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El bajo nivel educativo en el país aleja a los jóvenes de un empleo de calidad

Desde la sanción de nuestra Constitución Nacional en 1853, la educación tuvo un lugar de privilegio entre los derechos garantizados a “todos los habitantes de la Nación”. Su artículo 14 la definió como el derecho “de enseñar y de aprender”, es decir, que el derecho reconocido al ciudadano que se educa no fue solo a la educación, en términos generales, sino que se le aseguró su derecho a “aprender”.

Primer punto fundamental para remarcar el espíritu de nuestros constitucionalistas que soñaron una Argentina cuyos ciudadanos aprendieran con el claro fin del desarrollo y el bienestar. En este mismo artículo 14 citado, que previó los derechos civiles básicos, se consagró también el reconocimiento al derecho de “trabajar y ejercer toda industria lícita”.

Esto nos muestra que el vínculo entre educación y trabajo es el de su igualación como derechos de primera generación: son ambos fundamento de la libertad.

Bajo este mismo principio, la ley de Educación Nacional (LEN) vigente considera al trabajo como uno de los objetivos centrales de la formación de los jóvenes. La capacitación en habilidades básicas laborales no es el único fin de los 14 años de la educación obligatoria en Argentina, pero sí es uno de los fines específicos de la norma.

El artículo 11 de nuestra LEN así lo establece al obligar al sistema a: “Garantizar una educación integral que desarrolle todas las dimensiones de la persona y habilite para el desempeño laboral” y, también, el artículo 30 cuando dice: “La Educación Secundaria en todas sus modalidades y orientaciones tiene la finalidad de habilitar a los/las adolescentes y jóvenes… para el trabajo”.

Más allá de otras disposiciones, este es el marco general que la ley establece, como objetivo importante, formar a estudiantes para el mundo del empleo.

Lamentablemente, pese a enormes esfuerzos, los resultados nos indican que no lo estamos logrando: más del 80% de adolescentes y jóvenes educados en nuestro país no aprenden lo mínimo indispensable. Muchos no aprenden porque se van del sistema (solo egresan en tiempo oportuno el 29% según información oficial de junio 2022; y otros muchos tampoco egresan en los años posteriores) y tampoco aprende la mayoría de estudiantes que llega al último año de la Secundaria porque así lo demuestra las Pruebas Aprender (versión julio 2023), donde se refleja que el 82% de esos adolescentes no reúnen las habilidades mínimas satisfactorias en Matemática y 43 % no las alcanza en Lengua.

¿Que supone esto para el trabajo de los jóvenes? En Agosto de 2021 se conocieron las declaraciones del presidente de Toyota Argentina que informó que no encontraba egresados sub 25 años capaces de desempeñarse en la planta industrial que la empresa tiene en el país.

Estos datos tienen mucho que ver con la realidad antes indicada. Pero evidentemente hay otro factor que incide y tiene que ver que son los datos de pobreza entre los niños, niñas y jóvenes de nuestro país: “el grupo poblacional más afectado por la privación son los menores de 18 años. El 51% de los menores son pobres y el 13% son indigentes. Los menores son el 39% de los pobres y el 43% de los indigentes. El segundo grupo poblacional más afectado por la pobreza son los jóvenes de 18 a 24 años”.

Esta es una conclusión informada por el Boletín de Pobreza Nro. 1, SI2022, del Consejo Nacional de Políticas Sociales, que agrega al respecto: “los problemas de empleo se intensifican en la población pobre. La tasa de ocupación de los pobres es significativamente baja (32,0%) en comparación con la del total poblacional (43,9%) y cerca de un 67% de las ocupaciones de los pobres son informales”.

Estas cifras se debe conjugar con los resultados de las pruebas Aprender 2022, antes referidas, que indican que por Nivel Socio Económico (NSE), el deterioro del aprendizaje de los adolescentes es mayor: el 93,7% de los estudiantes del NSE más bajo no alcanza lo mínimo en Matemática y el 58,6% no lo alcanza en Lengua.

La precedente es una realidad multifacética y de enorme complejidad que debe ser comprendida en toda su dimensión y que, por la incertidumbre que apareja, debiera ser tema prioritario en la agenda de los distintos partidos políticos que se disputan el próximo gobierno.

En esa línea, en el Mes de la Educación, desde Educar 2050 (y su campaña #YoVotoEducación), en alianza con Fundación Noble, los siguientes jueves de septiembre, distintos referentes de los candidatos tendrán lugar para analizar la crisis educativa y las medidas que proponen para la mejora. La consigna ratifica un principio: hay un solo camino y es la educación.

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