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Rosario paralizada: el miedo se percibe en la calle y muchos comercios amanecieron con las persianas bajas

La ciudad de Rosario amaneció totalmente paralizada, no hay clases en la educación pública ni privada, no hay transporte público, los taxistas también pararon en solidaridad con el chofer asesinado de la línea K. Pero también esta parálisis que sufre la ciudad se extendió a otros rubros que no habían quedado bajo la amenaza narco que generó estupor en una sociedad que, incluso, tuvo miedo de salir a protestar a la calle y solo lo hizo a través de cacerolazos en los balcones.

Rosario sin clases en todas las escuelas, públicas y privadas, tampoco hay servicio de colectivosMarcelo Manera

Esta parálisis que existe y se palpa en toda la ciudad, la tercera más grande del país, se extendió a otros sectores. Tal es el caso de los recolectores de residuos que decidieron no salir a trabajar ante el temor de recibir un ataque de sicarios porque el gremio figuraba entre los rubros amenazados que habían aparecido durante el fin de semana en la bandera que apareció colgada en un estratégico puente sobre la avenida circunvalación.

Rosario sin clases en todas las escuelas, públicas y privadas, tampoco hay servicio de colectivosMarcelo Manera

En esa bandera, que estuvo colgada pocos minutos y fue el preludio del crimen del playero, se leía: “Pullaro y Cococcioni se metieron con nuestros familiares. Van a seguir las muertes de inocentes, taxistas, colectiveros, basureros y comerciantes”.

El mensaje mafioso en contra del gobernador Pullaro colgado de un puente el sábado al mediodía.gentileza

Pero la parálisis y el miedo también esto se extendió a otros sectores de la economía que tienen que ver, por ejemplo, con el abastecimiento de alimentos. Los camiones que abastecen a los supermercados y que reponen las mercaderías en los principales mercados hoy tampoco salieron a la calle. Esto también se va a sentir en la propia provisión de alimentos de la ciudad de Rosario.

“Parece la pandemia”, resumen un vecino en alusión a las calles vacías durante el periodo de encierro impuesto durante la emergencia sanitaria dictada por el Estado Nacional durante los primeros años del Covid-19.

Rosario sin clases en todas las escuelas, públicas y privadas, tampoco hay servicio de colectivosMarcelo Manera

La postal en el arranque de semana, en la previa a la conferencia de prensa de las autoridades nacionales, provinciales y locales, fue inédita. Fueron calles vacías, con la educación pública y privada que está también paralizada y que muchos de los comerciantes también hoy prefirieron no abrir sus puertas ante el temor de esta situación.

Por su parte, los sindicatos que nuclean a muchos empleados de distintos sectores también han recomendado hacer home office, generar el trabajo desde sus casas. En parte también por la parálisis que sufre la ciudad al no haber tampoco transporte público, ni taxis, con lo cual es un paro casi total de la ciudad.

Rosario vacía

Ni siquiera el reclamo y la protesta lograron romper el terror que implantó la última semana el crimen organizado, que logró arrinconar al gobierno provincial con una violencia desenfrenada, con cuatro crímenes de personas “inocentes” y ataques a una comisaría y una cárcel. Incluso en el contexto en el que los representantes del Estado les advirtieron a las mafias que no cederían ante los actos intimidatorios, los grupos narcos se unieron para sembrar amenazas y cumplirlas, como ocurrió con el asesinato del empleado de una estación de servicio Puma en el oeste de la ciudad, a solo siete cuadras de donde, el jueves pasado, balearon en la cabeza a un chofer de la línea K de trolebuses municipales.

En agosto de 2016, unas 60.000 personas ganaron las calles para reclamar justicia y seguridad. Ayer, solo un puñado de familiares de víctimas de la inseguridad se reunieron en el Monumento a la Bandera bajo la misma consigna. Unas cien personas que quedaron solas frente al pánico en el que quedó envuelta la ciudad.

La naturalización de una violencia que puede transformar a cualquiera en víctima y el miedo a ser blanco del terror convirtieron esa protesta en algo testimonial. Por las redes sociales comenzó a circular durante la tarde la convocatoria a un cacerolazo y a un apagón, también bajo el lema “Rosario sangra”.

El ruido fue mayor que la convocatoria presencial en el Monumento a la Bandera. Batir la cacerola desde un balcón o desde una ventana es más seguro que ir a una marcha en la que nadie tiene certeza de qué le podría pasar. Eso es el terror.

La parálisis en la que entró Rosario el fin de semana también fue alimentada por el pánico que se sembró desde las redes sociales. Una de las fake news que caló más hondo fue que se había decretado un toque de queda. Como el mensaje de WhatsApp parecía convincente, por la situación que se vive, muchos prefirieron quedarse en sus casas y no arriesgarse. Era falso. Pero hay miedo.

El gobierno espera que el clima cambie a partir de hoy, cuando comience a llegar el nuevo contingente de agentes federales, en un número que nunca se informa. Se constituirá el comité de crisis, encabezado por Patricia Bullrich y Maximiliano Pullaro, y se prevé hacer una demostración de fuerza ante el avance inédito del crimen organizado. Es una incógnita cómo reaccionará la población. Sí seguirá este estado de paralización.

Informe de Germán de los Santos.

LA NACION

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