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Tierra del Fuego: producción electrónica creció de 8,9 a 10,9 millones de unidades entre 2024 y 2025

Las fábricas fueguinas registraron un aumento en la producción de televisores, aires acondicionados y celulares, pero el contrabando de celulares y la diversificación de las empresas redujeron el peso de la isla en sus negocios del 90% al 30%. La industria enfrenta caída del empleo y menor incidencia en los precios locales.

La producción de electrónica en Tierra del Fuego pasó de 8,9 millones de unidades en 2024 a casi 10,9 millones en 2025 en los tres segmentos principales: televisores, aires acondicionados y teléfonos celulares. Los datos corresponden a la Asociación de Fábricas Terminales de Electrónica (Afarte), en base a información de la Secretaría de Industria de Tierra del Fuego.

El sector atribuye el aumento a un convenio de paz social firmado por las empresas para no despedir trabajadores, lo que mantuvo elevada la capacidad instalada y generó sobrestock de productos. Según la entidad, más producción no equivale a más demanda.

En el panorama general de la industria, entre enero y julio la producción industrial cayó 2,6% respecto del mismo período de 2025 y quedó 18,7% por debajo del máximo de noviembre de 2017. La fabricación fueguina total sumó 3,7 millones de unidades en siete meses, cuando en todo 2025 había superado los 10 millones.

El celular, el eslabón más golpeado

El problema central son los teléfonos. Apretado por el contrabando y la subfacturación más que por la apertura importadora o la caída del consumo, el mercado formal se achicó: en 2022 se produjeron 10,2 millones de smartphones y en 2025 apenas 6,1 millones. Hoy 4 de cada 10 celulares que ingresan al país lo hacen de manera ilegal. En la industria señalan que la baja a cero del arancel para importar celulares pesa menos que la venta en negro.

Ese combo golpeó el empleo y la actividad. La producción fueguina perdió protagonismo incluso para las empresas que operan allí: hace menos de una década la actividad dentro de la isla representaba entre el 90% y el 95% de los negocios de estos grupos; hoy explica entre el 30% y el 35%, según cada caso.

Diversificar para no quedar atados

Newsan, Mirgor, BGH, Radio Victoria, Solnik y Fapesa siguen instaladas en Ushuaia o Río Grande, pero todas abrieron otros frentes. Newsan, que factura unos US$2.500 millones al año, maneja más de 60 marcas, avanza en consumo masivo tras quedarse con marcas de P&G y se expandió en energía: junto a la familia Neuss formó Edison Energía, que opera distribuidoras eléctricas e hidroeléctricas y tiene participación en Transener. También construye un buque pesquero con una inversión de US$40 millones.

Mirgor, que facturó US$1.869 millones en 2025, redujo la electrónica del 82% al 31,2% de su negocio y volvió a su origen autopartista: se quedó con la totalidad de Neo Rodas Mercor, fabricante de llantas de aleación en Zárate, donde levantará una planta para producir 1,2 millones de unidades al año y facturar US$150 millones. Además proyecta un hotel seis estrellas en Ushuaia, con una inversión cercana a los US$50 millones.

Los mensajes de los empresarios van en la misma dirección. El CEO de Newsan, Luis Galli, aseguró que “no nos enamoramos de la producción ni de la importación; somos pragmáticos” y defendió el régimen: “El régimen de Tierra del Fuego tiene que seguir. Es como discutir al RIGI dentro de cuatro años”. El CEO de Mirgor, José Luis Alonso, fue más directo: “Tierra del Fuego es el core del negocio. Hoy no se puede prescindir de la actividad de la isla”.

Desde Afarte, la directora ejecutiva Ana Vainman admitió que “hoy la producción no está en su esplendor”, pero remarcó que “el espíritu es el de seguir más allá de la coyuntura” y que la voluntad del sector es “buscarle la vuelta”.

El impacto llega directo al empleo y a los precios. La isla sostiene miles de puestos de trabajo industriales y su producción incide en el valor de televisores, aires acondicionados y celulares que se venden en el país, además de los ingresos fiscales que el régimen aporta a la provincia. Si las fábricas pierden escala y se concentran en importar o diversificar hacia otros rubros, el riesgo concreto es menos empleo industrial y menos producción local.

Nota en base a Clarín, con asistencia de IA y editada por un redactor de ADNSUR.

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