Jorge Martínez trabajó cuarenta años entre los telares y es testigo directo de la transformación productiva de la ciudad. Mientras las históricas fábricas cerraron sus puertas, el nuevo régimen de subzona franca busca reactivar los inmensos galpones vacíos con inversiones ligadas al mar.
El Parque Industrial de Trelew encierra entre sus paredes parte de la historia del desarrollo económico patagónico. Detrás de los inmensos portones que hoy buscan un nuevo destino productivo hay miles de familias que forjaron su vida al ritmo de las máquinas. Jorge Martínez, vecino histórico de Trelew, dedicó cuatro décadas al rubro textil.
Su historia personal comenzó en el año 1984, cuando salió del servicio militar e ingresó a un polo que vivía su mayor etapa de actividad. El ex operario recordó que en aquel tiempo la cantidad de trabajadores rondaba las 14 mil personas y el movimiento era incesante a toda hora. «Había de 5 a 7 colectivos dispuestos, llenos de trabajadores», relató al evocar sus primeros pasos en la fábrica Hilotex, donde el transporte urbano terminaba su recorrido para dejar a los operarios en la puerta de la planta.
En aquella época, los trabajadores cumplían jornadas de 12 horas y los especialistas más buscados, como los tejedores de primera línea, podían cambiar de empresa evaluando la mejor oferta salarial. Según relató Martínez, las horas extras permitían planificar a largo plazo. «Yo era muy joven, tenía 22 años y en poquito tiempo me compré mi primer auto», rememoró.
Esa prosperidad económica se extendía a toda la región y convertía a la ciudad en un destino para familias que llegaban desde la meseta, de otras provincias y de otros países. El ex delegado textil destacó que para ingresar al mercado laboral no se exigía título secundario y que cualquiera dispuesto a cargar camiones o trabajar arduamente podía salir adelante. Con el esfuerzo de ambos cónyuges en turnos rotativos, las parejas lograban comprar terrenos y edificar, a veces con apoyo de los sindicatos que entregaron viviendas a sus afiliados.
El escenario cambió a finales de los años ochenta y se agravó durante la década del noventa con la apertura de las importaciones. Fábricas como Modecra o Hilotex comenzaron a sufrir la competencia de productos asiáticos y brasileños. Martínez explicó que a los empresarios les resultaba más rentable mantener las plantas cerradas e importar sábanas o toallas terminadas para luego ponerles el sello nacional antes que sostener la producción local.
Hilotex cerró definitivamente sus puertas en la ciudad en el año 2010 tras un proceso de desgaste que redujo el personal progresivamente. Tras jubilarse con 60 años, Martínez reconoció que el rubro textil difícilmente vuelva a resurgir por los altos costos logísticos, aunque subrayó el nuevo destino que están tomando los viejos cascos fabriles.
Las naves industriales que alguna vez albergaron telares comienzan a ser reacondicionadas para responder a las nuevas demandas de la región. Martínez observó que el Gobierno y el sector privado están apostando a la pesca y ofrecen las antiguas instalaciones a las empresas del rubro. Esta reconversión encuentra impulso en la reciente reglamentación de la subzona franca, una herramienta diseñada para otorgar beneficios tributarios y mejorar la competitividad comercial.
El presidente de la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras, Agustín de la Fuente, valoró públicamente el acuerdo firmado para coadministrar el Parque Industrial Pesquero y tener voz y voto en la definición de las políticas públicas de la ciudad. El dirigente empresario subrayó la urgencia de avanzar con obras como la pavimentación y la creación de un playón para camiones, para ordenar el tránsito pesado y facilitar los controles sanitarios.
Desde el sector pesquero pidieron cautela ante el régimen de exenciones impositivas. De la Fuente advirtió que los proyectos productivos requieren tiempo para madurar y dependen de variables como la aprobación de líneas de crédito. «Hay que ser prudente», afirmó el titular de la entidad pesquera, al recordar que detrás de cada anuncio hay familias esperando una oportunidad laboral.
El Valle Inferior del Río Chubut celebra un nuevo Día de la Industria con su historia obrera y con la mirada en una reactivación. El desafío actual de las autoridades y el sector privado consiste en tomar el capital humano y la infraestructura heredada para transformarlos en un polo de desarrollo.
