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El doble crimen de los Barrionuevo: un caso sin resolver en la historia de Comodoro Rivadavia

A fines de los años 80 y principios de los 90, la familia Barrionuevo fue víctima de dos crímenes que conmocionaron a Comodoro Rivadavia. La investigación, que nunca llegó a esclarecerse por completo, dejó un legado de preguntas sin respuesta.

La historia de la familia Barrionuevo es un caso real ocurrido en Comodoro Rivadavia entre fines de los años 80 y principios de los 90. Se trata de dos crímenes que nunca fueron completamente resueltos por la justicia.

Ricardo Barrionuevo, un transportista de 57 años y socio gerente de la empresa Transportes «Comodoro», fue secuestrado el 8 de abril de 1987. Su esposa, Ramona García, notó su ausencia cuando no regresó a su casa a la hora habitual. Tras 25 días de búsqueda, su cuerpo fue hallado el 4 de mayo en la zona de ‘El Trébol’, a 25 kilómetros al oeste del centro de Comodoro Rivadavia. Presentaba signos de tortura y estrangulamiento. Los secuestradores nunca pidieron rescate y, tras el crimen, desapareció su maletín con documentación clave de la empresa.

Las hipótesis sobre el crimen incluyeron rivalidades empresariales, conflictos en el sector del transporte y hasta el posible descubrimiento de actividades ilícitas. La prensa de la época llegó a mencionar la actuación de una organización dedicada al crimen por encargo.

Ramona García, su esposa, no se conformó con las especulaciones. Se hizo cargo de la empresa e inició una investigación paralela, reuniendo documentos, pruebas y testimonios. Según relatos de sus hijos, Stella Maris Barrionuevo y Miguel Castro, estaba cerca de «descubrir todo» cuando, el 31 de julio de 1991, fue engañada para salir de su casa, secuestrada, golpeada y abandonada en una zona al sur de Rada Tilly, donde falleció. Oficialmente, el caso se trató como un robo, pero durante el asalto a su vivienda desapareció la carpeta con toda la investigación sobre el asesinato de su esposo.

La familia también sufrió amenazas. Miguel Castro, hijo de Ramona, recibió amenazas telefónicas, disparos contra su casa y le quemaron dos autos, lo que lo llevó a abandonar Comodoro Rivadavia temporalmente. Tras el entierro de Ricardo, su hermano José recibió una llamada amenazante, lo que alimentó teorías sobre un ajuste de cuentas interno en la empresa. Los hijos creen que Ricardo pudo haber sido asesinado por error, dada su parecido con su hermano.

La investigación oficial enfrentó obstáculos como el «secreto de sumario» y la detención de tres hombres de Santa Fe, pertenecientes a una banda de asaltantes, en un contexto donde se intentó desviar la atención. El caso sigue siendo un capítulo sin cerrar en la historia judicial de la provincia.

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