Fernando Camusso, economista y director de Rafaela Capital, puso el foco en el punto que hoy domina la conversación financiera: la capacidad del Banco Central para comprar reservas sin desordenar el resto de las variables. En una entrevista, explicó que el arranque de enero dejó señales más sólidas que diciembre, mes que, según su mirada, expuso tensiones entre tipo de cambio, inflación y tasas.
“En principio, me preocupó un poco diciembre”, reconoció a este medio. Y justificó por qué: “Diciembre fue un mes donde hay una especie de tríada entre controlar el tipo de cambio e inflación, que tuvimos un dato un poco inesperado, pero que debiera retomar el sendero hacia abajo, y tasas”. En ese esquema, señaló que el Tesoro y el Banco Central vendieron cobertura a instrumentos atados al dólar y, al mismo tiempo, retiraron pesos del mercado. En su lectura, ese mix tuvo un efecto directo: “Eso te va a generar subas de tasas, que fue lo que sucedió”.
A partir de ese diagnóstico, Camusso marcó un cambio de etapa. Dijo que enero ordenó la estrategia y la coordinación entre organismos, y que el mercado empezó a recuperar confianza. Sin embargo, advirtió que el objetivo final no es solo acumular dólares, sino lograr que el sistema financiero deje de operar con tasas volátiles y vuelva el crédito, condición que considera indispensable para que la economía crezca.
Diciembre tensionó el esquema y enero “ordenó” la coordinación para comprar reservas
Camusso sostuvo que en enero se corrigió parte del desorden del mes anterior. “Eso debía ordenarse, básicamente, en enero, y me parece que, más allá del dato de inflación que esperamos un poquito más abajo, realmente se ordenó un poco”, afirmó. Para él, el cambio principal es la coordinación operativa: “Vemos ahora sí al Banco Central y al Tesoro mucho más coordinados comprando reservas”.
En números, dio una referencia concreta sobre el ritmo de compras en el arranque del año: “El Banco Central, más o menos en lo que va de enero, tiene que haber comprado, con la compra de ayer, unos 560 millones”. Y completó con una lectura mensualizada: “Estás bastante arriba de mil millones mensualizados, con lo cual viene bien”.
También describió el rol del Tesoro como un segundo comprador, pero con otra lógica: “El Tesoro, por otro lado, ahora un poco más coordinado, comprando emisiones corporativas, en bloque”, explicó, al referirse a dólares que ingresan por colocaciones del sector privado.
Detrás de estas compras, Camusso ubicó un concepto que aparece como norte de la política económica: la remonetización. “Vamos un poco más a lo que en su momento el programa de remonetización que tanto el Tesoro como el Banco Central habían comentado”, sostuvo. En versión parafraseada, su idea es que si la demanda de dinero crece de manera genuina, el Estado puede comprar dólares sin provocar un salto inflacionario o un shock en tasas.
En ese marco, el economista planteó un objetivo anual probable, más prudente que los máximos teóricos: “Yo creo que no vamos a ir a 10.000, pero creo que entre 6 y 7 podemos estar este año 2026”, dijo, en referencia a millones de dólares de acumulación.
Riesgo país, confianza y el objetivo de volver al mercado internacional
Camusso vinculó la acumulación de reservas con un segundo objetivo: comprimir el riesgo país y mejorar el acceso al financiamiento. Para él, la discusión clave es separar funciones. “La gran pregunta es cómo disociamos al Banco Central del Tesoro”, planteó. Y definió roles: “Quien paga deuda es el Tesoro, quien debe hacerse de los dólares”.
Su hoja de ruta es que el Tesoro apunte a recuperar mercado voluntario y, si logra bajar el costo, el camino se vuelve más transitable. Lo explicó con un ejemplo de tasas de colocación: recordó una emisión reciente cercana a los US$ 1.000 millones, con rendimiento “más cerca de 10% que de 8%”. Y planteó el escenario deseable: “Si vos podés colocar en 8, 8.5, no estás tan lejos de volver a los mercados financieros globales realmente y de colocar en el exterior”.
En su mirada, el premio sería doble: por un lado, refinanciar vencimientos sin usar caja propia; por el otro, una mejora en el precio de los bonos. “Es contra eso donde vamos a ver bajar el spread del riesgo país y obviamente bonos que pueden crecer 5 o 9% más”, afirmó, condicionado a cuánto comprima el spread.
Sobre la confianza, aportó una comparación regional para ilustrar el fenómeno: señaló que la compresión del spread fue más marcada en Argentina que en Ecuador, pese a que Ecuador tiene “un standing de deuda colocado bastante más grande”. La interpretación de Camusso es que el mercado está premiando señales recientes, especialmente el arranque de compras de reservas y un esquema más consistente entre Tesoro y Banco Central.
Tasas, crédito y reformas: la “deuda micro” del Gobierno para que la economía crezca
El punto más insistente de Camusso fue que la acumulación de reservas no alcanza si las tasas siguen volátiles y altas. Según explicó, diciembre dejó un ejemplo extremo: “Lo vimos en el mercado con tasas de caución que en promedio llegaron al 40%”. Para él, ese nivel puede haber servido para “controlar el tipo de cambio” en el corto plazo, pero no puede convertirse en norma.
“Mientras uno siga restringiendo la liquidez en el sistema, vas a tener un problema de tasas”, advirtió. Y explicó por qué le da tanta importancia: “En la medida que vos no logres bajar la tasa y desvolatilizarla, no vas a tener el primer mecanismo para que esta economía empiece a crecer”.
Camusso definió la etapa actual con una distinción: “Tuvimos dos años macro, de ordenamiento macro… ahora, una remonetización genuina de la economía viene de la mano del crecimiento”. En otras palabras, su lectura es que el Gobierno ya hizo el tramo más duro de estabilización, pero ahora tiene una deuda pendiente más compleja: reactivar el crédito, la inversión y el consumo sin perder el control nominal.
En su diagnóstico, si la economía no crece, se vuelve difícil bajar más la inflación. “Si la economía no crece, va a ser difícil que vos puedas desinflar más”, afirmó. Y lo explicó con una idea de funcionamiento del sistema: la oferta de bienes y servicios “se acomoda” a un ritmo inflacionario mensual, por lo que para bajar ese ritmo hace falta más oferta, y para que haya más oferta tiene que haber actividad. Su conclusión operativa es contundente: “Para que eso suceda, el primer canal tiene que ser una tasa a la baja”.
El economista también llevó el argumento al terreno pyme e industrial. Recordó un antecedente: cuando las tasas subieron antes de las elecciones pasadas, “se cortó” el financiamiento y cayó el nivel de actividad. Y puso un número para dimensionar la fragilidad industrial: “La producción industrial cayó casi 9% interanual”.
Por eso, cuando le preguntaron por reformas, señaló una como prioritaria: la tributaria. “Sobre todo la reforma tributaria”, respondió, y justificó: la apertura comercial exige que las empresas compitan con el exterior, y sin bajar presión impositiva se vuelve muy difícil recomponer márgenes. También mencionó la reforma laboral, con una aclaración: mejorar costos sin precarizar. Su mensaje final fue que las reformas pueden ayudar, pero no deberían demorarse, porque el tiempo juega en contra cuando el crédito se corta y la actividad se frena.
