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Guillermo Barros Schelotto reapareció tras un largo silencio y habló de su ciclo en Boca

Corrido del ruido, a un año del último partido que dirigió en la MLS y a las puertas de cumplir una década como director técnico, Guillermo Barros Schelotto hizo un repaso de su crecimiento profesional en un recorrido que tuvo puntos altos desde el arranque y con experiencias que lo marcaron a fuego.

“En Boca todo lo que se hace se dimensiona por cien. Lo bueno y lo malo. Pero es lo que a mí me gusta. No me pone nervioso salir a una Bombonera llena, o jugar finales o partidos ante rivales clásicos como River, San Lorenzo, Racing, Independiente… Para mí es emocionante; atractivo. Uno quiere llenar su vida con esos momentos”, arrancó el Mellizo cuando su relato hizo foco en la etapa como técnico de Boca.

El análisis de Schelotto fue publicado en el sitio The Coaches Voice, dedicado a plasmar experiencias y análisis de entrenadores en primera persona. Esta vez, el elegido fue el DT argentino, quien eligió a Timoteo Griguol y al uruguayo Gregorio Pérez como sus principales maestros en el fútbol, aunque destacó que lo que vivió en Boca con Carlos Bianchi al frente del equipo fue “único”.

La transición de la cancha al banco fue prácticamente inmediata para el Mellizo, que enseguida se refugió en su hermano Gustavo, quien se había retirado siete años antes y trabajaba como ayudante de campo, y en Ariel Pereyra, otro viejo conocido del inolvidable Gimnasia de mediados de los 90.

“Recuerdo perfectamente mi primer día como entrenador profesional –relata Guillermo- en Lanús. Rumbo al club iba pensando cuál sería el mensaje de presentación a los jugadores, porque muchos de ellos habían sido mis rivales. Eran contemporáneos, pero tenía que darles la imagen de entrenador. Tenía nervios; sumado a la incógnita de saber cómo me iba a sentir. Más allá de la ansiedad, y de que era algo nuevo en mi vida, ese plantel de Lanús me hizo sentir muy cómodo. Les pedía una tarea a los jugadores y ellos la hacían”.


Guillermo Barros Schelotto aceptó con hidalguía la derrota en Madrid. Fue su último partido en Boca. Foto: Marcelo Carroll.

De Lanús se llevó la estrella de la Copa Sudamericana 2013. Y fue en busca de su primera experiencia en el fútbol europeo, en el Palermo de Italia. Un ciclo que se diluyó en solo un mes por problemas burocráticos.

“Desde la UEFA me habían pedido tres años de experiencia para otorgarme la licencia. Yo los tenía. Pero después pasaron a pedir después dos años más de experiencia y la verdad era muy incómodo como entrenador estar en el vestuario porque venía alguien de la Serie A y nos decía que no podíamos estar ahí porque todavía estaba en discusión el tema de la licencia y no se daba. Previo a los partidos no podía estar en el vestuario”, recuerda Schelotto. Y pese a todo afirma: “Esos treinta días fueron una experiencia enorme. Haber trabajado con jugadores como Maresca o jóvenes como Quaison y Vázquez. También desde el lado humano: crecer en la gestión del grupo… Había jugadores 16 nacionalidades diferentes”.

Aunque sin lugar a dudas la estadía en Boca fue la más movilizante. Con su idolatría como futbolista en la espalda, el Mellizo se hizo cargo de un grupo que compitió hasta el final, tanto en el terreno doméstico como el internacional, pero que pese a todo quedará marcado por la histórica final de la Libertadores en Madrid y contra River.


Guillermo Barros Schelotto dejó Los Ángeles Galaxy hace un año y sigue sin club. Foto: Harry How/Getty Images/AFP.

“Fuimos bicampeones del torneo local y llegamos a una semifinal y luego a la final de la Copa Libertadores, pero lo más importante es que tuvimos un plantel en el que potenciamos a todos los jugadores. Todos los que llegaron se fueron; mejoraron su carrera”, destacó Guillermo en The Voice Coaches.

Y puntualizó: “Verlo a Darío Benedetto, Nahitan Nández en Italia, a Lisandro Magallán en Europa, Cristian Pavón con la posibilidad permanente de ir a cualquier equipo, el colombiano Wilmar Barrios en Europa… Todos jugadores que nosotros los formamos y que creímos en ellos, y que los trabajamos porque hicimos algo pensado, porque todo lo que uno haga con inteligencia, con tiempo, con trabajo, no es de hoy para mañana, es a futuro y a futuro sí te da rendimiento. Pero es difícil en el mundo de hoy imponer eso”.

La última escala fue en la MLS, liga que conocía bien por sus cuatro años como jugador del Columbus Crew. “El desarrollo como entrenador en la MLS es mucho más general, pero la pasión con que se vive en Argentina es distinta –remarcó-. Cuando se pierde es lo peor hasta el próximo partido en siete días. En Estados Unidos es más intelectual la derrota. No afecta tanto el trabajo semanal ni el anímico. Fue una experiencia muy buena más allá de los resultados”.

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