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Un viaje que terminó en tragedia y el ataque de los dinosaurios: la huella de Los Monos a diez años de su paso por Chubut

Con el paso de los años, Lorena seguía sin recibir noticias de quienes le debían dinero al Pájaro. Incluso llegó a acusar a Guille, que para entonces se había convertido en el líder de los Cantero y ya estaba preso en la Unidad Federal 6 de Rawson. Ante sus reclamos, Guille consideró necesario reunirse con ella y con sus hijos para aclarar algunos de sus dichos. Los visitantes partieron desde La Granada en dos autos. A la altura de Bahía Blanca, sobre la Ruta 35, el conductor del Peugeot 208 perdió el control y volcó tras cruzar un paso a nivel. Una de sus ocupantes era Daiana Cantero, de dieciséis años, hija mayor de Lorena y el Pájaro, que falleció a las horas. El accidente fue el 21 de septiembre de 2016, cerca de las 15:30. Lorena Verdún viajaba en el auto de atrás. El nuevo duelo pospuso la visita y las aclaraciones familiares. El malentendido se volvió una pelota que no paró de crecer.

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La trágica escena es relatada en «Te hice pica, la historia no oficial de la Rosario narco», el libro de la editorial Orsai en el que el periodista Nahuel Gallotta reconstruye el recorrido criminal de Los Monos, una de las bandas más peligrosas del país, y las claves para entender la sangrienta guerra desatada en la ciudad santafesina alrededor de la venta de droga. 

La víctima del accidente fue una de las hijas de Claudio “El Pájaro” Cantero, el primer líder que tuvo la organización. Tras su asesinato, en mayo de 2013, se inició una saga de homicidios que bañó de sangre a Rosario. Ariel Máximo Cantero, conocido como “Guille”, se puso al frente de la brutal venganza y acumuló condenas judiciales por más de 120 años de cárcel. Pasó por distintos establecimientos penitenciarios. Uno de ellos fue la Unidad Federal N° 6 de Rawson, donde estuvo 10 meses durante 2016

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La cárcel federal de Rawson alojó a Ariel “Guille” Cantero, jefe de Los Monos, y varios de sus lugartenientes.

Ilustrativa

Su traslado a la Patagonia fue una mala noticia. No sólo porque lo alejaban de su Santa Fe natal, luego de que se detectaran drones sobrevolando la zona y se sospechara de un plan de fuga, sino porque -explica Gallotta en diálogo con ADNSUR– tenía muy en claro que la recepción en Chubut no sería la mejor.

“Para cualquier porteño, cordobés o rosarino, ir a Rawson no es algo bueno. Primero, obviamente, por la distancia. Pero también porque son penales de máxima seguridad, donde hay, como dicen ellos, muchos ”dinosaurios». Así le dicen a la gente que lleva muchos años presa, con condenas de perpetua. Es común que les roben todas las pertenencias y los extorsionen. También que los penitenciarios le marquen la cancha en cuanto llegan», detalla el autor de “Te hice pica”.

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Las diferencias no también de “estatus” entre los detenidos. “En el mundo del delito argentino, el estatus siempre lo tuvo el ladrón, el narco nunca fue respetado. Salvo en Rosario. Los rosarinos, al salir del ámbito provincial, van a parar a lugares donde el estatus lo sigue teniendo el ladrón. No importa si sos de Los Monos”, explica. En la la Unidad N° 6 de Chubut no estuvo solamente detenido “Guille” Cantero, sino también parte de sus segundas líneas.

“Guille” Cantero acumuló condenas por más de 120 años de cárcel.

Para graficar esa tensión, recuerda un hecho ocurrido en la cárcel de Rawson. “Los rosarinos habían hecho un arreglo para poder tener oro adentro del penal, algo atípico en el servicio federal. En una visita, les robaron el oro, no sólo a los rosarinos, sino a los familiares», cuenta.

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El viaje de las visitas también era un foco de conflictos que muchas veces escalaban de forma violenta. “Si tenían un problema con un preso, sabían que podían localizar fácilmente a los familiares cuando viajaban para verlo. Eso obligó a muchos rosarinos a ceder y pagar para tener protección. Incluso los de Buenos Aires les hacían pagar el pasaje de avión a sus mujeres», asegura. 

Tras la partida de Cantero, siguió habiendo miembros de las segundas y terceras líneas de “Los Monos” en la cárcel de Rawson. Eso les permitió forjar contactos con delincuentes locales, especialmente a través de las “ranas”, como se conoce en el ambiente carcelario a las mujeres que ingresan al penal como visitas y tienden puentes con el afuera.

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Sin embargo, el enfrentamiento entre los ladrones porteños y narcos rosarinos sigue latente. “Cuando llega un rosarino, se corre la bola en el penal. Los camiones llegan los fines de semana y los presos que ingresan van a parar a los buzones hasta el lunes. Ahí están todos pendientes de extorsionarlos”, cuenta una de las fuentes consultadas por el periodista para su libro, que ya tiene prevista una reimpresión y estará disponible en todas las librerías a partir de abril.

Negocio narco en el sur: menos volumen, precios más altos y redes que nacen en las cárceles

A diferencia de lo que ocurre en Rosario o en Buenos Aires, el negocio del narcotráfico en el sur argentino se mueve con otra escala, otras rutas y otra dinámica de contactos. Tras distintas investigaciones periodísticas, Gallotta explica que en la Patagonia no aparece un mercado de gran volumen ni estructuras que disputen el control territorial con la misma violencia que en Rosario, pero eso no significa que el circuito no exista: se sostiene con cargamentos más chicos, precios mucho más altos y una red que muchas veces se arma dentro de las cárceles federales.

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Uno de los rasgos centrales es económico. En el sur, la cocaína “se vende muy cara”, lo que vuelve atractivo el negocio pese a que el consumo no tiene el volumen de Córdoba, Santa Fe o el AMBA. Esa combinación explica por qué no suelen detectarse grandes cargamentos en rutas patagónicas: el abastecimiento se hace en cantidades menores, muchas veces por tierra, en autos, micros o encomiendas.

La otra particularidad es el rol de las cárceles federales como Rawson. Allí se cruzan presos de distintas provincias y se generan vínculos entre proveedores y compradores. “Es como una convención de narcos”, ejemplifica Gallotta. De esos contactos salen acuerdos para conseguir droga más barata, moverla a la Patagonia y revenderla con márgenes mucho mayores. El kilo que en Buenos Aires se vende a 3.500 dólares, puede valer más del doble en el sur del país.

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