En el marco del Día de los Trabajadores, la historia de Paola Sebero emerge como un testimonio de perseverancia, pasión y maternidad. Esta mujer oriunda de Temperley (provincia de Buenos Aires) se convirtió en una de las pocas conductoras de camión recolector de residuos urbanos en Rawson.
En el marco del Día de los Trabajadores, la historia de Paola Sebero emerge como un testimonio de perseverancia, pasión y maternidad. Esta mujer oriunda de Temperley (provincia de Buenos Aires) se convirtió en una de las pocas conductoras de camión recolector de residuos urbanos en Rawson. Pero su vida transitó a lo largo de una ruta sinuosa, llena de obstáculos que ella logró allanar al volante con gran determinación.
A los 13 años, Paola aprendió a manejar un Dodge Polara, un auto enorme y antiguo que manejaba a escondidas junto a su hermano. “Le robábamos el auto a mi papá”, confesó en diálogo con ADNSUR. Esa travesura infantil fue el primer acercamiento a una pasión que mantiene hasta la actualidad.
A pesar de haber nacido en Buenos Aires, Paola llegó al sur siendo apenas una beba de seis meses. Su padre, Juan Carlos Sebero, carnicero de oficio, recibió una oferta laboral en una cadena de carnicerías en Trelew. La otra opción era Australia, pero implicaba dejar sola a su esposa por un año. El sur ganó la batalla en esa oportunidad. “Si se iba a Australia tenía que dejar por un año a mi mamá, así que no quiso”, relata Paola sobre la decisión paterna. Esa elección marcó el destino de toda la familia.
Así, entre idas y vueltas —Trelew y Temperley—, Paola terminó radicándose definitivamente en Rawson a los 16 años. Vivió en una chacra, rodeada de tierra y vehículos. Allí, entre el campo y la necesidad, perfeccionó su manejo. El Dodge Polara fue su escuela y la zona de chacras se convirtió en el mejor entrenamiento. “Siempre me gustaron los autos antiguos, me fascina manejar”, afirmó con evidente emoción.
La vida no le regaló nada fácil. Paola trabajó desde joven limpiando casas hasta los 21 años. Luego fue radiooperadora de taxis y – a los 22 – obtuvo su carnet profesional para manejar taxis en Rawson. Recorrió cada calle, cada barrio y se ganó la vida con el volante como herramienta. También trabajó en una fábrica pesquera, en el puerto haciendo estiba, y hasta como clasificadora. “Todos fueron trabajos duros”, señaló.
Pero mientras ella transpiraba la camiseta, sus hijos crecían. Esteban, de 29 años; Raúl de 25; y Rain de 18, quien requiere atención especializada por su retraso madurativo. Otra batalla más en el camino de la vida de Paola.
En 1999, Paola entró a trabajar en el área de Tránsito de la Municipalidad de Rawson. Pero su pasión por los camiones la llevaba a insistir una y otra vez para ser conductora de los vehículos recolectores. “En esa época eran más machistas. No me dejaban porque era mujer”, recordó.
La vida la llevó a radicarse en Comodoro Rivadavia durante 10 años junto a su última pareja. La razón principal fue la salud de su hijo menor Rain, donde accedió a las terapias que requería para su tratamiento. Tras una década, regresó a Rawson porque su padre estaba grave. Pidió reincorporarse al Municipio y logró volver.
Finalmente – hace un año – se generó su gran oportunidad: la Subsecretaría de Servicios Públicos de Rawson la convocó para probar como conductora de camión recolector. Paola ya sabía manejar ese tipo de vehículos porque practicaba con los camiones en su propia casa. “Fui tres veces a la práctica y me dijeron que era suficiente porque era notorio que sabía manejar bien”, relató orgullosa. Su sueño comenzaba a convertirse en realidad: iba a poder conducir un camión recolector de residuos.
Hoy conduce un camión que recolecta bolsas verdes, ramas y tierra. Aunque al principio sintió asco, pronto se adaptó. “Después te acostumbras”, dice con crudeza y honestidad. El oficio la fue moldeando. Eso no significa que sea un trabajo fácil. Paola maneja sola, opera la pala y ayuda a sus compañeros a levantar bolsas. Sube y baja del camión unas 20 veces cada seis horas. El desgaste físico es brutal. A pesar del polvillo que le hizo sangrar la nariz durante una semana y de los vidrios que cortan las manos sin guantes, Paola no se rinde. “Amo lo que hago, me encanta”, subrayó.
Su pasión es más fuerte que la falta de recursos y que los prejuicios. En Rawson, hay otra mujer conductora que maneja un camión recolector de residuos comunes. Paola celebra que haya más mujeres choferes aunque lamenta que el machismo todavía esté presente en muchos gestos y decisiones.
Paola tiene una personalidad forjada en la adversidad. Desde pequeña, supo lo que era luchar. Su padre, Juan Carlos Sebero, le inculcó el sacrificio. “Gracias a él estamos acá y tenemos lo que tenemos”, aseguró con gratitud. Esa personalidad indómita también se refleja en su pasión por el automovilismo. “No miro novelas, los domingos miro las carreras”, confesó. Es hincha de Chevrolet (lleva un tatuaje que lo certifica) y disfruta cada fecha como si fuera una fiesta. El motor corre por sus venas.
Su sueño más profundo es poder recorrer el país manejando un colectivo de larga distancia o un camión de gran porte. “Sería feliz si una empresa me llama y me dice que viaje por el país”, suspira. “No tengo casa, no tengo nada que perder”.
