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Máxima tensión y reproches entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández por el papel de Martín Guzmán en el Gobierno

De golpe alzó la voz y le habría recordado a su interlocutor que los votos los puso ella. Empezaba a desatarse la furia de la vicepresidenta en un diálogo por teléfono con el presidente Alberto Fernández. Habrían discutido a los gritos. Lo último que habría escuchado el Jefe de Estado fue un insulto lanzado al aire. Ella le habría cortado abruptamente la comunicación.

El viernes 30 de abril, a las 12 del mediodía, los Fernández habrían empezado a debatir lo que ella considerada era una inaceptable falta de lealtad del ministro de Economía, Martín Guzmán. El funcionario le había pedido la renuncia al subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, militante de la agrupación La Cámpora, que lidera su hijo, el jefe de bloque de los diputados peronista, Máximo Kirchner. La información no fue comunicada de modo formal, sino que se hizo trascender a los medios.

Eso enfureció más a la vice. “¡No podemos enterarnos por los periodistas que va a echar a Federico, Alberto! ¡Pero éste Guzmán quién se cree que es!”, habría dicho. El mandatario habría replicado algunas de las críticas de la vice, pero la mayoría de esos intentos de conciliación fracasaron.

Fue la propia vice la que impulsó la resistencia de Basualdo a Guzmán, que no dejó su cargo.

Y también fue ella la que le transmitió al gobernador de Buenos Aires, Axel Kicilloff, que debía sentar posición sobre esta crisis del oficialismo en favor de Basualdo.

Ni bien empezó el escándalo público por cómo estaba trabajando Guzmán, fueron varios los funcionarios que filtraron que Basualdo dejaría su puesto.

No fue lo que pasó.

La idea de Guzmán era que debía aliviarse el déficit fiscal rebajando los subsidios multimillonarios que el Estado le paga a las empresas de servicios públicos para que mantengan las tarifas de sus clientes sin subas que afecten esas finanzas domésticas.

La idea de Guzmán era anunciar que habría al menos dos aumentos a la luz durante este año, tal como lo había anticipado por radio.

La vice aceptaba solo uno y por debajo un dígito.

Ella demostró su poder real, su liderazgo en el Frente de Todos, con un plan de acción que terminó de pasar por encima al plan pensado por Guzmán, que tenía el apoyo original del Presidente.

En sus conversaciones frenéticas, Fernández (Cristina) le recordó a Fernández (Alberto) que Basualdo era un militante kirchnerista y que no iba a dejar que se vaya por una operación mediática.

Y le habría repetido a Fernández que su sector quería el congelamiento de las tarifas de los servicios públicos. Y que ahora Guzmán quería aumentar la luz y el gas. Le habría reiterado que ella veía eso muy mal.

La vice habría seguido en ese diálogo su hilo argumental en tono cada vez más ardoroso pidiendo que no hable más del FMI.

Clarín logró reconstruir parte de las conversaciones de los Fernández en base a fuentes que conocen parte de intimidad de ambos. Las escenas y los diálogos fueron también chequeados con otros dirigentes del oficialismo.

Las divisiones internas suelen ser motivo de filtraciones desde una facción que considera rival a la otra. Y viceversa.

Según fuentes del oficialismo, tanto del Gabinete como del ámbito legislativo, y también de la diplomacia, la vice terminó de soltar su cólera sobre Guzmán después de acumular información que le provocó sospechas. La crisis excede al “caso Basualdo”.

Todo habría comenzado el 19 de abril, con margen de error de dos días para atrás en el calendario.

Guzmán encabezaba una visita a Rusia para involucrarse en el envío de más vacunas Sputnik V para la Argentina, pero también para negociar con el régimen de Vladimir Putin el apoyo de la posición de la Argentina en su programa de pagos de la deuda con el FMI.

Las primeras alertas que alteraron a la vicepresidenta les habrían llegado de parte del embajador argentino en Moscú, Eduardo Zuain.

Él le habría informado al instante que en al menos dos de las reuniones más importantes que Guzmán mantuvo con las autoridades rusas no dejó que Zuain estuviera presente en esos encuentros. Y más aun: según la versión del “cristinismo”, tampoco habría permitido que los intérpretes de ruso de la embajada de Zuain fueran quienes ayudaran a entenderse al ministros con los funcionarios de Putin.

Fuentes calificadas del oficialismo afirmaron a Clarín que la vicepresidenta está convencida que Guzmán rechaza la idea de la familia Kirchner de que el FMI modifique su reglamento para extender los abonos de la deuda que el país le debe al organismo internacional más allá de los diez años que determinan sus normas internas.

Cristina estaría convencida que no lo dejó entrar a Zuain a dos reuniones tan importantes porque iba a explicar allí su posición sobre el acuerdo con el FMI.

Y entonces, antes la desmentida del Presidente sobre la sospecha de la actitud de su ministro de Economía, ella se habría enojado aun más y habría advertido al Presidente que si el ministro de Economía hacía alguna otra operación de prensa, ella saldría a decir que Guzmán era un delegado del FMI en Argentina, algo que el kirchnerismo está diciendo abiertamente.

Pero tal vez ahora tomen otro sentido las palabras de probables voceros informales de su pensamiento, como lo que dijo al respecto el director del Banco Nación, el economista Claudio Lozano: “Su error está en la articulación férrea con el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ciertamente no es adecuada para la recuperación económica de la Argentina”. Fue en una entrevista a los medios que el economista dio el lunes pasado.

Este sábado, el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, criticado por Fernández (Cristina) en sus charlas con el Presidente, dijo que uno de los motivos de los desacuerdos internos por el esquema tarifario fue que las discusiones internas por Basualdo trascendieron a los medios.

Argumentos que en la Quinta de Olivos habían sido escuchados a través del teléfono rojo al que llama la vice.

Siempre de acuerdo a las mismas fuentes consultadas por Clarín, pero también de acuerdo a lo dicho por dirigentes afines a La Cámpora, fue la vice la que después de pelear con Fernández por Guzmán le comunicó a su hijo, el diputado Kirchner, que Basualdo no debía renunciar.

También se ocupó, el mismo viernes de la discordia con el Jefe de Estado, de explicarle al gobernador bonaerense, y también ex ministro de Economía de la última gestión de la hoy vice, Kiciloff, que tenía que hablar en público al respecto.

Clarín reconstruyó que ella le pidió al mandatario de Buenos Aires, crítico feroz del “plan” de Guzmán, que “no hay que maximizar la interna con Guzmán”, y habría dicho también que convendría que defienda que “las tarifas de los servicios públicos no debían subir dos veces en un año” porque “las empresas eléctricas fueron muy beneficiadas y los habitantes de Buenos Aires no pueden seguir pagando más aumentos“.

Kiciloff cumplió. Sin que le preguntaran sobre el tema, durante una entrevista radial, soltó de golpe que Basualdo había sido un “excelente funcionario durante su gestión en Economía”, y que estaba convencido de que “si se habla de un aumento, no puede superar al que se estableció del 9%, esa discusión ya está saldada. Aumentos mayores, con los bolsillos flacos, con momentos de pandemia, es muy difícil pensar”.

El asedio K a Guzmán siguió en el Senado, dominio de la vice.

El senador K Oscar Parrilli presentó un proyecto de declaración para que los 4300 millones de dólares que el FMI enviará a la Argentina como pago extra debido a la pandemia sean usados para “combatir la pobreza” y no para “pagar la deuda con el FMI”.

Guzmán había anunciado que ese dinero debía utilizarse para bajar el monto de lo que se le debe al FMI.

La crisis en el Frente de Todos, en la que se terminó imponiendo la vice, que pasa por su peor momento con el Presidente, provocó un acto armado de urgencia en el que los líderes de la coalición de Gobierno, incluidos los dos Fernández, Kiciloff y el titular de Diputados, Sergio Massa, se mostraron juntos en Ensenada.

Ella no habló.

Fue un gesto demasiado llamativo.

Pero tal vez prudente de su parte.

Se conoce ahora parte de lo que pensaría y por ahora calla.

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