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Roger Martínez, el goleador que se bajó del Lamborghini para ser el superhéroe de Racing en la Copa Libertadores

Hasta ahora, el paso de Roger Martínez por el fútbol argentino podía resumirse en un meme y un par de golazos. Ráfagas.

Primer acto, es 2014 y Mostaza Merlo lo «carajea» porque lo nota desconcentrado antes de ingresar en un partido en cancha de Argentinos Juniors: ¿Qué te falta? Dale, carajo, es una ceremonia…”, arrancaba el DT del milagro de 2001. Y después lo agarraba de punto: “¡Grítale a Roger! ¡Que se rompa el culo un poco más! ¡Dale, Negro!”.

Segundo acto, 24 de febrero de 2016, Estadio Presidente Perón: el joven colombiano agarra la pelota en la mitad de la cancha, le pega un cuerpazo a un jugador del Bolívar y gambetea hasta el infinito (y más allá) para hacer su gol más bonito en la Academia, un golazo, por Copa Libertadores.

Tercero acto: anota de taco para el 1-0 frente a Boca en el Cilindro, ese mismo año. Serían diez partidos apenas para que llegara una oferta millonaria del Jiangsu Suning de China. Y clink, caja. Nueve millones de euros para las arcas de la Academia.

La corta historia de Roger Beyker Martínez Tobinson en Racing arrancó una tarde de febrero de 2013, cuando le sonó el teléfono a Fabio Radaelli, que en ese momento era el coordinador de inferiores del club. “Tengo un «colombianito» muy bueno. Ya se probó en Argentinos y en Boca y lo rebotaron. Se queda cuatro días más”, le dijo del otro lado de la línea Jorge Camote Acuña, mediocampista ochentoso del club de Avellaneda.

Al otro día, Radaelli lo probó en una práctica de fútbol reducido porque apenas juntaban 16 jugadores y no llegaban a formar dos equipos: “Pero lo que vi me sobró. Hizo cuatro goles y mostró un arranque en espacio reducido y una técnica impresionante”, le cuenta a Clarín el propio Radaelli que, además de Roger, fue clave en la incorporación de Lautaro Martínez. Sólo esos dos jugadores le dejaron a Racing cerca de 40 millones de dólares.

Veinticuatro horas después, el cartagenero se entrenó con la cuarta. Y se volvió a destacar. Y, cuando quedaban menos de 48 horas para que se venciera el ticket que lo llevaba de nuevo a Colombia, el jovencito categoría 94 fichó por Racing.

Roger venía de un barrio de clase media baja llamado La Campiña, en Cartagena de Indias, Colombia. Recuerda que le sangraban las plantas de los pies y se le rompían las uñas de tanto jugar a la pelota descalzo. Pero qué le importaba, ahí estaban los recuerdos más lindos de su infancia. “Llegaba a casa con las uñas rotas y los pies sangrando, pero valía la pena porque no había nada más lindo que jugar a la pelota. Son los recuerdos que más me gustan de mi infancia”, le confesó hace un tiempo al sitio Racing de Alma.

“En mi familia siempre la tuvimos que remar, muchas veces no había para comer”, sigue Roger, que con los años se sacaría todos los gustos y a lo grande. Pero en esa infancia y preadolescencia el fútbol era la mejor excusa para olvidar y hacerle oídos sordos a los ruidos de las tripas: “Yo jugaba al fútbol para olvidarme del hambre. No se me iban las ganas, pero al menos me olvidaba por un rato hasta que llegaba la noche. No comíamos en todo el día y a veces aparecía algo a la hora de cenar. Algún vecino cada tanto nos ayudaba”.

En Racing, Roger Martínez debutó de la mano de Luis Zubeldía, el DT que destapó a otros juveniles como Luciano Vietto (29 años), Rodrigo De Paul (29), Ricardo Centurión (30) y Luis Fariña (32). Luisito le pidió un 9 a Radaelli, pero Martínez no podía subir a Primera porque estaba vinculado al fútbol amateur y no figuraba en la nómina de la Superliga. Por eso lo usó en Copa Sudamericana, frente a Lanús.

Fue caída y renuncia del primer DT que había renovado contrato en Racing después de décadas.

El siguiente partido lo dirigió Radaelli y fue titular, pero después vinieron Mostaza, que lo perseguía con la balanza y la puntualidad, y Diego Cocca que nunca lo tuvo en cuenta. Encima, delante suyo estaban Diego Milito y Gustavo Bou que llegó a Racing en condición de libre, sin pretemporada, y con una operación de apendicitis encima. Pero nada de eso importó porque la Pantera explotó en la Academia, la rompió y fue campéon, mientras Roger penaba en Santamarina de Tandil.

Su paso por las ciudad serrana hizo dudar a todos: jugó apenas 9 encuentros y marcó un gol.

El necesita sentirse importante”, aporta Radaelli. Y el que lo vio fue Teté Quiroz, que se llevó a Aldosivi a un jugador con la autoestima por el suelo y le devolvió un crack a la Academia.

Después sí, vino ese 2016 con 7 goles y una asistencia en 15 partidos (10 por Liga y 5 internacionales) y la venta millonaria a China. ¿Qué pasó en Asia? Lo hizo bien: 20 goles y 10 asistencias en 43 partidos y salto a Europa.

Un águila en Lamborghini

Si donde hay una necesidad, hay un derecho, desde que se fue de Racing al fútbol chino, Roger Martínez se dedicó a facturar (firmó por casi 9 millones por temporada) y a darse todos los gustos postergados en sus primeros años en La Campiña. Pero con América de México la relación fue de amor-odio y ahora se reprochan los 25 millones que invirtieron en el colombiano.

¿Cómo se llega a ese número? Las Águilas pagaron 8 millones de dólares por su ficha al Villarreal y el ex Racing embolsó 17 palos gringos en concepto de sueldo (2,1 millones por temporada bajo ese concepto) y bonos por objetivos, a lo largo de un lustro.

En su primera campaña, la 2018-2019, Roger la rompió en el gigante mexicano, fue el futbolista que fueron a buscar. Jugó 44 partidos y convirtió 15 tantos, más cuatro asistencias. Dejó su sello con varios golazos y metió la triple corona: fue campeón en Primera División, de la Copa México y también obtuvo el trofeo «Campeón de Campeones». Después se desinfló.

Al año siguiente metió apenas dos goles, demasiado para el salario básico que había acordado de dos millones cien mil dólares. Entonces, el periodismo de México, que es más que exigente con los argentinos (sino, pregúntenle al Tata Martino y a Diego Cocca), puso la lupa en Roger y en la vida de lujo que le permitía darse el América.

Según contaban en tierras aztecas, vivía “en una mansión de dos millones de dólares, cinco habitaciones, seis baños y un jardín de 80 metros donde descansa el jugador que más dinero ha cobrado en cinco años en el América”, se puede leer en Soy Águila, un sitio partidario del América. También miraban con recelo su colección de autos de lujo: “Desde un Corvette 2022, dos camionetas Range Rover 2022 totalmente tuneadas con unos increíbles wraps….”.

Para colmo, a Roger le gustaba provocar, alimentar el morbo, y tras unas vacaciones en los Estados Unidos, el colombiano se fotografió a bordo de una Lamborghini Urus. También tiene una foto en el frente de su mansión, ostentando tres de sus joyas de alta gama.

También lo acusaban de ir a fiestas, mientras anunciaba la llegada de su pequeño hijo: «Bienvenido mi rey», posteó en 2019.

Roger con su hijo

Roger con su hijo

Pero el conflicto más complicado lo tuvo dos años después: en diciembre de 2021 perdió un juicio y, ADN en mano, debió reconocer a un nene de cinco años en su ciudad natal, Cartagena. 

«El buen hijo vuelve a casa siempre»

En enero de este año, cuando le hicieron un homenaje en las Águilas por sus 150 partidos en el club, la mitad del estadio le dio un tibio aplauso y la otra mitad lo abucheó. ​Con la relación rota con los dirigentes y los hinchas del América, empezó la danza de nombres de los clubes que lo querían. No tardó en sonar en el Inter Miami de Messi, pero esperó una oferta de Europa que nunca llegó.

“¿Y si te llama Román?”. A esa altura, Riquelme, el vice-ídolo de Boca ya le comía el oído a uno de sus jugadores fetiche. “Es un orgullo que me quiera un club tan grande como Boca, es el sueño de cualquier jugador”, concedió Roger en un coqueteo que llevaba meses. Pero unos días después subió una foto entrenando con la camiseta de Racing. Fue el último 19 julio. Y siete días después apareció en la Argentina para firmar con la Academia y regalaba un título: «El buen hijo vuelve a casa siempre«.

Este jueves 10 de agosto se sumó una nueva instantánea a esos flashes que fue el paso de Roger Martínez por Racing y por el fútbol argentino. Fue clave en la clasificación de la Academia a los cuartos de final de la Copa Libertadores, donde enfrentará a Boca. El colombiano fue la bandera de la remontada en Medellín: le hicieron el penal del 1-3 y tuvo un par de chances que le dieron envión al equipo. Y este jueves con el Cilindro a pleno se llevó la primera ovación: abrió el camino de la remontada épica con un cabezazo tras un salto propio de un atleta.

Ahora, mientras esperar el resultado de los estudios de la lesión que lo sacó de la cancha a los 22 minutos del complemento, el desafío de Roger es sostener el rendimiento, y que su regreso al Cilindro no sea sólo otra ráfaga.

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