela representa una escalada peligrosa en el hemisferio que recuerda los peores momentos de la doctrina de intervención estadounidense en América Latina.

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La Constitución Nacional argentina establece como objetivo «permanente e irrenunciable la recuperación y el ejercicio pleno de la soberanía sobre las Islas Malvinas». Este principio debiera extenderse, por coherencia histórica y solidaridad regional al rechazo de cualquier agresión similar contra naciones hermanas.

El paralelismo entre ambos eventos no es casual sino causal. Responde a una lógica de poder que considera a América Latina como espacio disponible para la imposición de intereses foráneos.

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De la ocupación de Malvinas al bloqueo de Cuba, de la invasión a Panamá a la agresión actual contra Venezuela.

El principio de no intervención y las resoluciones de América Latina como zona de paz y cooperación – consagrados en múltiples tratados internacionales – sufren hoy su prueba más dura. El ataque a Venezuela ocurre mientras el mundo recuerda la invasión de las Islas Malvinas de 1833 que, como señaló la Cancillería, fue «contrario al derecho internacional de la época».

El 3 de enero de 2026 quedará registrado como el día en que dos heridas históricas se superpusieron: la usurpación británica y la nueva agresión estadounidense en una trágica continuidad histórica que demuestra que la lucha por la soberanía en América Latina sigue siendo una batalla pendiente y actual.

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EL DÍA QUE LOS COMANDOS ARGENTINOS SORPRENDIERON A LA UNIDAD ESPECIAL BRITÁNICA QUE FORMÓ A LOS SOLDADOS DE EEUU QUE ACTUARON EN VENEZUELA

El entrenamiento del SAS a fuerzas estadounidenses revela la continuidad de una estrategia geopolítica coordinada entre las potencias occidentales. Lo que en 1833 fue la corbeta Clío y en 1982 fueron los Harrier y el SAS hoy se materializa en los Delta Force con el respaldo operativo británico.

La conexión histórica es perturbadora: ese mismo cuerpo de élite combatió frente a los comandos argentinos durante la guerra de Malvinas en 1982.

El 10 de junio de 1982, ya casi sobre el final de la guerra, al norte de Puerto Howard en la isla Gran Malvina se produjo un enfrentamiento entre una patrulla de la Compañía de Comandos 601 del Ejército y una patrulla del S.A.S. (Special Air Service), al mando del capitán Gavin John Hamilton. Fue una particular acción entre tropas especiales, compuestas por oficiales y suboficiales, altamente capacitadas para actuar, principalmente, tras las líneas enemigas. En el Conflicto del Atlántico Sur, el Ejército participó con las Compañías de Comandos 601 y 602.

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Cerca del mediodía del citado día, el teniente primero José Martiniano Duarte, los sargentos Eusebio Moreno y Francisco Altamirano, y el cabo Roberto Díaz, tenían la presunción de que durante el patrullaje algo ocurriría.

En diálogo con Perfil, Duarte, relató “de regreso a Puerto Howard veníamos muy sigilosos y cuando empiezo a dejar una pared de piedra a la izquierda que era como una laja gigante, escucho una comunicación de radio en inglés del otro lado de las piedras. Me paro y le hago señas a Moreno tocándome el oído. Retrocedimos y nos sacamos las mochilas. Moreno toma una granada, le saca el seguro y yo le tomo la mano para detenerlo. En una fracción de segundo pensé todas las posibilidades y una de ellas era que podían ser isleños. Pero resultó ser la patrulla del capitán Hamilton (jefe del Escuadrón 19 del S.A.S)”.

“De pronto, veo a un soldado arrastrándose hacia nosotros, era morocho con bigotes y tenía un pasamontaña verde oliva que me resultaba familiar (después me enteré de que la prenda era de la Infantería de Marina Argentina y que ellos lo habían tomado en las Georgias)”, agregó.

“Me asomo -estábamos a unos ocho metros- y les grité (en inglés): ¡argentino o inglés (…) Salgan con las manos en alto!). El hombre pega un salto al costado y nos dispara una ráfaga con su fusil automático AR15. Entonces Moreno tira la granada y empieza el combate. Fuego de un lado y del otro, nos tiran una granada que cae muy por detrás nuestro. Yo trataba de apreciar cuántos nos disparaban. Nuestra ventaja era que los habíamos sorprendido antes”, aseguró.

“Durante el enfrentamiento, cayó herido de muerte uno de ellos; en un momento veo que salen hacia mi flanco izquierdo, eran dos, nos tiraban y se movían hasta que uno de ellos se desploma (era el capitán Hamilton) y cuando el otro corre para ocupar una nueva posición y lo ve al jefe desplomarse, tira el fusil, levanta los brazos y se pone a gritar como loco, en una clara señal de que se había rendido”, señaló.

“La patrulla desplazó el fuego y le gritamos: “¡Come here!». Asustado, se acercó con paso inseguro y suplicando. Lo pongo de rodillas, lo interrogo, y como no quería darme la espalda yo le muestro el seguro de mi fusil para tranquilizarlo y le dije: ¡Prisioner of war, Geneve Convention! (¡Prisionero de guerra, Convención de Ginebra!). Se trataba del cabo Roy Fonseca. Le grité a Moreno que fuera hasta el caído y me confirma con señas que estaba muerto”, detalló.

“Una vez que comprobé que ya no había resistencia enemiga, ordené que se tomara todo lo que se pudiera de los elementos del enemigo e iniciamos el regreso con el prisionero. También decidí que íbamos a dejar el cadáver y que lo rescataríamos al día siguiente. Caminamos ocho kilómetros hasta Puerto Howard. Muy pronto empezaron a pasar rasantes los Harrier que estaban buscando a la patrulla del S.A.S., lo que nos obligó a ponernos cuerpo a tierra. A la mañana, saliendo para el entierro en el cementerio de Howard formé con mi sección un cordón de honor, y le rendimos honores como a un soldado que combatió valientemente”, completó José Duarte en el recuerdo de una historia impactante.

La solidaridad que Venezuela demostró en 1982 exige hoy reciprocidad. La coherencia de principios, la defensa del derecho internacional y la memoria histórica constituyen el único camino posible para enfrentar los desafíos que, 193 años después, siguen amenazando la integridad territorial, soberanía, democracia y paz de nuestros pueblos.

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