La historia de Axel Adrián Chicui estaba atravesada por una certeza que sostuvo desde chico y que nunca abandonó. “Yo soy hombre de campo”, explicaba cuando le consultaban por su vestimenta gauchesca. Nacido en el barrio Ciudadela de Comodoro, criado en una familia trabajadora y rodeado de valores, eligió desde muy temprano un camino que sentía propio. Hoy, tras su muerte, ese modo de vivir y de ser es lo que más resuena en quienes lo conocieron y lo quisieron.
“Tati”, como lo conocían sus familiares y amigos, falleció la semana pasada tras caer de un caballo en una estancia rural de Rada Tilly, ubicada a unos 40 kilómetros de El Tordillo. El accidente ocurrió el 28 de enero, pocos minutos después de las 17. Los compañeros de trabajo vieron cómo Axel perdió el equilibrio, impactó contra el suelo y logró incorporarse.
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“Se sacudió la tierra, se acomodó la gorra y le entregó el animal a un amigo. Caminó unos pasos más y se desplomó. No volvió a levantarse”, contó a ADNSUR Mónica, su abuela.
Axel Adrián Chicui tenía 22 años. Murió tras caer de un caballo en un campo de Rada Tilly.
Hijo de Jésica y Gustavo, Axel creció aprendiendo el valor del respeto, el esfuerzo y el trabajo. Cuando su padre sufrió un accidente grave, Axel tenía apenas 11 años y, sin decirlo, “se puso la camiseta”. Acompañó, aprendió el oficio y salió a trabajar con él cuando pudo volver. A los 14 años ya hacía changas como albañil para dar una mano. “Siempre con responsabilidad, sin perder la humildad”, destacó “Mamá Moni”, como le decía su nieto.
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Su amor por el campo, un vínculo inquebrantable
El vínculo con el campo llegó al terminar la primaria, a partir de una amistad escolar. Primero fueron los fines de semana y después las tardes enteras, tras cumplir con la secundaria por la mañana. No era jinete de destrezas ni de exhibición: cuidaba los caballos, les daba de comer, los limpiaba, los acarreaba y acompañaba a los paisanos.
Después de terminar el colegio, se dedicó de lleno a la vida rural. “Vestía siempre como hombre de campo. Decía que así honraba a su patria y a su identidad”, recordó Mónica, con una entereza que impacta.
En el velorio de Axel juntaron donaciones que fueron entregadas al Hospital Regional.
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En medio de la tragedia, su familia eligió la solidaridad. Decidieron donar sus órganos y pidieron que, en lugar de flores, quienes asistieran al velorio realizaran donaciones para el Hospital Regional, donde falleció horas después del accidente. “A veces, en el dolor, pensamos solamente en nosotros y no pensamos en ayudar. Es una forma de honrar a nuestros seres queridos”, explicó.
Las cenizas quedarán en el campo, como él quería. “Había soñado con una yegua que le regalaron, con verla tener potrillos, con seguir esa vida. Un día antes del accidente llevó todas sus cosas de su casa para instalarse definitivamente en el campo. Se fue siendo lo que siempre quiso ser. Un paisano. Un campero”, concluyó la abuela de Axel.
