El 2026 se presenta como un año de transición clave para Vaca Muerta y para el conjunto de la industria de hidrocarburos en la Argentina. Tras un 2025 de récords productivos, consolidación del shale y fuerte protagonismo en el mercado de capitales, el próximo ejercicio estará marcado menos por la épica del crecimiento acelerado y más por la gestión fina de costos, precios y tiempos de inversión.
El punto de partida es conocido. Vaca Muerta explica ya cerca del 70% de la producción nacional de petróleo y gas, y la Argentina cerró 2025 con los mayores volúmenes de las últimas décadas. Sin embargo, el contexto internacional cambió: el precio del Brent se estabilizó en torno a los US$ 60 por barril, con proyecciones mayoritariamente cautas para 2026, en un mercado global bien abastecido y con crecimiento moderado de la demanda.
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Precios y rentabilidad: el primer condicionante
Para los operadores consolidados en el core shale, el escenario sigue siendo manejable. Los breakeven promedio en Vaca Muerta se ubican en torno a los US$ 40–45 por barril, lo que permite sostener actividad aun con precios deprimidos. Pero el margen es más estrecho que en 2022 o 2023 y obliga a priorizar eficiencia, reducción de tiempos de perforación y optimización en fractura.
En este contexto, la estrategia que adoptó YPF —desprenderse de activos no estratégicos para financiar un aumento de inversión— resume el clima del sector. La petrolera de mayoría estatal proyecta inversiones cercanas a US$ 6.000 millones en 2026, con foco casi exclusivo en shale oil y shale gas, apostando a que el ciclo de precios se recupere hacia 2027.
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Para jugadores medianos y nuevos entrantes, en cambio, el escenario es más exigente. La necesidad de adquirir áreas, desarrollar infraestructura y absorber costos hundidos eleva el umbral de rentabilidad y reduce la probabilidad de ingresos relevantes de nuevos operadores durante el año próximo.
Inversión y financiamiento
El 2025 dejó un dato estructural: el mercado de capitales volvió a ser una fuente central de financiamiento para el sector energético, con más de US$ 10.500 millones colocados en Obligaciones Negociables. De cara a 2026, los analistas esperan continuidad, pero con mayor selectividad por parte de los inversores.
Las emisiones en hard dollar seguirán dominando, aunque condicionadas por la evolución del riesgo país y la estabilidad macroeconómica. Los proyectos con cash flow claro, escala y respaldo exportador tendrán ventaja. En ese marco, Vaca Muerta mantiene atractivo relativo frente a otras cuencas, pero ya no opera en un vacío: compite capital contra shale estadounidense, offshore brasileño y proyectos en Medio Oriente.
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Infraestructura: el cuello de botella que define el ritmo
Si hay un factor que puede acelerar o frenar el desarrollo en 2026, es la infraestructura. En petróleo, el avance del Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) será determinante. El oleoducto permitirá evacuar crudo desde Neuquén hasta Río Negro y sumar capacidad exportadora a partir de 2027. Durante 2026, la obra concentrará inversiones y expectativas, pero también limitará el crecimiento hasta que entre en operación plena.
En gas, el panorama es más ajustado. Con el sistema de transporte prácticamente saturado tras las ampliaciones del Gasoducto Perito Moreno, el margen para aumentar producción en 2026 será acotado. El verdadero cambio llegará recién hacia 2027, con nuevas compresoras y gasoductos dedicados al GNL.
GNL: el largo plazo empieza a pesar
El 2026 será, en términos de gas natural licuado, un año de definiciones más que de exportaciones. Los proyectos vinculados a Argentina LNG avanzarán en ingeniería, financiamiento y contratos, pero sin impacto directo aún en la balanza comercial.
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La fase inicial liderada por Southern Energy prevé las primeras exportaciones recién para 2027. Sin embargo, el próximo año será clave para cerrar acuerdos comerciales de largo plazo y confirmar decisiones finales de inversión (FID) en etapas posteriores, en un mercado global que se encamina a un exceso de oferta hacia fines de la década.
Neuquén, Río Negro y el mapa político
Desde el plano territorial, Neuquén seguirá concentrando producción, empleo y regalías, pero con una agenda cada vez más vinculada a infraestructura, ambiente y servicios. Río Negro, en tanto, ganará peso estratégico como nodo exportador, especialmente por el GNL y el crudo.
A nivel nacional, el marco regulatorio —con el RIGI y las reformas de la Ley Bases— aporta previsibilidad, aunque el desafío de 2026 será sostener reglas claras en un año donde la prioridad macroeconómica estará puesta en el frente financiero y fiscal.
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Un año bisagra
En síntesis, el 2026 no será el año del gran salto productivo, pero sí uno decisivo para ordenar el crecimiento futuro. Vaca Muerta seguirá siendo rentable y relevante, aunque con menor margen de error. El foco estará puesto en ejecutar inversiones ya comprometidas, atravesar un ciclo de precios más bajos y dejar sentadas las bases para el despegue exportador de la segunda mitad de la década.
El shale argentino entra así en una etapa menos espectacular, pero más madura, donde la pregunta ya no es si puede crecer, sino a qué ritmo y bajo qué condiciones.
