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Propiedad privada: en la Iglesia dicen que no hay que relacionar todo lo que dice el Papa Francisco con Argentina

Ante las críticas que recibió esta semana el Papa, la cúpula del Episcopado en el país desistió de salir a aclarar que Francisco de ninguna manera está en contra de la propiedad privada, aunque la considere “un derecho secundario”, en línea con la posición tradicional de la Iglesia.

No podemos estar explicando cada cosa que dice, sobre todo porque la grieta que divide a la política lleva a posiciones irreductibles que determinan que todo intento de clarificación sea inconducente”, dijo un vocero.

No obstante, se reconocía lo desafortunado que fue esta vez el hecho de que los conceptos del Papa hayan coincidido con un cuestionamiento del Presidente de la Nación al derecho a la herencia en el caso de tierras improductivas y con una polémica ordenanza del Concejo Deliberante de Avellaneda, que abre el camino para la confiscación de terrenos con morosidad impositiva.

“Pero de allí a pensar que Francisco dijo lo que dijo para apoyar esas posturas es un disparate”, señaló la fuente.

Debemos dejar de ser tan autorreferenciales, de creer que cada cosa que dice o hace Francisco está relacionada con la Argentina y aceptar de una buena vez que ya no es el arzobispo de Buenos Aires, sino que es el Papa y su territorio es el mundo”, dijo esta semana el titular de la cátedra de Doctrina Social de la UCA, el profesor Pablo Blanco.

“¿O acaso cada vez que pronuncia conceptos de la Doctrina Social de la iglesia debe tener en cuenta episodios de su país?”, se preguntó.

En rigor, el concepto de Francisco formó parte de un mensaje a la Conferencia Internacional del Trabajo que sesiona por estos días en Ginebra. Y que ya había expresado en su encíclica social, Fratelli Tutti, que difundió el año pasado. en la que también reivindica el derecho a la propiedad “en el sentido positivo: cuido y cultivo algo que poseo, de manera que pueda ser un aporte al bien de todos”, y reconoce el papel de los empresarios en la generación de riqueza.

El profesor Blanco explicó a Clarín que la posición de la Iglesia sobre la propiedad privada fue fijada hace 130 años por el Papa León XIII en su encíclica Rerum Norarum (1891) con la que comenzó a desarrollarse la Doctrina Social y que también fue criticado. Señaló que otros papas siguieron en esa línea como Juan Pablo II que en su encíclica Solicitudo Rei Socialis (1987) dice que sobre toda propiedad privada “grava una hipoteca social”.

“Que el derecho de propiedad sea secundario significa en primer lugar que es un derecho subordinado a una finalidad superior que es el goce de los bienes y oportunidades por parte de todos los hombres, lo cual es reconocido por el principio del destino universal de los bienes”, dice Blanco. Pero aclara que “eso no quiere decir que el derecho a la propiedad deba ser abolido o implique abogar por su colectivización”.

Trae a colación, además, el Catecismo de la Iglesia, que dice en su última versión (1992) que “el derecho a la propiedad privada, adquirida o recibida de modo justo, no anula la donación original de la tierra al conjunto de la humanidad. El destino universal de los bienes continúa siendo primordial, aunque la promoción del bien común exija el respeto de la propiedad privada, de su derecho y de su ejercicio”.

El arzobispo de La Plata, Víctor Manuel Fernández, muy cercano al Papa, acaba de ejemplificar en una columna en Infobae la “función social” que la Iglesia le otorga a la propiedad privada y que la lleva a considerar como un derecho secundario: “Es evidente -escribió- que alguien, por más que posea la escritura de una propiedad, no la puede utilizar para acumular residuos tóxicos porque debe cuidar el planeta que es de todos”.

Monseñor Fernández sumó otros ejemplos: “Nadie sostiene que pueda acrecentar y acumular sus bienes sin pagar impuestos y sin aportar al bien común, porque además de propietario es ciudadano”, afirma.

Tampoco significa que pueda matar a tiros a cualquiera que entre sin permiso porque el derecho humano a la vida es superior”, señala. Y termina preguntándose: “¿por qué tanto revuelo por algo obvio?”.

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