Las redes sociales han transformado la comunicación política. Ya no son sólo espacios de expresión personal, sino plataformas estratégicas que construyen—o erosionan—el capital simbólico de quienes ejercen el poder. En el caso de un presidente, sus activos digitales no son meros canales de opinión, sino herramientas de gobierno, espacios de legitimación y representación ante el mundo. La línea entre lo personal y lo institucional es difusa, pero ineludible: las palabras de un jefe de Estado, incluso en entornos digitales, generan consecuencias políticas.
El reciente escándalo vinculado a la promoción de una criptomoneda por parte de Javier Milei se ha convertido en la mayor crisis digital de su gestión. Los datos reflejan la magnitud del impacto: el volumen de menciones en redes sociales superó las 500.000, más del doble que la cadena nacional del 20 de diciembre de 2023, hasta ahora el hito digital más relevante del gobierno. Según un informe de Enter Agencia, la conversación alcanzó a más de 16 millones de personas, con un 49% de sentimiento negativo y solo un 18% positivo. No es un episodio menor ni aislado; es una crisis con repercusiones políticas y comunicacionales que pueden afectar la confianza en el gobierno.
El oficialismo ha utilizado la noción de libertad de expresión como una bandera discursiva para justificar su estilo comunicacional directo y confrontativo. La difusión de $Libra por parte del presidente, más allá de las valoraciones jurídicas o económicas, no solo generó expectativas en miles de personas, sino que lo hizo sobre el valor de una criptomoneda que, pocas horas después, se desplomó, provocando pérdidas millonarias.
La discusión sobre la cantidad de afectados—Milei sostiene que son 5.000 inversores profesionales, mientras que otros reportes hablan de más de 40.000 damnificados en distintos países—es solo un aspecto del problema. El punto central es que la comunicación presidencial tuvo un impacto concreto en decisiones financieras individuales y ahora enfrenta un costo político.
Consecuencias del criptogate
Las consecuencias de este episodio se proyectan en distintas direcciones. En primer lugar, hacia su propia base de apoyo. Muchos de sus votantes y simpatizantes no están inmersos en el ecosistema cripto y, aunque pueden no comprender los detalles técnicos del caso, perciben el ruido y la controversia. Si la crisis persiste, la confianza en la palabra presidencial podría verse afectada.
En segundo lugar, los mercados y actores económicos internacionales, sectores clave para la estrategia oficialista, ya han reaccionado con caídas en bonos y acciones argentinas. En un intento de respaldo, Donald Trump publicó en Threads un mensaje de apoyo a Milei, pero el impacto de esa señal es incierto frente a la volatilidad del contexto.
Más allá del daño reputacional, este episodio plantea una cuestión central: la responsabilidad presidencial. Milei no solo debe esclarecer lo sucedido y brindar certezas a quienes confiaron en su palabra, sino que le corresponde cerrar operativa y políticamente la crisis. Como jefe de Estado, su rol no se limita a atenuar el impacto del escándalo, sino que implica asumir las consecuencias de sus actos y dar respuestas claras. La comunicación puede ser un instrumento para construir liderazgo, pero también para exponer sus límites cuando las palabras se traducen en hechos con costos concretos.
¿Qué quedará de esta crisis en el mediano plazo? ¿Será sólo un episodio pasajero o marcará un punto de inflexión en la relación del presidente con su electorado? En cualquier caso, lo que está en juego excede un error comunicacional. Se trata de entender que la libertad de expresión no exime de responsabilidad, y que cuando se ocupa el máximo cargo del país, cada palabra no solo tiene impacto interno, sino también proyección internacional.
La política no se reduce al uso de las redes sociales, pero en tiempos de hiperconectividad, la línea entre comunicación y gestión es cada vez más delgada. Y en ese cruce, gobernar implica no solo hablar, sino hacerse cargo de lo que se dice y de sus consecuencias.
(*) Estrategia y comunicación.
Magíster en Comunicación Digital Interactiva por la UNR y Licenciada en Ciencia Política por la UCC. Coautora del libro: Para ganar se necesitan votos, ¿sabés dónde encontrarlos?