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El trágico GP de Fórmula 1 en Austria de 1975: una rueda fatal y el ganador que chocó por festejar

La Fórmula 1 llega a Spielberg para quedarse por un tiempo. En la casa de Red Bull, Max Verstappen intentará mantenerse en la punta del campeonato durante los Grandes Premios de Estiria y Austria para borrar así los últimos recuerdos allí, con los triunfos de Mercedes en 2020. Aunque ningún recuerdo es tan amargo como el de hace 46 años, cuando la tragedia opacó la carrera en el viejo Österreichring.

Niki Lauda dominaba el campeonato, con cuatro victorias y 17 puntos de diferencia con Carlos Reutemann (Brabham), y era el gran candidato a quedarse con ese Gran Premio de Austria, antepenúltima fecha de la temporada. Más aún después de marcar la pole con la Ferrari y ganarle a su archirrival James Hunt por 120 milésimas.

Sin embargo, un accidente enlutó aquel domingo 17 de agosto de 1975 y un auto faltó en la recta principal para la largada. El rookie Mark Donohue, que también era el piloto más veterano de la grilla con 38 años, se preparaba para su 12° prueba en la Fórmula 1 cuando en el warming up lo inesperado ocurrió. Un neumático trasero del March del equipo Penske se reventó a más de 200km/h y el auto número 28 salió disparado hacia las vallas de alambre y unos carteles publicitarios ubicados al costado de la pista próximos a la curva rápida Voest-Hugel.

Como consecuencia del impacto, un comisario de pista ubicado allí murió. Sin embargo, el estadounidense pareció salir ileso: se bajó del auto sin heridas de consideración visibles y el diagnóstico inicial habló de una conmoción cerebral leve. Entonces, el show continuó, aunque sin él entre los protagonistas.

La lluvia torrencial tampoco impidió que la carrera se disputara. Tras una postergación para cambiar los neumáticos, el GP comenzó. Lauda tardó 15 vueltas en perder la posición de privilegio con Hunt (Hesketh), pero fue el March naranja del italiano Vittorio Brambilla -que había adelantado cinco puestos en la largada- el que sorprendió al sobrepasar al británico. También quien se benefició de la decisión de bajar la bandera a cuadros cuando solo se habían disputado 29 de las 54 vueltas.

Al verla, y extasiado por su primer (y único) triunfo en la F1, el Gorila de Monza levantó los brazos, perdió el control del auto 9 y le destrozó el alerón delantero. Aún así, pudo completar la vuelta y llegar a boxes, donde varios equipos pedían el reinicio de la prueba argumentando que la pista se estaba secando y podía reiniciarse la carrera.

Cuentan que Brambilla se tiró sobre el auto y empezó a rezar para que no se relanzara. Sus plegarias sirvieron porque la organización determinó que no podía anularse una bandera a cuadros, aunque sí decidió otorgar la mitad de los puntos. Así fue como el triunfo al italiano le valió solo 4.5 y Lauda no se llevó el punto entero que le habría permitido ganar en ese momento el campeonato, que obtuvo finalmente con 64.5 unidades, 19.5 más que Emerson Fittipaldi.

Más allá de la alegría de Brambilla, la preocupación crecía en Graz, a 70 kilómetros del circuito. Allí había sido trasladado Donohue luego de quejarse de dolores de cabeza y de que su compatriota Mario Andretti (Parnelli) reportara que “iba y volvía del estado de conciencia”. Los estudios que le realizaron revelaron entonces un coágulo en el cerebro que requería una inmediata operación.

Fritz Heppner, jefe del departamento de neurocirugía del Hospital de Graz, advirtió que se había producido un daño irreparable en la parte del cerebro que controla las funciones corporales involuntarias. Mark Donohue nunca se despertó del coma y su muerte fue declarada el martes 19 de agosto.

Según una autopsia preliminar, un poste de apoyo de uno de los carteles publicitarios fue lo que golpeó el casco del campeón de las 500 Millas de Indianápolis en 1972 y le causó la herida mortal. Nueve años después, una investigación presentada en la justicia estadounidense encontró culpable a Goodyear por ocasionar la falla que devino en el accidente fatal y la familia de Donohue fue indemnizada con 12 millones de dólares.

“No llegué a conocer muy bien a mi padre porque falleció cuando yo era chico, pero las carreras me lo han devuelto. Me hizo darme cuenta de que es un honor ser su hijo”, le contó David Donohue a Autoweek en 2018. Aunque solo tenía 8 años cuando su padre murió, heredó su pasión por el automovilismo y en 2009 inscribió su nombre como ganador de las 24 horas de Daytona, igual que su papá.

David podría haber disfrutado mucho más tiempo de Mark si éste no hubiera decidido volver a la actividad tras ocho meses retirado. En 1974, Mark Donohue había dejado el automovilismo para convertirse en presidente de Penske Racing, el equipo de más victorias en la historia de las 500 Millas de Indianápolis y del que él había sido su piloto más exitoso, con 59 triunfos en las categorías locales, y también su ingeniero y mecánico gracias al título obtenido en la Brown University antes de imaginarse arriba del auto.

“No, nunca me preocupé por los peligros de las carreras. Siempre dije que conducir no era realmente una situación peligrosa. El conductor debe aceptar los riesgos involucrados, lo cual hice, y como resultado pasé mi tiempo en el hospital”, dijo en marzo de ese año durante un almuerzo en el que festejaron su trayectoria.

Estaba a cargo del auto que Penske estaba desarrollando para desembarcar en la Fórmula 1 y que sería manejado por Peter Revson, el heredero de la firma de cosméticos Revlon. Pero el multimillonario murió unos días después, el 22 de marzo de 1974, y así nació el regreso de Donohue a las pistas.


Mark Donohue tenía 38 años cuando llegó como piloto oficial a la Fórmula 1. Pero murió durante el Gran Premio de Austria en su primera temporada. Foto: AFP

En su cabeza todavía retumbaba la voz de Jackie Stewart aquel fin de semana de septiembre de 1971 cuando el estadounidense -respaldado siempre por Penske- corrió el GP de Canadá y terminó tercero. “Bienvenido a las grandes ligas”, le dijo en broma el escocés. Cuatro años después, finalmente, el estadounidense cumpliría su sueño de ser uno de los pilotos estables de la Fórmula 1.

“Era mi socio original en las carreras. Piense en los campeonatos que ganamos juntos, la primera victoria de Indy 500 para el equipo, tres campeonatos Trans-Am. Ganó muchas carreras para nosotros y el primer campeonato IROC con Porsche. Nos dio mucha credibilidad y fue la piedra angular de nuestras carreras. También nos dio nuestra primera victoria en NASCAR. Podía conducir un automóvil en la carrera de 24 horas en Daytona, un Trans-Am Car, un Indy y un NASCAR”, lo recordó su amigo Roger Penske.

La quinta posición en el GP de Gran Bretaña de 1975 fue la mejor ubicación de Donohue y la que le dio al Penske Team sus únicos dos puntos en esa temporada. Ya sin su piloto estrella, su excursión como equipo en la Fórmula 1 se prolongó hasta 1977.

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