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Estrenos de cine: el regreso del terrorífico Candyman, un thriller intenso con Jason Statham y un drama serbio que vale la pena

Yahya Abdul-Mateen II es el protagonista del film de terror que se relanza con un fuerte mensaje político. Además, el thriller ultraviolento “Justicia Implacable” y la historia de una mujer que busca a su hijo en “Cicatrices”.

“Candyman” regresa como la representación de años de discriminación, horror y sufrimiento de los afroamericanos (Foto: prensa).

Candyman ★★★½

Con más ideas visuales que narrativas, el relanzamiento del cuco Candyman, cuyo nombre mejor no pronunciar, se inscribe con el aporte de Jordan Peele en la línea que une al terror con la violencia racial. El director de ¡Huye! y Nosotros hace del Candyman una catarsis explícita: no es un hombre ni una sola entidad, sino la representación de años de discriminación, horror y sufrimiento de los afroamericanos oprimidos por los blancos. La dirección está en manos de una mujer, Nia da Costa, que escribió, en este su segundo film, el guión junto a Peel y Win Rosenfeld.

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Secuela del inquietante film de culto, de 1992, con Virginia Madsen (cuya voz aparece aquí, como parte de un archivo), este regreso tiene como protagonista a Tony McCoy (el muy bueno Yahya Abdul-Mateen II), un pintor exitoso con la carrera encallada, que parece repetirse a sí mismo hasta que le cuentan la leyenda urbana del fantasma Candyman, con la que se fascina al punto de inspirarle obra nueva. Pero si el temible espectro, que ofrece caramelos con hojas de afeitar, se invocaba por error en el pasado, a McCoy, (y a buena parte de los secundarios) por algún motivo, le parece buena idea invitar a todo el mundo a decir su nombre.

Yahya Abdul-Mateen II, protagonista de esta secuela de un éxito de terror de 1992 (Foto: prensa).

El argumento y las vueltas del guion cumplen la amenaza de ir por caminos no demasiado originales, y más previsibles que sorprendentes. Es una pena, porque, desde los créditos iniciales al revés, en los primeros segundos, la directora ofrece una inventiva que se disfruta y se agradece. Juegos de sombras que refuerzan la idea del cuento que se transmite, el relato de la leyenda; crímenes sangrientos que suceden mudos, en grandes planos generales; uso del fuera de campo, del body horror en plan La Mosca, o una puesta en escena de ideas (políticas) que son tanto más poderosas en la imagen que en las palabras.

Vale como ejemplo Cabrini-Green, el barrio de viviendas sociales de Chicago, ahora abandonado por la codicia de la gentrificación urbana, que lo convertirá en zona de confort para el ABC1. El segmento al que pertenecen los sofisticados protagonistas, McCoy y su pareja marchand. El lugar es un páramo alucinado, para el pintor y el espectador, en el que se percibe la densidad de un pasado oscuro. Pero como si eso no fuera suficiente, ahí está el discurso, la “denuncia” que lo explica. Como si Candyman no se conformara con ser solo una película de terror (como si eso fuera algo menor), sino un vehículo para llevar el mensaje. De todas formas, y a pesar de esa hibridación entre horror y cine político, Da Costa es capaz de decir con sus imágenes, de cargarlas de significado. Y lo que dicen, mientras la historia y sus personajes toma nueva forma, atrapa e interesa.

Justicia Implacable ★★★★

El director británico Guy Ritchie, con una carrera de films que van de lo simpático y original a lo muy olvidable, vuelve a trabajar con el héroe de acción Jason Statham (como en Juegos, trampas y dos armas humeantes, Snatch: cerdos y diamantes y Revolver) en este thriller ultraviolento que, en principio, parece una de asalto. A un camión de transporte de valores. En una secuencia impresionante que va del suspenso y la tensión insoportable al estallido de violencia con las peores consecuencias.

El director británico Guy Ritchie, con una carrera de films que van de lo simpático y original a lo muy olvidable, vuelve a trabajar con el héroe de acción Jason Statham (Foto: prensa).

Después de esa intro, el duro de Statham entra a trabajar en la empresa que maneja esos vehículos blindados. Su rol es proteger, con su vida si hace falta, los miles o millones que transportan ahí adentro hacia distintos puntos de la ciudad de Los Ángeles. Aunque parece claro que su única expresión inamovible esconde una agenda secreta. Quién es realmente, porqué está ahí, qué pasó y —sobre todo—, qué está por pasar, son cuestiones que se dirimen en ese principio, donde todo empieza y termina, y al que Ritchie vuelve una y otra vez.

Con la sequedad de un policial de la vieja escuela, con un héroe solitario que no confía en nadie, esta película basada en Le Convoyeur, con Jean Dujardin, avanza golpe a golpe, tiro a tiro. Con la melancólica convicción de su protagonista, sin desvíos ni subtramas. Acumulando tensión y manteniendo nuestra atención plena durante sus intensas dos horas. Hacia un desenlace consecuente: que prescinde de toda complacencia y no concede a ninguna corrección política.

Con la sequedad de un policial de la vieja escuela, con un héroe solitario que no confía en nadie, esta película basada en Le Convoyeur, con Jean Dujardin, avanza golpe a golpe, tiro a tiro (Foto: prensa).
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Cicatrices ★★★½

Cine serbio. Película sobre una madre que busca a su hijo. En un país víctima de una guerra cruel, en la que las mujeres fueron violadas y los bebés robados al nacer de los hospitales. Cicatrices, segundo film de Miroslav Terzic, lo tenía todo para drama lacrimógeno. Pero esquiva el que quizá era el camino más fácil para narrar esta historia y elige meterse en un retrato psicológico de esa mujer, la costurera Ana, que transita su duelo con las herramientas humanas más universales.

La mujer que perdió a su hijo hace casi dos décadas pero, convencida de que está vivo, parece enfrentarse a todos y a todo, inclusive a su propia obsesión (Foto: prensa).

La mujer que perdió a su hijo hace casi dos décadas pero, convencida de que está vivo, parece enfrentarse a todos y a todo, inclusive a su propia obsesión, que la recorta de sus vínculos. Con un estilo naturalista, directo, Terzic y su protagonista dejan que la intriga crezca y nos atrape. Así como crece al misterio sobre la naturaleza de la verdad y que nos lleva a creer en ella.

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