Un informe del CONICET revela que la pobreza en Chubut afecta al 30% de la población en ciudades como Comodoro Rivadavia, Rada Tilly y Rawson-Trelew, y que cada vez más trabajadores con empleo formal necesitan ingresos adicionales.
“Hay directores de escuela manejando un Uber fuera de su horario de trabajo”: la frase no es una exageración ni una metáfora. Es, según el investigador del CONICET Gonzalo Álvarez, una postal concreta de la crisis social que atraviesa Chubut y que expone cómo la pobreza dejó de estar asociada únicamente a la falta de empleo para instalarse también entre quienes tienen trabajo formal.
En diálogo con Ya Sabés, el especialista trazó una radiografía sobre la situación en ciudades como Comodoro Rivadavia, Rada Tilly y el conglomerado Rawson-Trelew. Según explicó, los últimos datos de la Encuesta Permanente de Hogares del segundo semestre de 2025 ubican la pobreza en torno al 30% y la indigencia cerca del 5% en esos núcleos urbanos. Pero, más allá de los números, advirtió que el problema es estructural y viene profundizándose en los últimos años, con impactos especialmente graves en niños, adolescentes y jóvenes.
Álvarez remarcó que uno de los datos más alarmantes es el crecimiento de la pobreza en las nuevas generaciones. “Más de la mitad de los jóvenes y adolescentes de nuestro país están en una situación de pobreza”, sostuvo, y alertó que ese escenario no puede naturalizarse. Explicó que cuando se analiza la situación por edades, los índices empeoran notablemente entre los más chicos, con una incidencia aún mayor en mujeres jóvenes y adolescentes.
Este fenómeno tiene consecuencias a largo plazo: la falta de una alimentación adecuada en etapas clave del desarrollo impacta directamente en las capacidades físicas e intelectuales futuras. “Cuando una niña o un adolescente no se alimenta bien, las posibilidades de desarrollo se reducen de forma dramática desde el inicio”, explicó, al tiempo que definió este escenario como “un drama social” que debería ocupar un lugar central en la agenda pública.
Uno de los aspectos que más preocupa al investigador es la transformación del concepto de pobreza en la Argentina. Mientras que décadas atrás estaba fuertemente ligada a la desocupación, hoy convive con el empleo formal. “Hoy tenemos operarios de empresas como Aluar manejando Uber después de su jornada laboral, o directores de escuela haciendo lo mismo”, graficó. Esta situación evidencia una precarización creciente y un deterioro del poder adquisitivo que obliga a buscar ingresos adicionales para llegar a fin de mes.
En muchas localidades de la provincia se detectan redes de asistencia alimentaria sostenidas por vecinos, donde muchas familias dependen de ayuda constante para poder comer, en un contexto donde el acceso a alimentos básicos —y especialmente a proteínas— es cada vez más limitado. Para Álvarez, el escenario actual refleja una problemática profunda que no solo afecta el presente, sino que compromete el futuro. “Estamos generando dificultades estructurales para alimentarse adecuadamente, y eso impacta en toda la sociedad”, advirtió.
La conclusión es contundente: la pobreza en Chubut ya no es un fenómeno marginal, sino una realidad extendida que atraviesa a distintos sectores y que, lejos de mejorar, muestra señales de agravamiento.
