El alojamiento, ubicado en una chacra de 53 hectáreas junto al río Chubut, fue fundado en 2001 por Marcela Plust y su familia. La propiedad data de 1910 y perteneció a una pareja de colonos galeses.
La Posada Los Mimbres, ubicada en Gaiman, cumplirá 25 años en octubre. El alojamiento funciona en una casa galesa construida en 1910, en una chacra de 53 hectáreas junto al río Chubut.
Marcela Plust es la propietaria. Nació en Buenos Aires y a los 10 años conoció Gaiman. Hace más de 30 años se radicó en el pueblo. Su abuelo, Jacobo Plust, llegó a Chubut en 1947 para trabajar como techista en la construcción del Cuartel Militar de Sarmiento.
«Mi abuelo era inmigrante, así que obviamente todos los trabajos eran una oportunidad para una mejor calidad de vida», declaró Plust.
Sus padres, Santiago Plust y Ester Pedrique, visitaron la región de luna de miel en 1970. En ese viaje conocieron a la familia Marras, con quienes mantuvieron un vínculo durante décadas. Diez años después regresaron con sus hijos y compraron la chacra que hoy es la posada.
La casa fue construida por David Beynon Williams y Gwen Jones, una pareja de jóvenes galeses que recibió 100 hectáreas del gobierno nacional. La propiedad incluía una barrera de tamariscos y tres nogales centenarios. Los Williams migraron a Choele Choel y luego volvieron a Gaiman. Archie Griffiths, heredero de esa familia, vendió la propiedad a los padres de Plust.
En 2001, luego del nacimiento de la primera hija de Plust, la familia inició el proyecto de alojamiento. Durante el reciclaje encontraron rollitos de revistas de 1900 en el contramarco de una ventana. Uno de ellos lleva impresa la leyenda «Holiday Cottages».
La posada cuenta con tres habitaciones con baño privado en la casa galesa y cuatro habitaciones con baño privado en otra construcción. El comedor se utiliza para desayunos, cenas y eventos. Las remodelaciones se realizaron respetando la estructura patrimonial.
Plust señaló que la posada atravesó períodos de convertibilidad y devaluación, la caída de cenizas del volcán en 2011 y la pandemia. «Gracias a Dios, hemos hecho una clientela por el boca a boca y ahora, con las redes sociales, con mucha clientela local de cercanía», afirmó.
La propietaria indicó que sus padres ya no trabajan en la posada y que actualmente cuenta con un equipo de trabajo. «Es un orgullo. Uno sigue aprendiendo todos los días y también es un agradecimiento a toda la clientela, a las agencias de viaje que han confiado en nosotros tantos años y también a mis padres, que fueron los que iniciaron todo», sostuvo.
