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A 16 años del crimen del hincha que marcó al fútbol argentino: Fue un antes y un después, no solo para Vélez

En 2008 una bala impactó en el pecho de Emmanuel Álvarez, un chico de 21 años que viajaba en micro a la cancha de San Lorenzo para ver al Fortín, y terminó con su vida. Hubo un condenado por el hecho, pero luego fue absuelto por la Justicia.

Micaela  Cannataro

Emmanuel Álvarez fue asesinado en marzo de 2008 (Foto: Prensa Vélez).

Emmanuel Álvarez fue asesinado en marzo de 2008 (Foto: Prensa Vélez).

Desde esa tarde fatídica del 15 de marzo del 2008, ninguna tarde volverá a ser igual para Hugo Álvarez. Ni las mañanas, ni las noches, ni ningún otro momento del día. Porque ese sábado, una bala calibre 22 entró en el pecho de su hijo Emmanuel cuando iba sentado en uno de los micros que trasladaban a hinchas de Vélez rumbo al Nuevo Gasómetro para alentar al Fortín y lo mató. Una bala que fue disparada por alguien, aunque hoy la causa esté cerrada y el crimen haya quedado impune.

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“Era la primera vez que Emma iba a la cancha de San Lorenzo, así que me pidió que le diga la dirección y yo le dije ‘mirá que es muy jodido, más vale no ir’. Iba a ir solo y le dije que no, que ni se le ocurra y menos con la camiseta de Vélez, viajando. Quería llevarlo yo, pero no pude por el trabajo, así que se fue con los micros (que ponía el club para los hinchas)”, recuerda Hugo en charla con TN.

Pasaron 16 años de aquella charla que tuvo con su hijo, que apenas tenía 21, sin saber que iba a ser la última. “Nos llamaron y con mi esposa, Graciela, creímos que le habían roto la cabeza de un botellazo, que lo habían cortado, pero nunca nos imaginamos que estaba muerto. Nunca te podés imaginar que te llaman para decirte que tu hijo está muerto”, relata y, a pesar del dolor, logra transmitir ese recuerdo con paz.

“Lo de Emmanuel fue algo que fuera de que sea mi hijo, fue un antes y un después y no solamente para Vélez. El respeto que sentimos con el resto de las hinchadas… Yo creo que fue un cachetazo al hincha, a la familia. Porque ya había habido otros casos, siempre hubo casos, pero lo de Emmanuel quedó grabado en la sociedad. Emmanuel fue como un hijo para todos los hinchas, sintieron su muerte como la de un hijo propio”, afirma y dice que no entiende por qué, pero siente que fue como un “quiebre”, para los fanáticos y las fanáticas del fútbol: “Mucha gente pensó ‘podría haber sido mi hijo’, porque Emma no era un barrabrava, era un pibe que seguía a su equipo”.

Emmanuel Álvarez de chiquito, siempre con la camiseta de Vélez. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

Emmanuel Álvarez de chiquito, siempre con la camiseta de Vélez. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

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Hugo cuenta que ni él ni su esposa, quien falleció por COVID-19 en plena pandemia, eran hinchas de Vélez, pero a su papá siempre le gustó el fútbol y fue el encargado de llevar a Emma al José Amalfitani. “Yo era de Boca y ella de River. Nos gustaba ir a la cancha, pero dejamos de ir el día que pasó lo de la bengala contra Racing”. Lo que recuerda Hugo es lo que sucedió el 3 de agosto de 1983 en La Bombonera. Ese día arrojaron una bengala náutica desde el sector donde estaba ubicada “la 12″ y todo terminó en tragedia: perforó el cuello de Roberto Basile, de 25 años, que murió desangrado.

Más de 40 años después de aquel episodio en La Boca, sigue habiendo muertos producto de la violencia en el fútbol. “Siempre hubo quilombos en las hinchadas, pero no al extremo de lo que pasa hoy. Es que se fue multiplicando la violencia por las drogas, las barras, el poder. Pero siempre existió. Es un tema muy profundo, tiene solución, pero es muy grande”, analiza Hugo.

Todos los partidos de Vélez en el José Amalfitani se puede ver la bandera en homenaje a Emmanuel en el córner derecho de la popular Este, donde iba junto a sus amigos. Un sector de la tribuna lleva su nombre. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

Todos los partidos de Vélez en el José Amalfitani se puede ver la bandera en homenaje a Emmanuel en el córner derecho de la popular Este, donde iba junto a sus amigos. Un sector de la tribuna lleva su nombre. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

El buen amigo de sus amigos que no se sacaba la camiseta de Vélez

A pesar de haberse alejado de las canchas, el amor por su hijo fue más fuerte y Hugo y Graciela se animaron a ir de nuevo a las tribunas. “Después de 20 años volvimos, con mi papá y con Emmanuel, que cada tanto venía a la platea a hacernos la gamba, pero prefería la popular”, se acuerda y describe a su hijo como si lo estuviera viendo: “En el barrio lo conocían como ‘Vélez’ porque, aunque yo le compraba lindas remeras, siempre usaba la camiseta del Fortín”.

Pero, cuenta, además de ser hincha del club de Liniers, Emmanuel era un buen amigo de sus amigos, un chico que trabajaba de repositor en un supermercado, un pibe que iba con sus compañeras hasta la puerta de su casa cuando se hacía de noche para no dejarlas solas. “Era un guacho bárbaro, familiero al mango. Estaba en el coro de la Iglesia, juntos hicimos trabajos misioneros en Chile. Era malísimo en el coro, ja. Me quedo con los 21 años que vivió y no con lo que podría haber sido”, define y resalta: “Un hijo es un regalo de Dios, que muchos a veces no pueden tener. Pero es un regalo de Dios que no te pertenece. Un día dice hasta acá y…”.

“Quiero decirle al que mató a mi hijo que lo perdoné”

En 2010, Marcelo Javier Aliandre, extraditado desde Paysandú, fue condenado a 15 años de prisión por el Tribunal Oral número 27. Sin embargo, en 2012 la Cámara Federal de Casación Penal anuló la condena y dispuso su inmediata libertad porque la sentencia fue dictada sobre la base de “meros indicios” y “fuerza las pruebas para arribar a la conclusión ‘elegida’ por el tribunal”.

“Lo tuve (por Aliandre) una semana a seis metros míos, en el juicio. Me miraba y se cagaba de risa. Si sos otro lo partís en 20 millones de pedazos, pero tenía que vencer todas esas cosas y Dios me dio esa paz”, cuenta y asegura que buscó alguna vez al hombre nacido en Uruguay en las redes sociales: “Me quería juntar con él para hablar. Nunca me respondió. Quería decirle que lo perdoné, que algún día nos podamos juntar los tres. Que ojalá que pueda recuperarse”.

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Al respecto, Hugo agrega: ”Creo que no sabe lo que hizo. Cuando matan a un hijo, también matan a los padres, a los abuelos. En vez de estar comprándole una camiseta a mi hijo, tenía que comprarle flores y llevarlas a una tumba. Hoy me tengo que conformar mirando por la tele y ver en la esquina de la cancha de Vélez una bandera de Emmanuel. Me parte el alma. Pero bueno, este chico uruguayo es producto de una sociedad enferma, le tiró a cualquiera y le embocó a Emmanuel. Es un tema muy de fondo. La única manera de transitarlo es sacarte cosas de encima si querés seguir viviendo. Y tratar de generar un mensaje de paz”.

Hugo junto a Emmanuel en un festejo familiar. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

Hugo junto a Emmanuel en un festejo familiar. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

La vida después “de lo peor que le puede pasar a una persona”

Hugo es pastor de la Iglesia Apostólica. Hace unos años él y su esposa se fueron a vivir a Salta para intentar empezar de nuevo. “No podíamos estar más en Buenos Aires. Vinimos a tratar de cambiar la vida acá, a intentar recuperar nuestro matrimonio. Lo que pasó fue muy doloroso”, afirma. En ese sentido, dice que la pérdida de un hijo es un dolor “que no te sacás nunca más en la vida”, pero “por algo estamos acá”, así que su vocación ahora es “hablar con aquellos que pasaron este tipo de situaciones y aportarles un poco de la historia de vida, ayudarlos”.

Hugo Álvarez con un cuadro en homenaje a su hijo y la camiseta de Vélez. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

Hugo Álvarez con un cuadro en homenaje a su hijo y la camiseta de Vélez. (Foto: gentileza Hugo Álvarez).

Por último, Hugo repite que no quiere vivir con odio por lo que él y su familia tuvieron atravesar: “Lucho contra mí mismo para no ser agresivo. Me tocó lo peor, pero tengo esa creencia de que las cosas son por algo. Y por algo Emmanuel sigue estando presente, durante todo este tiempo, en la gente que lo conoció y en los que no también”.

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