Diego Coatz es profesor de Estructura Económica de la Universidad de Buenos Aires, director académico de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales y director ejecutivo de la Unión Industrial Argentina. Desde este rol, asegura que las empresas locales tienen “alta productividad” pero baja competitividad. El valor del dólar es uno de los factores. Y bajar aportes sobre el salario sin disminuirlo, un desafío.
-Se achicó mucho el listado de industrias exportadoras en la última década, bajo diferentes gobiernos. ¿Cuál es la falla desde el sector privado?
-Tuvimos un récord de exportaciones industriales en 2011 y, luego, el costo argentino hizo perder competitividad. Entre 5.000 y 8.000 empresas, según como se las mida, dejaron de exportar. Pero la buena noticia es que muchas pueden volver si se dan las condiciones. Para cualquier estrategia exportadora habrá que trabajar sobre tres tendencias irreversibles en el mundo: la irrupción de nuevas tecnologías; el fraccionamiento comercial de las cadenas de valor en el medio de la tensión entre China y Estados Unidos y la sustentabilidad, que obliga a usar mejor la energía.
-¿Cuál es el principal daño de la suba de aranceles que aplicó Donald Trump?
-Hay un perjuicio directo para el aluminio y el acero y ahora acaba de aplicar un antidumping para la miel. Pero que hay que buscar oportunidades con EEUU para entrar a sus cadenas de valor y mejorar el vínculo comercial. Y aprender de ellos, que tienen un sistema general de preferencias para ordenar los vínculos.
-¿El tipo de cambio está atrasado?
-La productividad de la industria argentina es mejor que la de Brasil o México. Pero, fuera de la fábrica está el costo argentino, condicionado por la volatilidad y la inestabilidad macro. Son dos perspectivas bien diferentes para considerar el valor del dólar. Pero el tipo de cambio no te va a resolver la agenda de competitividad.
-¿Cuando se habla de “bajar el costo argentino” no se propone subir el valor del dólar?
-Desde la perspectiva financiera, donde talla la demanda de dólares, la situación en una. Con la expectativa de la enfermedad holandesa, por la que seremos ricos sólo con petróleo y minería, no alcanza. Desde la productividad, si al actual tipo de cambio le sumamos la devaluación de Brasil, se hace difícil exportar y defender mercados externos. No se trata de corregir el tipo de cambio sino de acelerar las medidas tributarias para alentar la producción industrial.
-¿Medidas como cuáles?
-No tiene sentido que con este tipo de cambio haya retenciones del 5%. También hay que bajar impuestos a la producción nacional para igualar la cancha.
-¿Qué implica “igualar la cancha”?… ¿Cuál sería una medida de coyuntura que deje a la industria en condiciones de competir con el exterior?
-Hay mejoras en infraestructura o en tecnología que van a tardar. Pero bajar la presión tributaria es posible. Se hizo un RIGI (Régimen de Incentivos para las Grandes Inversiones) pensando en la inversión extranjera. Es necesario un RIGI para la industria nacional. Hay saldos de IVA para compensar, amortización acelerada… y se puede disminuir el Impuesto a las Ganancias cuando se reinvierte.
-Vuelvo al tipo de cambio. ¿Hay un tipo de cambio de equilibrio para la industria?
-Claramente no. No hay un valor del dólar que resuelva todos los problemas. No es lo mismo una industria capital intensiva que un sector intensivo en trabajo o ingeniería. Pero este tipo de cambio genera problemas para algunos sectores y es necesario tomar medidas para compensarlos.
-Se acaban de rebajar aranceles para el sector textil. Parece que el Gobierno también piensa que hay un problema de márgenes e incentiva la importación para disciplinar precios.
-Claramente la Argentina tiene un sector productivo muy grande como lo tiene Brasil o México. Pensar que en el país el problema de precios es por márgenes no tiene sentido. Los márgenes a veces funcionan como cobertura para la reposición, como ocurrió durante el 2023. Los precios están atados al costo argentino y a la volatilidad económica. Hace un par de años todos los brasileños hacían turismo acá y ahora es a la inversa…Bajar aranceles sin reducción de impuestos que equilibre la cancha generará un daño importante a la producción sin promover una rebaja en los precios.
-Hace poco se viralizó un video de una compradora española que se reía porque los precios en Buenos Aires triplicaban a los de la misma tienda (Zara) en Madrid…
-Justamente. Esa no es una empresa argentina sino una multinacional muy competitiva con locales en todo el mundo. Eso ocurre por el alto costo argentino y la volatilidad local. Es un problema de idiosincrasia y particularidades que tiene el país.
-Una particularidad local son los regímenes promocionales que tienen alto costo para el erario y para el público consumidor. Pienso en la electrónica de Tierra del Fuego…
-Los regímenes de promoción son prácticamente inexistentes. La industria argentina aporta el 17% del PBI y aporta el 30% de la recaudación nacional. No hay una transferencia de recursos de la sociedad a la industria sino al revés, porque es un sector de alta formalidad e intensivo en capital que compite internamente con la producción china y afuera con el resto del mundo. La competencia externa es feroz y por eso todos los países hacen política industrial.
-¿Hacer política industrial es proteger?
-No necesariamente. Es generar incentivos a la inversión y a la incorporación de tecnología, bajar el costo laboral no salarial, tener líneas de crédito a tasas competitivas y, obviamente, cuidar la producción nacional contra el contrabando y la informalidad.
-¿Y si la industria es formal, dónde está la informalidad?
-Puede haber algo de informalidad en algunos sectores, como el de indumentaria. Pero, básicamente, la informalidad está en el sector de comercio y servicios. Hay una doble competencia: la desleal, que viene de Asia, y la informalidad, interna.
-¿El acuerdo con el FMI implica una devaluación previa?
-Lo importante del acuerdo con el FMI es que se logre un programa que garantice a mediano plazo la estabilidad y previsibilidad cambiaria. De nada sirve alternar esquemas de devaluación y sobrevaluación. Esperemos esa certidumbre.
-¿Pero es necesario una corrección previa a al primer desembolso?
-Eso es parte de una discusión que involucra la salida del cepo cambiario y la posibilidad de utilizar bandas cambiarias que están enmarcadas en un año electoral, donde se exacerban las tensiones. La clave es pensar en medidas puntuales de transición mientras se calibra la macroeconomía.
-¿Cuál es la radiografía del empleo y salario industrial?
-El año pasado cayó 10% la producción y sólo se perdieron 30 mil puestos de trabajo porque las empresas eran cautelosas y no ocupaban a pleno sus plantas. Desde julio empezó una recuperación que no es homogénea. Los productos de consumo masivo, la construcción y la indumentaria vienen más retrasadas. Para el futuro hay que generar nuevos consensos, como ocurrió con Vaca Muerta. No alcanza con los recursos naturales. El gas natural vale 200 dólares promedio la tonelada. Pero si se convierte en polietileno, packaging o autopartes plásticas, ese valor sube a 6000 dólares. También se pueden desarrollar bienes de capital para la industria energética, como hizo Noruega. No podemos descansar sólo en los sectores que están de moda.
-Para eso hacen faltas inversiones. ¿Hay condiciones para invertir?…
-Hay que tener una decisión como país. Vaca Muerta arrancó en 2014 y no paró, más allá de la inestabilidad económica del país. Pero con Vaca Muerta no alcanza. Se requiere valor agregado si se aspira a un país para 50 millones de personas e integrado regionalmente. Todos los países industriales tienen un PBI industrial más alto que el nuestro.
-¿El costo salarial argentino no ayuda a ganar competitividad?
-El salario formal está alrededor de 2600 dólares mensuales. Pero el 65% de ese valor son aportes a la Seguridad Social. Hay que bajar el costo laboral no salarial y aumentar la base de aportantes con la formalización o no hay perspectiva de crecimiento.
-¿El superávit fiscal es relevante para el desarrollo de la industria?
-La previsibilidad es clave para la estabilidad macro. Pero de nada me sirve tener equilibrio fiscal si penalizo la producción. También es importante el equilibrio externo con crecimiento económico y la industria es una gran ahorradora de divisas. Al país no le sirve desplazar la producción nacional con importada.