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Río de Janeiro, al rojo vivo por la final entre Boca y Fluminense: una carioca que vive en Buenos Aires pero que por estas horas desearía ser griega

La final de la Copa Libertadores entre Boca Juniors y Fluminense está en boca de todos (o casi todos). En Buenos Aires y en Rio de Janeiro. Como carioca, que vive acá a pesar de viajar con muchísima frecuencia a la tierra del Corcovado, me tocó estar en la capital argentina a horas del trascendental partido de este sábado en el Maracaná.

El jueves al mirar las imágenes de las corridas y de la acción policial desmedida en las arenas de Copacabana, conocida como a princesinha do mar, me quedé imaginando cómo estarían aquí los familiares de los que viajaron allá para ver el partido. Y, al mismo tiempo, pensaba cómo estarían los que tienen el hábito de simplemente ir a la playa, sea el día que sea, a caminar, a bañarse tranquilos y a tomar sol.

Copacabana es para muchos la tarjeta postal de Rio y de Brasil. También es el barrio con mayor concentración de ancianos del país. Atrae turistas de todo el planeta, a pesar de los cuidados de seguridad recomendados en días de multitudes en las arenas (fines de semana, principalmente). Pero, no fue la belleza de Copacabana, tema de la música de Braguinha y Alberto Ribeiro, de 1934, el motivo de conversación antes de la clase de yoga, en el supermercado o en el chino del barrio en estas horas. Sí lo fue, en cambio, la violencia policial, las corridas y la expectativa desmesurada para el partido de este sábado que definirá al campeón de America.

Por eso digo que a veces, en estas situaciones, en vez de carioca quisiera ser griega. ¿Por qué lo digo? Dos argentinas dan inicio al tema. Creo que saben que soy brasileña, aunque no sé si saben que soy carioca. “¿Vieron la violencia de la policía de Río? Los papás de un amigo sufrieron porque les tiraron gas pimenta en la cara y no habían hecho nada”, dijo una.

“Allí, la policía primero pega y después pregunta”, contestó la otra.

A lo que la tercera completó: “Yo no viajaría a Río en esta situación… Ni que me paguen el pasaje”.

La conversación siguió hasta que una concluyó: “Creo que los brasileños no nos quieren y ese es el verdadero tema y motivo de la acción de la Policía”.

El embajador de Argentina en Brasil, Daniel Scioli, dijo que “nada justifica la represión tan brutal como la que se vio en Copacabana, donde incluso había niños”.

Como estaba en Buenos Aires, y a sabiendas de la cantidad de compatriotas que hincharon por Argentina en la final del Mundial de Qatar 2022, no creo que, hoy en día, exista un rechazo hacía los argentinos en Brasil.

Sí hay hay diferencias culturales, como observó el embajador de Brasil en Argentina, Julio Bitelli, en un mensaje grabado este viernes, después de los hechos en las arenas de Copacabana. Diferencias que crecen en tiempos de futbol –por lo que se ve hoy, mucho más en una final de Copa Libertadores que en la Copa del Mundo-.

“Es muy importante enfatizar, como hicieron las autoridades consulares argentinas en Rio, que cantos y manifestaciones racistas y xenófobos son pasibles de prisión en Brasil. Hay diferencias culturales en cuanto al nivel de provocación hacia la hinchada rival considerada admisible en uno y otro país. Que la pasión por el futbol, que comparten argentinos y brasileños, sea siempre motivo de unión y de celebración”, dijo el embajador Bitelli.

Además, tildó de “lamentables” las escenas de violencia en Rio de Janeiro y dijo que espera que no se repitan. Las declaraciones de Bitelli fueron realizadas frente a la obra de arte que hace parte de la serie ‘Pelé beijoqueiro’, del artista paulista Luis Bueno, frente a la Embajada, donde se ve a Pelé, con su camiseta verde y amarilla número 10, besando a un sonriente Gardel.

En Brasil, un país con mayoría de población negra y que aún tiene muy poca representación en los lugares de decisión en el país (Presidencia, Congreso Nacional, empresas, universidades), van presos todos aquellos que cometen actos racistas. En los tiempos de democracia -después de 21 años de dictadura-, el Estado se puso a trabajar duro para frenar esta desigualdad e imponer la ley contra el racismo –aún tan frecuente, desafortunadamente-.

Está claro que la amistad entre los dos países creció y mucho en los últimos años. A partir de la relación entre Raúl Alfonsín y José Sarney, de la mano del Mercosur y de una juventud mucho más libre de prejuicios en los dos países. Los brasileños siguen llegando para estudiar en Argentina. Los turistas argentinos, empresas y trabajadores siguen firmes en Brasil. Esa realidad no fue afectada a pesar de las declaraciones del expresidente Bolsonaro hacia la Argentina. Nos necesitamos y nos integramos dentro y fuera de las canchas. Sigamos juntos, sea cual sea el resultado de este sábado.

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