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Así se desplomará el poder de compra de los billetes de $10.000 y $20.000 cuando los lance el BCRA en junio

Los argentinos ahorran y piensan en cualquier moneda que no sea el peso. Por eso, la Argentina está entre los 10 países con mayor interés y tenencia de criptomonedas y es el tercer país con mayor tenencia de dólares por habitante después del propio emisor Estados Unidos y Rusia.

El Banco Central de la República Argentina logra acumular reservas internacionales a partir de las liquidaciones de las exportaciones, pero menor al objetivo previsto. Sin embargo, por esos dólares que acumula, emite pesos. 

Argentina tiene vencimientos por $57,5 billones en 2024, que equivalen a u$s71.000 millones. Cada vez que el Estado paga los intereses de un bono, debe emitir y necesita despejar de corto plazo esa emisión para que no impacte aún más en la inflación en los próximos meses. De esta manera, el ministro Luis Caputo planteará a los bancos un megacanje de bonos luego que el Bopreal a los importadores no fuese eficaz para absorber pesos excedentes en el mercado.

El billete de $1.000 perdió todo su valor

En esta nota, intentaremos proyectar el destino sobre el valor del peso en este 2024 y las monedas alternativas de refugio de ahorro de los argentinos. Para ejemplificar, vamos a tomar el billete de $1.000, desde su nacimiento en el 2017 hasta diciembre 2023, el cual perdió casi todo su valor real. Nació siendo un billete de $1.000, pero hoy ajustado por inflación vale tan solo $43. Si evaluamos su contrapartida en dólares, veremos que nació con un valor de u$s51, hasta llegar a la actualidad con un valor de u$s0,98 centavos de dólar.

Esta situación tan compleja muestra cómo la inflación en el tiempo generó que uno de los billetes de mayor denominación hoy sea uno de los más devaluados en ese período. Aunque el Gobierno actual se encuentra en el proceso de sinceramiento fiscal, cambiario y monetario, todas las proyecciones hacia adelante apuntan a su rápida extinción.

Para comprender esto, vamos a tomar los valores de inflación prevista en el informe REM del BCRA el billete de $1.000 llegaría a ser de u$s0,20 hacia fines de 2024.

Cuánto valdrán los billetes de $10.000 y $20.000

Días atrás se oficializó el lanzamiento de un billete de $10.000 y $20.000. Si se asume un 2024 con inflación por sobre el 213%, estos papeles valdrán en el mes de junio apenas $4.777 y $9.544, respectivamente, en términos reales.

Si la proyección se realiza hasta diciembre, estos billetes tendrán un poder de compra de apenas $2.961 y $5.979, respectivamente.

En ese sentido, si hacemos el mismo ejercicio, pero ajustando por inflación desde el día que nació el billete de $1.000 (noviembre del 2017) y el nuevo billete de $2.000 (nació en mayo 2023) deberían valer para no perder la totalidad de su valor en diciembre 2024 al menos $110.940 y $15.338, respectivamente.

Estas cuestiones nos permiten ver que nuestra actual moneda de curso legal no tiene ningún valor ante el crecimiento inflacionario diario de 1%, por lo que la virtual salida que expone este gobierno es corregir, sanear y ajustar toda la economía real con el peso argentino como moneda, para que luego el plan dolarizar salga a la cancha para reemplazar al peso.

El dólar es la divisa más elegida por todos los argentinos (se estima que nuestro país es la tercera reserva de dólares en el mundo debajo del colchón). Si cambiamos de moneda de curso legal aparece el bien conocido trade off, ya que si bien es cierto escaparíamos de las manos inflacionarias argentinas, está más que claro que estaríamos en manos de la Política Monetaria Americana, el cual hoy tiene inflación de 4,1% mensual.

Si tomamos un billete de u$s100 en el 2017 y ajustando por su proyección de inflación americana en el 2025, este billete tendría un valor real de u$s76,4 al finalizar la serie. Es decir, nos distanciaríamos de la inflación argentina e iríamos sin dudas en camino absorber la inflación americana. Esto, sin detallar las pérdidas de política monetaria que el cambio de moneda implica para una economía, como por ejemplo hacer frente a los shocks externos de devaluación de la cartera de monedas con las cuales comerciamos o competimos en los mercados internacionales.

El ejercicio de aplicar la inflación a una de las monedas más poderosas del mundo, solo nos muestra que la pérdida de poder adquisitivo existe en el mundo (debido a que la inflación per se no es problemática en un nivel bajo de 2-3%, sino que saber controlarla en un límite saludable de la política cambiaria), solo que en Argentina no solo existe circunstancialmente, sino que es propia del país.

Tanto el peso boliviano como el peso uruguayo tuvieron fuertes apreciaciones en los últimos años. Si hoy cambiásemos pesos argentinos por el peso boliviano o el uruguayo, podríamos proyectar que hoy un billete de 100 pesos bolivianos al finalizar el 2025 tenga un valor de 82 pesos sobre la inflación boliviana actual a valores constantes proyectados y lo mismo ocurriría para el peso uruguayo que finaliza con un valor de 55 pesos.

La pérdida de poder adquisitivo no es algo que escape a todos los países, sino que es real y hasta esperable que cada moneda se encuentra en un proceso devaluatorio por las distintas crisis de emisión que sacudieron a todos los países ante la última crisis sanitaria.

Lo que sucede en Argentina no es debido a un evento aislado, sino que ya venimos de un constante de descontrol en la emisión de pesos que fueron esterilizados vía lebacs y leliqs y demás bonos que en un intento de absorber pesos para que no sean inflacionarios hoy ante su sinceramiento de la economía muestra el gran problema de la contención pasada en el desborde presente sobre niveles de variación de precios previos ya muy elevados.

Ya en 1946, Henry Hazlitt expresaba: «La propia inflación no es en el fondo más que una forma singular de tributación. Quizá la peor, ya que de ordinario exige más de quienes cuentan con menores posibilidades económicas. Pero aun suponiendo que la inflación afectase a todos por igual (lo que nunca puede ser cierto, según hemos demostrado), en tal caso equivaldría a un simple impuesto sobre el consumo que gravara con igual porcentaje toda clase de mercancías, lo mismo el pan y la leche que los diamantes y pieles lujosas». Somos el tercer país del mundo con mayor problema de inflación. Todos los gobiernos en los últimos años prometieron solucionarlos. Todos incrementaron sus consecuencias sin solucionar sus causas.

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