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Nos acabaremos extinguiendo

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Visto ahora, no sé si era apocalíptico o visionario. «Estén ustedes seguros de que nos acabaremos extinguiendo». La sentencia la pronunció el veterano meteorólogo de Canal Sur Carlos Almansa en agosto, en medio de la enésima ola de calor, convirtiéndose en carne de meme en las redes (la guasa moderna). El caso es que tenía a sus espaldas el típico mapa y un cuadro de temperaturas, ni una imagen de políticos, ni del Congreso, ni de Puigdemont. Porque de haber sido así, se entendería como una profecía con visos de realidad. Y es que la política, con Sánchez a la cabeza, da signos de que sí, señores, nos extinguimos. Y lo hacemos ahogados en las mentiras de quienes perjuraban que la amnistía no tenía encaje en nuestro marco constitucional y, una vez pasadas las urnas, se dieron la vuelta como se le da a un calcetín… Que no, que mire usted, que me hacen falta siete votos y niego esa hemeroteca que me desnuda. Ahora, por el bien de España y en su nombre (Sánchez dixit), ¡lo que pida mi prófugo! Y si hay que rectificar, se rectifica, que es de sabios (aunque «hacerlo todos los días es de necios», palabra de Felipe). ¿Delitos? Nada, hombre, pelillos a la mar. ¿Lawfare? Claro, patada al poder judicial y que Miriam Nogueras señale a los magistrados. ¿Relator? Por supuesto, que nos gobiernen desde Bruselas. Y, además, que una cosa es lo que hago y «otra lo que te pide el cuerpo», asegura  Calviño en un arranque traicionero de sinceridad, pero todo sea por los siete votos, perdón, por España. Nos extinguimos, señores, y lo hacemos a izquierdas y a derechas. Abascal desbarra cuando presagia que algún día «el pueblo querrá colgar de los pies a Sánchez». Y también Álvarez de Toledo se columpia al defender que el momento político actual «es más difícil que cuando ETA mataba». Almansa vio señales: «Nos acabaremos extinguiendo». Es fácil con esta clase política que emana de una sociedad que aplaude como un gran triunfo que Amaral enseñe las tetas; que adelgaza con Ozempic y desabastece a los diabéticos; que se preocupa más de los perros que de los hijos y que anestesia a estos con móviles sin más límites educativos. Hace falta una limpieza regeneradora (nota al margen: no mandar a Sadeco salvo que medie un plan de choque), un cambio de escenario (real, no como el de alumbrado navideño de la calle Cruz Conde, que ahora sí y luego no) y más eficacia (no tomar de ejemplo las cumbres del clima). Más de uno debería dar una espantá a lo Juan Ortega antes de que se sume al pago de la amnistía y la alcaldía de Pamplona para EH Bildu (un «partido progresista democrático», según Óscar Puente) el trágala del referéndum. Y todo ello en nombre de la convivencia, hasta hacernos creer como a Roser, la yaya del Pau (Ocho apellidos catalanes), que con la independencia, en una Cataluña lliure, «las cosechas son más abundantes» y «los ríos bajan más caudalosos» y que hasta «el Soronelles Fútbol Club jugará la Champions». Ojo que el Girona va camino y Sánchez puede atribuirse el éxito. Y si no, rectifica.


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