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El camino angosto por el que avanza el Gobierno para “poner más pesos en el bolsillo de la gente

En dos meses el Gobierno podrá comprobar si alguna de las medidas que está cocinando a fuego máximo para servirlas lo antes posible, tuvieron efecto en las urnas. El menú es conocido: se llama“poner plata en el bolsillo de la gente”. El candidato Leandro Santoro agregó un plato extra: “Poner dólares en el Banco Central”.

Los planes (o deseos) oficiales llegan en un momento difícil para realizar ese tipo de apuestas. Con tarifas congeladas, dólar pisado, cepo a la carne y controles de precios, la inflación se mantiene alta. El 2,5% que subió el IPC en agosto viene acompañado por un dato inquietante: la inflación núcleo -la de precios más o menos libres- quedó más arriba y llegó al 3,1%. Además, si los alimentos subieron mucho menos que el promedio, fue por cuestiones estacionales. No es seguro que se mantengan calmos de acá a noviembre.

El riesgo de poner más pesos en la calle lo reconoció tiempo atrás el propio ministro de Economía, Martín Guzmán, cuando le explicó a la tropa propia que la emisión es la principal causa de la inflación. Los pesos extra que se volcarán de acá a noviembre a la calle le podrían poner un poco más de temperatura a los precios, y quién sabe, al dólar blue. Inflación alta y dólar volátil, dos variables que tienen una incidencia central en el bolsillo y en el humor social a la hora de votar.

De hecho, la discusión “IFE sí” o “IFE no” reabrió una grieta dentro del frente gobernante, que por ahora no parece cerrarse. Es la discusión sobre cuántos pesos poner en el bolsillo de la gente. Y además está el efecto más pesos sobre el Banco Central, que deberá emitir más Leliq para absorber esos pesos.

Un punto que, paradójicamente, puede ayudar al Gobierno, se viene escuchando en conversaciones de economistas en estas horas. El triunfo opositor puede ayudar en el corto plazo a enfriar la ansiedad cambiaria. De hecho el lunes post paso el dólar blue bajó unos centavos.

Pero no deja de ser un detalle. Se sabe de sobra que “vísperas electorales” son en épocas de crisis, sinónimo de tensión cambiaria.

El Gobierno seguramente intentará “jugar al fleje” con el helicóptero de los pesos, pero tal vez no tan al fleje. Lo que explica el estrecho desfiladero por que el se ve obligado a avanzar rumbo a las elecciones legislativas. Si pone muchos pesos, hay riesgo de chispazos cambiarios o inflacionarios. Es verdad que el reparto de pesos de hoy se notará dentro de unos meses en términos inflacionarios, aunque tal vez ese tiempo sea más escaso si se mira al dólar.

Por otra parte, si se contiene, se le hará más difícil conseguir los votos que le faltaron el domingo.

Un párrafo aparte para el deseo de Leandro Santoro de poner más dólares en el Banco Central, es decir, agrandar las reservas. Este año, con el boom de precios de la soja, no alcanzó. Con los Derechos Especiales de Giro del FMI (4.300 millones) tampoco. En verdad esos dólares regresarían rápidamente al FMI en forma de pagos de deuda. ¿Qué imaginará Santoro: ¿Más cepo al dólar solidario?, ¿Más cepo a las importaciones?, ¿Más retenciones a las exportaciones? ¿Echar mano a los encajes de los depósitos en dólares?. Tal vez ni él lo sepa.

Todo esto mirando a los próximos dos meses. Pero el Gobierno tiene por delante dos años más hasta llegar a diciembre de 2023. Y a partir del lunes 15 de noviembre, ya con los números puestos en Diputados y Senadores, deberá ver cómo sigue. Si se repiten los resultados del domingo, ese “cómo sigue” podría ser sin quórum propio en el Senado y tal vez como segunda minoría en Diputados. Muy difíciles los próximos dos meses. Muy complicados los próximos dos años.

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