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Animarse a dar el primer paso

El factor mental. El espíritu. La fuerza. Llámenlo como quieran pero hay un algo secreto en ciertas personas que les permite ir hacia adelante, ser resilientes, imponer su deseo. Resulta paradójico pero, a la vez, vemos muchos otros que se ahogan en un vaso de agua. No encuentran la salida a algo menor o se deprimen si no todo sale como planeado. Esa no es la vida real, señores. Los tropiezos y la capacidad para levantarse y continuar atraviesan toda historia personal.

De hecho, si uno analiza el auge de los libros de autoayuda -ahora se dice Crecimiento Personal- ve este sino detrás. Sería algo así como buscarle la vuelta al no poder, al freno, a tener miedo a animarse. Es curioso como a veces la psiquis nos juega en contra. Mi recuerdo: yo habré tenido 11 o 12 años, me tiré de un trampolín y un amigo, sin querer, se tiró demasiado rápido y cayó arriba mío apenas entraba al agua. Me ligué un golpe y un julepe de aquellos. No lo supe manejar y no me volví a tirar de cabeza por años. Ya adulto, fui a una escuela de natación. El profesor creía que no sabía nadar -de hecho me defiendo razonablemente- pero entendió después mi motivación. Necesitaba ayuda para reaprender a tirarme de cabeza. Luego de un par de sesiones lo logré. Era algo tan menor… pero me generó una alegría gigantesca, había roto una traba de larga data.

Es curioso como a veces, de manera inconsciente, nos ponemos esos límites y tardamos -en algunos casos, la vida entera- en remediarlo. Desconozco la razón pero creo que se vincula con no pedir ayuda. Si uno no puede algo solo, debe buscar auxilio. Parece obvio y sin embargo cuesta. A lo mejor es falso orgullo. O un temor paralizante.

Sería positivo hablar más de esto. De sentir que el límite lo pone uno, que el desafío es posible. O de que, a la inversa, no encontramos la energía para imponernos a ese “no va a resultar”. Hay muchas vidas limitadas -a media marcha, sin adrenalina- por esta imposibilidad. Y no es algo nuevo. Si hasta el dicho popular ya lo dice: ¿acaso eso de “Quién te quita lo bailado” no nos interpela para dar el primer paso?

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