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Hasta cuándo se puede endurecer el cepo cambiario

¿Se puede seguir apretando aún más el cepo cambiario? ¿Hasta cuándo? Dos preguntas que las autoridades no se animan a responder. Tal vez ni siquiera puedan. Hay que recordar que las nuevas restricciones llegan en un año en el que el Gobierno argentino recibió dos refuerzos de divisas que no estaban en los planes de las autoridades a principios de 2021. Los 4.300 millones de dólares que regaló el Fondo Monetario Internacional y los cerca de 5.000 millones de dólares extra que va a dejar la cosecha agrícola por el salto de los precios de las materias primas.

La fecha bisagra es el domingo 14 de noviembre, cuando se conozcan los números de las elecciones. Si en los días siguientes el Gobierno no da una señal clara de que se aviene a cerrar un acuerdo con el FMI, acompañado por un programa monetario y fiscal razonable, pueden llegar las turbulencias.

Turbulencias que se podrán expresar en una mayor brecha cambiaria, una presión adicional sobre las reservas en dólares y en un rebrote de la inflación.

La salida “virtuosa” -con todo lo que eso implica- sería una devaluación pero con plan, aún tratándose de un plan propuesto por un Gobierno que, a juzgar por el resultado de las PASO y por las primeras encuestas, emergería muy debilitado del test electoral. No solo por los números del escrutinio, sino por el posible recrudecimiento de las diferencias entre los socios de la alianza gobernante, que nadie se ha preocupado por disimular.

Es verdad que mientras tanto se puede seguir restringiendo la venta de dólares a los importadores -como lo anunció el Banco Central el martes- o bajar el cupo mensual de bonos para operar dólar MEP, o estirar de 30 a 60 días la restricción temporal para realizar nuevas operaciones dólar MEP, o empujar a las empresas a una reestructuración de sus deudas, o fijar más barreras para operar el contado con liquidación… Pero además las autoridades dependen de dos variables que son decisivas y están fuera de su alcance. Una es el clima. Los expertos en el mercado agrícola están alertando hace un tiempo de la amenaza del clima seco que podría afectar los rindes de la próxima cosecha gruesa, sobre todo, desde ya de la soja. El segundo factor es la política monetaria de la Reserva Federal de los Estados Unidos. Una suba de tasas, que se espera para 2023, bien podría llegar antes.

Eso sí. Al margen de lo que suceda afuera, ninguna restricción es gratuita en términos de actividad económica, de inversiones, y mucho menos de inflación.

Arrinconar a los que operan en el mercado financiero tratando de dolarizar sus posiciones en pesos, o buscan comprar divisas para anticipar el pago de importaciones son “soluciones” de cortísimo plazo que cada vez rinden menos beneficios. Es muy evidente que el Gobierno deberá aceptar dar un volantazo hacia el lado de la racionalidad después del 14 de noviembre. Con el ingreso de la nueva cosecha seguramente no alcance. 

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