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Macri y su recuerdo de Menem en plena corrida: tener el dólar fijo para ir a jugar al golf

“¿Y qué dicen los del FMI que hagamos con el dólar? Que lo pongan por escrito y se hagan cargo”, le dijo Mauricio Macri a a sus economistas en plena corrida cambiaria de 2018 cuando el tipo de cambio estaba en $ 40. “Con razón Menem tenía tiempo para jugar al golf”.

La frase de Macri tenía un dejo de añoranza. Su antecesor había estabilizado la economía con un régimen de tipo de cambio fijo. Por ley 1 peso valía un dólar. Macri, en cambio, había optado por un sistema en el que el precio de la divisa se ajustaba por la oferta y la demanda del mercado (tipo de cambio flotante).

Con Macri el dólar pasó de valer $ 20 en abril de 2018 a $ 60 en octubre de 2019. A $ 20 se compraba libre y en un click. A $ 60 con cepo (límite y requisitos).

En el transcurso de ese período Argentina cambió dos presidentes de Banco Central, un ministro de Economía y metió a los economistas del FMI en la sala de máquinas de la macroeconomía local. Los técnicos del organismo tuvieron que ver con sus propios ojos en las pantallas de la mesa del Banco Central cómo el precio del dólar fluctuaba hora a hora en la Argentina. Un experimento natural digno de un paper, algún día.

– En $ 25 no es nivel para intervenir, vemos en $ 28 –, dijo una tarde Christine Lagarde a Macri, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y Federico Sturzenegger. Fue en una llamada grupal en Olivos.

Semanas más tarde, con el acuerdo ya anunciado, Sturzenegger renunció a su cargo. El tipo de cambio seguía escalando.

Para entonces Macri desconfiaba de la estrategia de no intervención en el dólar, una política que había apoyado Sturzenegger, pero que él mismo había alzado como su bandera en la campaña de 2015. Ahora el dólar se había convertido en una pesadilla.

-Sos el único que puede agarrar, Toto. Andá en lugar de Federico-, le dijo Macri a Caputo una noche.

El Presidente y en la Jefatura de Gabinete estaban esperanzados de que la experiencia del Toto en los mercados (ex trader de JP Morgan y Deutsche Bank), resultara efectiva.

“Mauricio, con el nombramiento de Toto compraste el pensamiento mágico”, dijeron otros más críticos. Un cambio de nombres no haría lo que la política fiscal no había hecho: un ajuste de las cuentas públicas para moderar las expectativas.

El FMI se mete en un país. Lagarde solicitó a Caputo una señal de compromiso con lo firmado por Argentina: por ejemplo que mantenía el tipo de cambio flotante. “Desde el minuto uno este gobierno bregó por un dólar flotante”, dijo el presidente del banco a Clarín y La Nación. “La participación del Central en el mercado está supeditada a alguna anomalía o volatilidad”.

Pero si la desconfianza de Macri con el dólar libre había permeado, la de Caputo también. “Así no llegamos a septiembre”, le dijo a Macri.

La conducción económica ingresó entonces en una dinámica con senderos que se bifurcan. Por un lado, un ala del equipo económico pretendió llevar adelante parches, cambios y cuestionamientos al FMI en los canales formales del organismo. Discutió con el staff, la directora ejecutiva y buscó obtener una autorización del Directorio. Por el otro camino, hubo otro grupo que jugó al fleje. Salteó los resortes de la burocracia del Fondo y contactó a la Reserva Federal (Jerome Powell). En el primero estaba Nicolás Dujovne. En el segundo Luis Caputo. Macri, ansioso por cuál de los dos conseguía el resultado más rápido, jugó a dos puntas hasta que el FMI se lo permitió. Arrinconado por la crisis y el organismo (que había aprobado un paquete récord de US$ 57.000 millones), tuvo que optar por los pasos formales y burocráticos del FMI.

“A pesar de la evidencia Macri se resistió a la idea de restaurar controles de cambios”, dicen Marina Dal Poggetto, directora de la consultora económica Eco Go, y Daniel Kerner, director de la consultora de riesgo político Eurasia Group, en su reciente libro Tiempo Perdido, un relato puntilloso y fascinante de la economía y la política en el período 2015-2021. “La eliminación del cepo y la liberalización total de la cuenta capital […] habían sido marca insignia de su gestión y no estaba dispuesto a cederla”.

Cincuenta años atrás, Richard Nixon le preguntó a Paul Volcker qué pensaba sobre dejar flotar el dólar (a la salida de Bretton Woods). El economista le dijo: “Presidente. Esas ideas del tipo de cambio flotante son muy debatidas en los círculos académicos en estos días y es ahí donde deben permanecer”. Nixon no le hizo caso y dejó flotar el tipo de cambio.

“Tiendo a pensar que la Argentina no estaba lista para flotar, concluyó Macri en su libro Primer Tiempo.

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