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El bosque sumergido del lago Traful: un paisaje único que cautiva a buzos y fotógrafos

A 30 metros de profundidad en el lago Traful, Neuquén, se conserva un bosque arrastrado por un desmoronamiento en 1960. La fotógrafa submarina Romina Giorno relata la experiencia de bucear en este entorno singular y la importancia de su preservación.

En el corazón de la Patagonia, el lago Traful esconde uno de los paisajes más impactantes de la región: un bosque sumergido que permanece intacto a unos 30 metros de profundidad. Allí, entre troncos que parecen suspendidos en el tiempo, se sumerge cada año Romina Giorno, una buceadora y fotógrafa que transformó ese escenario en su forma de vida.

La historia de este bosque comienza con un desmoronamiento ocurrido en 1960 en el cerro Bayo, que arrastró parte de la vegetación hacia el fondo del lago. Desde entonces, las bajas temperaturas y la pureza del agua conservaron los árboles en pie, generando una imagen que desafía la lógica: troncos erguidos, raíces firmes y ramas que buscan la superficie en un silencio absoluto.

Giorno, que dejó la arquitectura para dedicarse a la fotografía submarina, describe el lugar como un espacio único. “Se puede ver desde la superficie, pero si te sumergís, la experiencia cambia completamente”, explica sobre un recorrido que alcanza casi los 30 metros de profundidad.

El acceso al bosque sumergido implica una travesía de unos ocho kilómetros en lancha desde la orilla. Una vez en el punto exacto, el paisaje comienza a revelarse incluso antes de entrar al agua. Los árboles aparecen nítidos gracias a la transparencia del lago, generando una escena que parece detenida en el tiempo.

Para quienes tienen experiencia en buceo, el recorrido se vuelve inmersivo. La sensación es la de avanzar entre columnas antiguas, con luz filtrándose desde la superficie. El silencio es casi total, interrumpido únicamente por la respiración bajo el agua.

Las condiciones no son simples. La temperatura ronda los 16 grados en verano y la luz es limitada. Además, el agua, mucho más densa que el aire, dificulta la toma de imágenes. Por eso, Giorno recomienda sumergirse cerca del mediodía, cuando los rayos solares caen de forma vertical sobre el bosque. Aun así, aclara que no es necesario contar con equipos profesionales. Las imágenes pueden capturarse incluso con celulares, utilizando compartimentos especiales para protegerlos del agua.

El vínculo de Romina con la fotografía submarina comenzó en un viaje al Caribe mexicano. Desde entonces, no dejó de bucear ni de registrar imágenes en distintos escenarios del mundo. Junto a su pareja, creó una escuela donde combinan enseñanza de buceo y fotografía, y organizan experiencias en destinos internacionales.

Sin embargo, el lago Traful mantiene un lugar especial. Cada inmersión en el bosque sumergido es, para ella, una experiencia casi meditativa. “El silencio es total, no pienso en nada. Es como borrar todo y concentrarse en la imagen”, relata. Además de la Patagonia, ha tenido contacto con especies como ballenas jorobadas y tiburones martillo en distintos océanos, en experiencias que forman parte de los llamados “safaris submarinos”.

Más allá de la experiencia, la fotógrafa también pone el foco en la importancia de preservar los ecosistemas acuáticos. Durante sus inmersiones, advierte la presencia de residuos que no pertenecen al entorno natural. En ese contexto, el bosque sumergido del lago Traful no solo representa un atractivo turístico, sino también un recordatorio del valor de los ambientes naturales. Cada imagen que captura busca documentar ese equilibrio y visibilizar un paisaje que permanece oculto bajo el agua.

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