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“Yo estuve en la cima del mundo”: qué hace hoy Daniela Krukower, a 20 años de su instante de gloria en el judo

La calidez de Daniela Krukower se percibe con un océano de por medio. A sus 48 años lleva encima historias increíbles a las que se lanza con el cuerpo y con el alma, tal y como manda el judo, la disciplina con la que conoció la gloria. Y es que podrá cambiar de países -como lo hace a menudo-, de climas, de estados de ánimo, de casas y zonas horarias, pero no de intensidad de vivir.

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Hace exactamente 20 años, en septiembre de 2003, la judoca argentina se convirtió en campeona del mundo en Osaka, Japón y, recién cuando se dio cuenta -porque por un instante creyó que había perdido- alzó los brazos al cielo y ese fue su compartir la felicidad porque con ella no había nadie, estaba sola y no tenía nadie a quién abrazar. “Por las circunstancias, solo éramos mi bolsito y yo”, recuerda, emocionada, en una charla que brindó a TN.

Daniela hoy está en Madrid, España, como hace un mes estaba en Canadá o como hace años estuvo en tantos otros países del mundo como atleta nacional, una de las que más experiencia logró en la élite con su participación en un Mundial y en tres Juegos Olímpicos. Pero hay un lugar al que llama “mi casa” y ese lugar es la Argentina: “Es el país que me ayudó a cumplir los sueños, el país de las maravillas, como digo yo”, remarca.

La primera gran judoca argentina nació en Buenos Aires, de muy chica emigró con su familia a Israel, país donde hizo el servicio militar, luchó y se frustró al no poder quedar seleccionada para representarlo en competencias de élite.

Recordó entonces que la Argentina podía transformarse en una oportunidad y escribió un mail a la Federación de Judo contando quién era, qué hacía y qué quería. Un día sonó el teléfono, atendió y era un dirigente nacional que le ofreció competir con la bandera albiceleste. Dijo que sí cuando casi casi se había olvidado de hablar en español.

Daniela Krukower se consagró campeona mundial de judo en Osaka, Japón, al vencer en la final a la cubana Driulis González, el 14 de septiembre de 2003 (AFP).jpg

Daniela Krukower se consagró campeona mundial de judo en Osaka, Japón, al vencer en la final a la cubana Driulis González, el 14 de septiembre de 2003 (AFP).jpg

Regresó a su tierra de origen, compitió, ganó, sufrió una lesión terrible y se recuperó contra todos los pronósticos. Marcó el camino de los que siguieron y, para entonces, Daniela Krukower ya estaba un poco más allá, ahora enseñando, pero fundamentalmente y ante todo, aprendiendo. ¿A qué? A ver hasta donde es capaz de llegar, si es que hay algo más allá de la gloria, a la que ya conquistó.

¿Qué haces hoy en España?

– Llegué hace un mes, me vine para acá luego de mi experiencia en Canadá, donde tuve una muy buena experiencia durante casi dos años. Decidí que el invierno es demasiado crudo para mí, que soy una chica más de sol y verano, así que me vine para Madrid a respirar un poco, a relajar.

¿Qué hiciste en Canadá?

– En Canadá viví una experiencia maravillosa como entrenadora de la Selección de judo, pero muy estresante a nivel profesional. Fue una época cargada de viajes, de entrenamientos, de acompañamiento deportivo, lo cual fue maravilloso desde todo punto de vista porque hasta aprendí un nuevo idioma, pero como dije, fue mucho. Encima llegás a tu casa y para entrar o salir durante cinco meses, como mínimo, tenés que sacar la nieve de la puerta y bueno, se me hizo muy pesado.

¿En qué parte de Canadá estabas?

– En Montreal. Estaba viviendo muy cerquita del Centro Olímpico.

¿Qué te dejó Canadá como experiencia, como aprendizaje, como historia de vida?

– Me dejó muchísimo. Todavía estoy digiriendo todas las cosas que pude hacer allá. Me dio la oportunidad de pertenecer a una de las mejores selecciones del mundo como entrenadora, me brindó la posibilidad de conectarme con otro tipo de gente, muy buena gente, y pertenecer a un equipo de entrenadores y a un sistema completamente organizado de cómo hacer las cosas. Como dije, aprendí un nuevo idioma, que es el francés, que no es que lo sé al 100 por 100, pero sí que puedo manejarme cómodamente.

¿Se te da fácil el aprendizaje de idiomas?

– Bueno, desde el vamos que yo hablo muy bien inglés, lo que me abrió las puertas para pertenecer al seleccionado de Canadá, pero también tengo por supuesto el español, el hebreo, el portugués y ahora el francés. Tengo esta facilidad para poder aprender un idioma y realmente al francés lo quería aprender, fue uno de mis objetivos.

¿Qué diferencias encontraste en tu rol de seleccionadora en Canadá y el que tuviste en la Argentina?

– Fue muy diferente. En la Argentina atamos todo con alambre un poco, hay que hacer esfuerzos enormes para levantar una Selección, ¿no? Y yo sé que lo siguen haciendo porque estoy en contacto con la gente, mientras que en Canadá me encuentro con un sistema en el que obviamente hay falencias, porque por algo me pidieron a mí que vaya, para que ayude a renovar, a dar nuevas ideas en base a lo que sabían de mi experiencia, para que sus atletas puedan crecer y confiar en ellos mismos y no solo en un entrenador o en un sistema, pero mucho más organizado. Nos nutrimos mutuamente.

Israel, Argentina, tres Juegos Olímpicos en distintos países, Mundiales, Canadá ahora Madrid… ¿cómo es ser una trotamundos?

– Uf… okey. Siento como que la vida me va llevando a ciertos lugares. Mirá, es algo consciente, decido ir a un lugar o al otro, pero es muy loco porque toda mi vida estoy buscando raíces. Siempre que voy a un lugar me arraigo, trato de generar raíces y luego la vida o las circunstancias me llevan a tomar decisiones. De chica me fui con mis padres de la Argentina a Israel. Esa no fue una elección mía, fueron mis padres para que nos criemos allá, pero a los 24 años, cuando decido volver a la Argentina, esa fue una decisión que tomé conscientemente para ir y para representar a la Argentina.

¿Por qué la Argentina y no Israel para competir?

– Porque en Israel no se me daban las posibilidades que yo quería, o que yo necesitaba, entonces fue como que la vida me llevó ahí y me arraigué, eché raíces y jamás pensé que me quedaría ahí más de 22 años, porque yo me fui con la ilusión de representar a la Argentina en los Juegos Olímpicos y luego, bueno, volver a Israel que era mi casa, pero no. La Argentina se convirtió en mi casa, me hice de amigos y las familias de mis amigos eran mi familia también.

Y te quedaste…

– Sí, porque luego de haber hecho mi carrera deportiva comencé a ser entrenadora, pero llegué a un tope en el que sentí que ya no tenía mucho más para dar en la Selección argentina y fue lo que me llevó a cambiar de rumbo. Empecé a trabajar con la Federación Internacional como entrenadora del equipo de expertos para brindar cursos de entrenadores en diferentes partes del mundo, cosa que sigo haciendo hasta hoy, y luego me llega la oferta de Canadá. Ellos me venían buscando hacía varios años y ese fue el momento donde dije ‘bueno, creo que llegó el momento de probar otra cosa’.

Daniela Krukower, campeona del mundo (AFP).

Daniela Krukower, campeona del mundo (AFP).

¿Y ahora que te fuiste, que decidiste irte de la Argentina, en qué lugar queda tu casa o cuál es ahora tu casa?

– Argentina, definitivamente, como lo sigue siendo Israel. Siento que tengo casa en dos partes del mundo, mínimo, y de alguna forma también siento que tengo como una pequeña casa en Canadá. Pero bueno, la Argentina, si tengo que definirlo, la Argentina es el país que me ayudó a cumplir los sueños, es el país de las maravillas y está en mi corazón. Sin embargo, sé que está complicado vivir ahí.

¿Hay, entonces, una relación de amor-decepción con la Argentina?

– Siento mucho amor por la Argentina, en ningún momento tengo una mala sensación. Siento amor y quizá tengo la conciencia de saber que me cuesta pensar en un futuro en la Argentina muy a mi pesar, porque a mí me llega mucho lo que es todo el tema de la inseguridad, porque también más allá del judo o la defensa personal, estoy muy expuesta a lo que me cuenta la gente, a las historias de cada uno que ha venido a mi academia contando que le pasó esto o lo otro. Imaginate que yo soy instructora de defensa personal, estoy preparada y sin embargo tengo la penosa sensación de pensar en salir a la calle y tener que mirar por detrás del hombro.

¿En la Argentina las personas acudían a vos para poder defenderse en la calle?

– Sí, sí, sí. En la Argentina tenía varias academias de krav magá, que es el sistema de defensa personal de Israel, y venían a eso. Y esa cuestión es algo que sé que a mí me afectó mucho y que me hizo pensar que el día de mañana, cuando no estuviera en un estado físico que me permitiera enfrentarme a una persona, me haría sentir muy insegura. Además, mis padres siempre están preocupados por lo que pasa acá y cuando yo estaba en la Argentina mi mamá me llamaba todo el tiempo por lo que veía que pasaba y esa cuestión a mí me pesó bastante.

¿Podés creer lo que hiciste arriba del tatami?

– Sí. Lo puedo creer y estoy muy contenta de verdad de haberlo logrado porque sinceramente me abrió y me abre muchísimas puertas. Mucha gente puede llegar a tener el talento y la posibilidad de llegar a un logro así y por alguna razón no llega; hay muchísimos deportistas que por diferentes razones tienen el talento y tienen todo para lograrlo y no lo logran. Yo estoy agradecida con la vida de haber podido lograrlo.

¿Y por qué pudiste vos?

– Creo que fue seguir insistiendo. Sabía que podía y simplemente, como te decía antes, me dejé llevar por la vida y seguir haciéndolo, seguir insistiendo y seguir sabiendo que puedo ser la mejor, sí. Porque me golpeé mucho muchísimas veces contra el piso.

¿Alguna vez dudaste en seguir?

– Muchísimas. Todo el tiempo estas flaqueando porque te topás con diferentes dificultades que te hacen bajar la cabeza, lesiones, posibilidades económicas, un montón de cosas, pero sin embargo yo sentía por dentro que no lo podía dejar, que algo me llevaba a seguir y que alguna solución iba a encontrar, que iba a encontrar la forma, el camino y lo seguí haciendo. Fue como una pulsión interna.

¿Con qué momento deportivo de los que viviste, te quedás?

– Bueno, creo que el momento que obviamente me marcó muchísimo fue haber ganado el Mundial y de la manera en que lo hice, o sea prácticamente sola, sin entrenador o alguien a quien abrazar. Hay muchos momentos, muchísimos que te marcan para toda la vida y que he vivido con el judo que me ha llevado a lo más alto del mundo y a lo más bajo de mi ser. Me llevó a las emociones más intensas que tuve y que tengo en mi vida y lo sigue haciendo, ¿eh? Esta sí podemos decir que es una relación amor-odio. Pero en ese enorme lo que sentí fue una enorme sensación de gratitud y me llenó.

Video PlaceholderDaniela Krukower, campeona del mundo de judo en 2003.

Hay una imagen tuya que es icónica después de ganar, levantando los brazos al cielo… ¿o a qué?

– A la vida. A la vida, a ese momento que me llevó la vida a vivir y como digo: agradecida con cada persona y con cada cosa que se me cruzó en ese momento y en ese camino para llegar a ese momento preciso, porque eso es lo que sentí. Toda esa gente que estuvo a lo largo de toda mi vida fueron parte de ese camino, de lo que yo soy. Esos son los pensamientos y me sentí en la cima del mundo por esos 15 minutos de gloria que viví. Yo en todo momento supe que ese fue mi momento, el instante en el que yo podía sentir todo eso, como también que al día siguiente iba a tener que volver a empezar.

¿Y en ese momento de gloria estabas realmente sola? ¿Eras vos y tu bolsito?

– Exactamente. Éramos nosotros dos porque mi presupuesto no me permitía llevar ni preparador, ni médico, ni nada más.

¿Y a quién abrazaste cuando fuiste campeona del mundo?

– Jajaja. Fue muy loco porque las primeras luchas obviamente salí sola y así fue hasta la final. Porque en la semifinal, cuando gano, y yo hasta el último segundo no estaba segura de que había ganado y me di cuenta porque en las tribunas los israelíes empezaron a gritar mi nombre, dije ‘¿por qué gritan mi nombre?’ ¡Yo pensé que había perdido! Y escucho ‘¡Daniela, Daniela!’ Y me fijo en el board el resultado y veo las letras ARG y dije: ‘¡Gané!’

¿Y qué hiciste?

– En ese momento me saltaron las lágrimas, saludé a mi rival y a las autoridades, pero claramente no tenía a quién abrazar, entonces abracé a una voluntaria que justo pasaba con el canasto con mi ropa…. Era una japonesa y viste que son muy poco demostrativos y, obvio, no entendía nada, solo sonreía. En esa final, una competidora de mi categoría que había perdido en las primeras fases me dijo ‘Dani, ¿querés que salga con vos a la final para que no estés sola?’ Y le dije ‘dale’, entonces cuando salí de esa final fui y la abracé a ella.

¿Te sentís reconocida en la Argentina?

– Sí, yo me siento reconocida. Hice todo lo que pude y obviamente que siendo un deporte como lo que es el judo, que no es un deporte tan grande… qué sé yo. Yo me siento agradecida porque la gente que me quiere y la gente que me conoce está ahí conmigo todo el tiempo, pero bueno, tampoco vamos a exagerar, tampoco te voy a mentir. Me hubiese gustado ser incluso más reconocida, pero no me puedo quejar porque con lo poco que sí recibí quizás hizo un montón, entonces realmente no me puedo quejar, me siento muy bendecida por todo lo que logré.

Te tocó hacer el servicio militar en Israel. ¿Cómo fue esa etapa de tu vida?

– Sé que en la Argentina hay una sensación muy ambigua respecto a lo que es el servicio militar justamente por la historia triste del país y lo entiendo, pero cuando vos vas a Israel vivís otra realidad: vos no ves un soldado y te sentís amenazado; vos ves un soldado y te sentís cuidado. La historia de Israel, lamentablemente, está basada en la seguridad que puedan llegar a tener sus ciudadanos, pero el servicio militar no es como la gente puede llegar a pensar de la colimba en la Argentina, no. Lo que vos haces en el servicio militar israelí es brindar un servicio a tu país que de alguna forma también te ayuda cumplir tus propios objetivos.

¿Por qué?

– Porque la gente que va ahí no necesariamente es combatiente. Por ahí vas, querés ser odontóloga y el servicio militar te paga los estudios que son bastante caros, no como en la Argentina que son gratuitos, y vos hacés carrera universitaria y pagás con servicios en el ejército. A mí me dio la posibilidad de tener un diploma de guardavidas, que lo utilicé y pude trabajar de eso muchísimos años después, y también me dio la posibilidad de ser instructora de defensa personal. Como es obligatorio, terminás el secundario y vas automáticamente al servicio militar y hay una colaboración muy grande desde lo que es la parte civil y la parte del ejército porque van todos.

¿Cuánto tiempo estuviste en el servicio?

– Estuve un año y ocho meses, casi dos años. Las mujeres van entre un año y medio y dos años, y los hombres van tres años bien.

¿Tu familia vive en Israel?

– Mis padres viven en Israel, tengo un hermano que vive en Montreal y otro hermano que vive en Finlandia.

¿Por qué elegiste España para vivir en este momento y cómo sigue tu vida a partir de ese punto en el mapa?

– Bueno, acá tengo muy lindas relaciones y también me siento local. En uno de mis viajes a Europa con la Federación Internacional tuve una cena en la casa de unas amigas y me sentí tan bien que pensé que quizás era un buen momento para tener una experiencia ahí, donde además en Madrid la gente es muy amable y amigable, dije necesito tener ese respiro de no volver a insertarme en el ciclo de trabajar constantemente y tener un poquito de respiro acá y ver las posibilidades, abrir un poquito el panorama y ver las posibilidades que surgen o que me da la vida acá.

¿Qué es Argentina para vos?

– Argentina es y será siempre en casa. Porque es donde increíblemente eché unas raíces muy fuertes. Está grabado en mí, o sea, es el lugar más allá que lo que uno dice a veces de Estados Unidos que ah, el país de los sueños, y fue cerrar un círculo para mí volver a la Argentina para entender quién soy, para descubrirme desde muchísimos aspectos y viví las emociones más fuertes, más lindas y más tristes también allá. Argentina es familia.

¿Cómo es tu relación con Paula Pareto?

– Hoy por hoy ya no estamos en contacto, en algún momento sí lo estuvimos, cuando fue el traspaso en el que yo estaba a punto de retirarme y ella estaba teniendo su éxito en su momento, quiero pensar que influí aconsejándola en varios aspectos, quizás en la preparación física, más que nada, pero ella hizo su camino y tiene todo el mérito del mundo. Quiero pensar que de alguna forma abrí yo ciertos caminos que le facilitaron a todos los judocas poder seguir creciendo y ella tiene su propio mérito. No dependió de mí, sí obviamente de la gente que la rodeaba, del equipo que le acompañó, porque ella sí tuvo la gran suerte de tener un equipo porque existían más recursos y los pudo aprovechar muy bien, así que obviamente mis felicitaciones.

Paula Pareto, ejemplo del deporte argentino. (Foto: EFE)

Paula Pareto, ejemplo del deporte argentino. (Foto: EFE)

¿Qué es el judo?

– Es un deporte que además de ser deporte es una filosofía de vida. La traducción del judo es el camino a la suavidad o el camino a la flexibilidad, y más allá de lo que uno ve en la pantalla, el judo es un montón de cosas. Yo quiero creer que uno como es de luchador en el tatami también lo es en sus actitudes cotidianas.

¿Y vos, quién sos?

– Ufff. Daniela Krukower… Y acá voy a dejar salir mi estado psicológico… Son muchas personalidades. No es muy políticamente correcto lo que estoy diciendo, pero hoy me siento así, multifacética. Es muy loco porque me descubro armando muebles para mis gatitos, pintando cosas, me encanta la pintura y de hecho estoy exponiendo un poco esas pinturas que estuve haciendo estos últimos años, me encanta ayudar a la gente justamente con la defensa personal y hay un montón de cosas que sigo descubriendo de mí. Me encantan los idiomas, los aprendizajes, vivir historias, pero es muy loco, no puedo decidir quién soy porque aún no estoy definida.

Y cuando te ves, ¿te gusta lo que ves?

– Eeeeh, sí, sí. Me gusta lo que veo, creo que hay que seguir aprendiendo, mejorando, puliendo a esta Daniela porque perfecta no, lejos está de serlo, así que estoy en esos procesos también en los que me emociono al recordar cosas de mi vida, como en distintas partes de esta entrevista.

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