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A 50 años: Babington, Basile y Brindisi recordaron al Huracán campeón del Metro 73

“Cómo pasó el tiempo, boludo”, le dice Carlos Babington a Miguel Brindisi, mientras esperan a Alfio Basile. Llega el Coco, se abraza con Miguelito, le susurra al oído cuánto hacía que no se veían, con el inglés, también fuerte. La imagen se parece a esos festejos de gol de hace cinco décadas, cuando se consagraron campeones con Huracán del Metropolitano de 1973. Tres pilares de aquel equipo de César Luis Menotti no dudaron ante la propuesta de Clarín. La Raya, el histórico restaurante que el 21 de septiembre cumplirá 80 años, es el lugar de reunión y de reencuentro. En el ambiente se siente la alegría, la nostalgia y la expectativa por rememorar aquel hito en el fútbol argentino, del que este 16 de septiembre se cumplen 50 años.

Alfio Coco Basile, siempre memorioso. Foto: Marcelo Carroll. Alfio Coco Basile, siempre memorioso. Foto: Marcelo Carroll. No hacen falta demasiadas preguntas. Primero, el precalentamiento, más íntimo, vinculado a cuestiones personales ya que hacía tiempo no se veían. Luego, la pelota empezó a rodar apenas el grupo se reunió alrededor de la mesa. “Nos divertíamos y disfrutábamos mucho de entrar a la cancha”, dicen y con un toque magistral de primera de Brindisi surge el recuerdo de René Orlando Houseman.

Miguel Brindisi explica los secretos del campeón. Foto: Marcelo Carroll. Miguel Brindisi explica los secretos del campeón. Foto: Marcelo Carroll. Alfio Coco Basile Carlos Babington Miguel Brindisi charlaron hasta la madrugada y recordaron miles de anécdotas de aquel inolvidable Huracán del 73. Foto: Marcelo Carroll. Alfio Coco Basile Carlos Babington Miguel Brindisi charlaron hasta la madrugada y recordaron miles de anécdotas de aquel inolvidable Huracán del 73. Foto: Marcelo Carroll. “Como Houseman no volvió a salir otro en el fútbol argentino”, tira Miguel. “Era impredecible, bueno con las dos piernas y muy guapo dentro del área”, describe Babington. Enseguida, Basile, el más memorioso de los tres, recuerda el día que llegó a Mar del Plata. “Estábamos en el hotel y apareció, chiquitito, bajito, con una valija roja. Nos miramos y dijimos ‘ese debe ser el refuerzo’. Lo fui a recibir, me presenté, tímido, apenas balbuceaba. Lo llevé para presentárselo al Flaco, que creo ni lo conocía. Nos generó alguna duda, pero a la tarde, en la primera práctica, la rompió, y volvió loco a Lavorato. Ahí advertimos que estábamos ante un fenómeno”.

No se podía hablar del Loco sin recordar alguna historia en la que haya hecho de las suyas y, enseguida, el Coco recuerda la ocasión en la que desapareció de una concentración y fueron alertados por Fatiga Russo, compañero de habitación de Houseman, de esta situación Lo fueron a buscar por todos lados. Apareció antes del partido, jugó y la rompió. “Contra Boca”, dice el Coco. “No, fue contra River”, duda el Inglés. El misterio por detectar ese partido sigue vigente.

El Coco, con su vozarrón inconfundible, sale jugando desde el fondo y toca la fibra del convencimiento. “Cuando arrancó la pretemporada teníamos un gran equipo. Después de ganarle a River en el 72, sabíamos que íbamos a ser campeones”. Babington la para de pecho y explica que había algo más, un extra, una coincidencia de situaciones que parecían jugar a favor para que Huracán pueda ser un gran equipo y revela cómo se dio la llegada de Omar Larrosa, el goleador del campeón con 16 tantos. “Omar cuenta que tenía todo arreglado para ir a Gimnasia, se le rompió el auto cuando estaba yendo a La Plata. aprovechó para ir a saludar a Menotti y el Flaco lo convenció para que firmara con Huracán”.

La figura de César Luis Menotti flota en el ambiente. Todos estaban contentos porque dos días antes le habían dado de alta y se recuperaba de sus achaques. Que, en otras circunstancias, hubiera participado sin dudas del encuentro. “La dirigencia, por aquella época, contrató a los cuatro mejores entrenadores del momento, Renato Cesarini, Néstor Rossi, Carmelo Faraone y Osvaldo Zubeldía. No levantaba. Menotti no pintaba y terminó sacándonos campeones”, afirma el inglés.

“Las charlas de Menotti duraban cinco minutos: dos eran para prenderse el faso y ponerse el saco. Luego, hablaba tres minutos. Motivaba y a veces tiraba esos datos clave. Uno fue contra River. Nos dijo que todos hablaban del Beto, pero que el bueno era Jota Jota López”, revela Miguelito. Babington sigue agradeciendo la confianza que le dio. “Todos me decían que jugaba bien pero no me ponía nadie. Menotti me dijo ‘usted es el jugador que yo quiero que arme el equipo’. El Flaco te hacía sentir el mejor de todos”.

Como todos los grandes equipos, había secretos que hicieron al funcionamiento. “Todo arrancaba por izquierda y terminaba por derecha. Huracán jugaba de memoria”, dice Basile y recuerda lo que le dijo al oído, en pleno partido, Jorge Carrascosa, a quien le había advertido que no era necesario proyectarse como lo hacía en Rosario Central. “Tenías razón, Coco, estos resuelven todo, son fenómenos”.

“Jugábamos al revés de todos los equipos. Yo que era 10 jugaba más atrás y Miguel que era 8 jugaba más adelante”, aclara el inglés. También, hubo lugar para las infidencias. En tiempos en los que se destaca cómo patea los tiros libres y la efectividad que tiene Lionel Messi, hay que recordar que Huracán tenía en Babington y en Brindisi dos exquisitos pateadores.

Uno zurdo y uno derecho, la envidia de cualquier equipo. “Del medio para la izquierda pateaba yo y del medio para la derecha pateaba Carlos. Los dos sabíamos eso y nunca hubo un problema”, especifica Brindisi. En aquel torneo, el Globo anotó tres goles de tiro libre, dos el Inglés y uno Miguel.

En aquellos tiempos todo era distinto: no había campos de juegos de primer nivel, ni cuidados extremos, ni tampoco variedad de calzados. Y muy convencido, mientras la mesa entera guarda silencio, Brindisi reflexiona: “Hoy seríamos mucho más”. Todos aprueban.

Alfio Basile, Carlos Babington y Miguel Brindisi  y un convencimiento: Alfio Basile, Carlos Babington y Miguel Brindisi y un convencimiento: «Hoy seríamos mucho más», dijero. Foto: Marcelo Carroll. El Coco Basile sigue siendo el caudillo del grupo. Cuando habla, todos escuchan. Y confiesa, por primera vez, cómo llegó a Huracán: “Fuimos con el Bocha Maschio a la Cumbre a hacer la pretemporada en 1971. Entonces yo estaba por arreglar el contrato y les dije que si no me pagaban más me iba de Racing. En el aeropuerto le dije al Bocha que me iba de Racing. Me fui a Mar del Plata y, para no perder el ritmo, jugaba a la pelota en la playa. En un picado, donde estaba el hijo de Seijo (presidente de Huracán de aquel momento), a quien le decían Chichín, le metí una plancha y lo quebré. Chichín, que estaba quebrado, me dijo si quería ir a Huracán. Me reuní en el Hotel Dorá con Seijo padre y Chichin. Se terminó haciendo la transferencia en 12 millones de pesos y Carmelo Faraone, el técnico de aquel momento habló conmigo. Resulta que fueron a jugar a Bahía Blanca y perdieron: Seijo echó a Faraone enfrente mío y trajo a Osvaldo Zubeldía con Carlos Bilardo”, confiesa.

De pronto, y aprovechando la atención depositada en él, el Coco cuenta otra anécdota de la época, aunque esta se relaciona con el PRODE, los pronósticos deportivos que eran muy populares en aquel momento: “Resulta que se había suspendido nuestro partido contra Vélez y vino un muchacho con la boleta del PRODE para decirnos que había pegado todos los partidos y le faltaba el nuestro, nos pidió que por favor ganemos. Nos había contado que vivía por Tigre y demás. El partido se jugó un martes y ganamos 1 a 0 con gol mío. Esperábamos que nos devuelva el favor, pero no apareció más”. Basile no pifia ni un dato. El único ganador fue Rogelio Romero, de 40 años, quien se alzó con un pozo de más de 600 millones de pesos de la época.

La nota publicada por Clarín al único ganador del PRODE, tras la victoria de Huracán sobre Vélez por 1-0 con gol de Alfio Basile, en el Metropolitano de 1973.La nota publicada por Clarín al único ganador del PRODE, tras la victoria de Huracán sobre Vélez por 1-0 con gol de Alfio Basile, en el Metropolitano de 1973.Y, repentinamente, un halago inunda la mesa. “Yo no sé si Huracán hubiese sido lo que fue sin Basile. El Coco terminaba de jugar el domingo, estaba toda la semana recuperándose casi sin entrenar y volvía a jugar el domingo. Lo sacaban en hombros de la cancha”, suelta Babington. “Me lastimé la rodilla en Racing. Tenía roto el menisco y me sacaban líquido de la rodilla derecha todo el tiempo”, aclara el Coco. Sin embargo, era el líder y el gran guía que tenían sus compañeros dentro de la cancha. De hecho, a 50 años, Babington y Brindisi lo siguen mirando de manera distinta: él sigue siendo su capitán.

Carlos Babington cuenta detalles de Huracán campeón del Metropolitano de 1973. Foto: Marcelo Carroll. Carlos Babington cuenta detalles de Huracán campeón del Metropolitano de 1973. Foto: Marcelo Carroll. “Si hubiésemos jugado todo el torneo con el mismo equipo, hubiésemos sido récord. Hacíamos 5 o 6 goles como si nada”, enfatiza el Coco, recordando que durante gran parte del torneo Brindisi, Babington, Houseman, Carrascosa, Roque Avallay y Francisco Russo fueron convocados por Sívori al seleccionado. “Estuvimos en Paraguay el día que salimos campeones ante Gimnasia. Queríamos volver en una avioneta, pero no nos dejaron”, afirma Brindisi. El Inglés asiente.

La charla se extendió hasta pasadas las dos de la madrugada. Fue primer tiempo, segundo tiempo, alargue. El fútbol y la nostalgia ganaron por goleada. También la emoción ante la pregunta afectiva de la noche.

-¿Qué significó ese Huracán y por qué sigue trascendiendo?

“Yo estuve en un equipo como Racing que era el mejor, pero Huracán técnicamente fue el mejor equipo en el que jugué. Ese Huracán tuvo una trayectoria cortísima, pero trascendió porque la cancha se llenaba de gente e iba gente de cualquier equipo a ver a Huracán” (Basile).

“Mi historia con Huracán es muy larga. Es el mejor recuerdo que tengo. Me divertí mucho, disfruté mucho. Ese equipo era el fútbol que le gusta a los argentinos. Ese Huracán era el gusto popular” (Babington).

“Huracán es barrio, es amigos. Con mi viejo en la mesa hablábamos del Globo. Él era hincha de donde yo fuera. Nací en la Sarda, hice un año en el Bernasconi, fui al colegio de los maristas y pasaba las tardes en la sede. Mis viejos nunca faltaron a un partido, ni de local ni de visitante. Es un sentimiento muy fuerte. El rectángulo atrapa o expulsa. Ese equipo invitaba a verlo jugar. Era una comunión entre el vestuario y la gente. Trascendió tanto porque el padre se lo contó al hijo y el hijo, aún sin vernos, se nutrió de ese relato”, (Brindisi, socio cadete 14296 )

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